viernes, 10 de febrero de 2017

TAPONES PARA LA PALABRA DE DIOS


En la celebración del bautismo, hay un momento, opcional, llamado "effetá" (como el "ábrete" del Evangelio de hoy (Marcos 7.31-37) cuando el Señor "abre la boca y los oídos de un sordomudo"), el sacerdote toca simbólicamente los oídos y la boca del niño diciendo:

El Señor Jesús que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos, te conceda, a su tiempo, escuchar su palabra y profesar la fe, para alabanza y gloria de Dios Padre. Amén.

Aunque, como hemos dicho, pese a su brevedad, es opcional, es un gesto lleno de significado. A un Dios que se nos ha hecho Palabra, e incluso Palabra encarnada, hay que escucharle y hay que responderle. La apertura de los oídos significa obediencia, aquí os citaré un texto muy querido para mí, que marca mi discernimiento vocacional “habla, Señor, que tu siervo escucha” (1 Samuel 3,10), y la de los labios designa confianza “inclina, Señor, el oído y escúchame” (Salmo 86,1). De esta forma, el recién bautizado, ya hijo de Dios, se dispone a vivir en comunión con su Palabra, pronunciada y escuchada.


Bien mirado este gesto, se me antoja, no debería ser opcional, debería ser obligatorio, total no supone nada en tiempo, y así, quizás tomaríamos mayor conciencia, supongo, al explicarnos los ritos bautismales ¡mira, en Pascua podríamos hacerlo también, al renovar las promesas del bautismo!, de la importancia de la Palabra de Dios en nuestra vida, para que no sea algo que "nos entra por un oído y por otro nos sale" Propongo un rito nuevo, que tras la proclamación del Evangelio no pongan unos tapones en los oídos, y se suprima la homilía, al menos pasaríamos veinte minutos reteniendo la Palabra, sin darle tiempo a que se escape "por el otro oído" en nuestra cabeza, como una bolita dando vueltas, a ver si lográbamos retenerla... ¡A que no estaría mal! ¡A ver si el Cardenal SARAH, en vez de proponer ritos antiguos, como volver a decir la misa de espaldas al pueblo, se interesa más por la eficacia de la Palabra de Dios en el Pueblo y me copia la idea! 

Antes dijimos que la importancia de abrir nuestros oídos se debe a que "Dios se nos ha hecho Palabra, e incluso Palabra encarnada", curiosamente esto me hace acordarme de otra cosa, todos hemos escuchado el relato de la Anunciación, que es lo mismo que el momento de la Encarnación, cuando MARÍA arguye "¿cómo será esto, puesto que no conozco varón?" y el ángel le responde "el Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra", sobre el cómo, ciertamente es un misterio, pero los santos Padres siempre enseñaron que MARÍA concibió, precisamente, por su capacidad de oír la Palabra de Dios y acogerla en sí, más acogida no cabía que engendrarla literalmente; así en el Siglo IV ATANASIO de ALEJANDRÍA escribe: "¡Ven a contemplar esta maravilla: la mujer concibe al oír sus oídos!" EFRAÍN de SIRIA añade: "Como el Arbusto Ardiente de Horeb (en el Monte Sinaí) que llevaba a Dios en el corazón de las llamas, así María trajo a Cristo pese a su virginidad: a través de su oído entró y habitó secretamente en su vientre el Verbo Divino del Padre". En la temprana iconografía de la Anunciación, tanto en el arte oriental como en el occidental, se representaba a menudo al Espíritu Santo descendiendo de lo alto hacia el oído de MARÍA guiado por un haz de luz. Ejemplos dignos de mención se pueden encontrar en los mosaicos tanto de la catedral de MONREALE como en la iglesia de MARTORANA, en SICILIA.

Nunca lograremos acoger la Palabra de Dios con la sencillez, disponibilidad absoluta "he aquí la esclava del Señor" que MARÍA, hasta darle vida literalmente, pero todos podemos dejarnos preñar por la Palabra de Dios, para que dé fruto en nosotros, demostrado queda: ¡Nos basta con abrir los oídos! y después de escucharla, los que pronto se dispersan con otras cosas "el que oye la palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la palabra, y queda sin fruto" (Mateo 13,23), ya sabéis ¡qué se pongan tapones mientras tanto!