viernes, 3 de febrero de 2017

SIEMPRE HAY ALGUIEN DANZANDO
A NUESTRO ALREDEDOR
¡RECLAMANDO NUESTRA CABEZA!


Será porque uno ya tiene una edad, o porque mi niñez ha estado repleta de las mismas referencias que muchos de vosotros, que cuando he leído el Evangelio de hoy (Marcos 5,14-29) me he acordado de la REINA DE CORAZONES de ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS, seguramente por su obsesión de resolverlo todo al grito de "¡Qué le corten la cabeza!":


Y demoledora la frase de la REINA DE CORAZONES "¡La sentencia es primero, el juicio después!... ¡Qué le corten la cabeza!", pues tiene mucho que ver con el Evangelio de hoy, porque aquí hay mucho desfile de cabezas: HERODÍAS que le dice a su hija que pida "la cabeza de JUAN BAUTISTA", la joven que transmite el mensaje al rey HERODES "Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de JUAN EL BAUTISTA" y finalmente el rey, muy a su pesar -el rey se puso muy triste, ya sabemos por qué, quería matarlo, pero no podía, porque HERODES respetaba a JUAN- "mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan", y es que al final, pese al reparo del rey, fuera por él mismo, o por el pueblo, que tenía a JUAN por un gran profeta, al final todo ello se le olvida, hasta la más mínima noción de justicia por algo tan antiguo para la humanidad, y perdonadme la ordinariez, pero ya sabéis cuán amante soy del refranero "al final, tiran más dos tetas, que dos carretas" ¡Un motivo absurdo donde los haya!

Pero es que nuestros enemigos no es que necesiten muchos argumentos sólidos en lo que se refiere a "eliminarnos", porque todos tenemos muchos danzarines a nuestro alrededor reclamando nuestra cabeza... ¡las personas normales no tenemos enemigos! me diréis, y puede que con razón: Enemigos puede tener un narcotraficante, enemigos puede tener un político importante o un juez relevante, un personaje público... ¿pero, nosotros? 


Pues sí, las personas normales podemos tener enemigos danzando a nuestro alrededor reclamando nuestra cabeza... podemos tener danzarines a nuestro alrededor en el trabajo, deseando nuestro tropiezo, para quedarse con nuestro puesto de trabajo, no digo que nos despidan, directamente, pero sí a lo mejor nuestro puesto, nuestro salario, el mérito de nuestro trabajo... podemos tener danzarines a nuestro alrededor en la comunidad de vecinos, deseando que sea nuestro perro el que ladre ¡no los demás, perros del bloque, el nuestro! para dar la voz de alarma al resto de los vecinos y decir que molestan; o que sea nuestra lavadora la que se estropee y tire agua por el ojo patio para quejarse al resto de los vecinos... podemos tener danzarines a nuestro alrededor en las familias, porque quizás interesa, en un momento dado, que ante otras situaciones familiares que hay que disimular ¿se está divorciando tu hermano? es mejor recordar que tú no estuviste presente en la cena de nochebuena y desviar la atención de la tensión familiar... podemos tener danzarines a nuestro alrededor en la parroquia porque interesa ganar puestos en torno al párroco y empiezan a circular rumores sobre uno sin saber muy bien por qué, porque te quieren mover la silla o sacar de la foto...


Reconozcámoslo, a poco que miremos a nuestro alrededor, seguro que encontramos algún danzarín reclamando nuestra cabeza, seguramente serán -como muy bien definió una persona, tristemente ya fallecida, de nuestro entorno, con estas sabias palabras "los grises", diciendo "los grises gustan rodearse de gente aún más mediocre que ellos, porque tienen miedo de que la luz de otros les haga sombra". Pero no debemos desalentarnos por ello, porque si somos hijos de la luz sabemos que es nuestro mérito, nuestra coherencia y nuestra valía la que nos salvan, ante el único que lo merece, que es Dios "pues tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará" (Mateo 6,18), aunque puede que no ante los hombres, eso fue precisamente lo que le sucedió a JUAN EL BAUTISTA, en una corte de grises, en la que nadie se atrevía, por miedo, a denunciar su pecado al Rey HERODES, sólo JUAN BAUTISTA se atreve a ser esta luz que hace desaparecer las falsedades "Juan le decía que no le era lícito tener a la mujer de su hermano".

Por tanto, con enemigos o sin ellos, por favor, no seamos nunca seres "grises", brillemos cada uno con luz propia, la nuestra, aunque no nos entiendan.