domingo, 5 de febrero de 2017

SI LA SAL SE VUELVE SOSA...


Nos dice el Señor en el Evangelio de hoy (Mateo 5,13-16) "Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente", y es que el Señor con esta sencilla metáfora, estaba diciendo mucho:

¡En un determinado momento y lugar la sal era una sustancia muy valiosa! La sal condujo economías, abrió rutas comerciales y creó tratados de cooperación entre naciones, a la inversa también provocó guerras amargas. La sal siempre ha sido uno de los productos más apreciados, porque resultaba esencial para la vida y para la conservación de los alimentos. A los soldados romanos se les pagaba un subsidio para comprar sal, el origen de nuestra palabra "salario". Antes que el oro, se solía decir que "una persona que vale su peso en sal es eficiente, capaz y digna de confianza".

En el Libro de las Crónicas de a Biblia leemos "¿Acaso no sabéis que el Señor, Dios de Israel, con pacto de sal concedió a David y a sus descendientes el trono de Israel para siempre?" (2 Crónicas 13,5), por "pacto de sal" en la mentalidad oriental, en la que tanto prima la hospitalidad, y es casi un deber sagrado, comer con sal con alguien era aceptar su hospitalidad y desde entonces se quedaba uno como obligado a velar por los intereses de su anfitrión. Los niños recién nacidos en la antigüedad también se frotaban con sal para protegerlos contra las fuerzas del mal, y poner un poco de sal en la lengua del niño era uno de los gestos del bautismo cristiano, antes de la reforma litúrgica.

De esta manera no nos es difícil entender que el Señor dijera "vosotros sois la sal de la tierra", teniendo en cuenta lo que hemos visto, se entiende que es un gran cumplido hacia nosotros, pues grande es el valor de la sal, lo que se nos escapa es pensar "que la sal se vuelva sosa"  y ello es porque desconocemos cómo se obtenía y conservaba la sal en tiempos de Jesús:

La única fuente salina de sal eran las salinas en las márgenes del MAR MUERTO, cuya concentración de sales tan grande que ningún ser vivo puede vivir en tales aguas, de ahí el nombre, a la par que la densidad del agua, por la sal, es tal, que se flota en ella sin esfuerzo alguno ¡es literalmente imposible!, esta sal, en las viviendas, se guardaba en grandes vasijas de barro, directamente en el suelo de las cocinas, y se iba tomando la cantidad que se necesitaba, sin embargo al ser el recipiente de barro, al humedecer el suelo de las cocinas, fregando, la porosidad del barro metía la humedad en el fondo de la vasija, restando salinidad a esa parte del fondo, por lo que a la hora de usar esa sal ya había perdido su sabor, y entonces se tiraba a la calle "tirarla fuera y que la pise la gente", y era el momento de comprar más sal y rellenar de nuevo la vasija.

Deberíamos reflexionar -llegados a este punto- deberíamos pensar "cuán porosos somos" como esas vasijas, para que la humedad de todo lo mundano vaya penetrando en nosotros, hasta el punto de hacernos perder "el punto de sal", es decir, Dios mismo que debería ser la chispa que anima nuestra existencia. Hasta qué punto mis comentarios, mi testimonio, mis palabras de Dios son ya tan insípidas que son incapaces de hacer que nadie "guste de la Palabra de Dios".


Muchas veces se utiliza esta expresión del Señor "vosotros sois la sal del mundo, vosotros sois la luz del mundo" para invitarnos a mejorar, a ser más testimoniales en nuestro anuncio del Señor, pero no debemos olvidar que el Señor, en el Evangelio no se refiere a nosotros, individualmente considerados, pues el Evangelio dice claramente "vosotros" VOSOTROS como una comunidad sois la sal de la tierra y la luz del mundo. El Señor tenía en mente una comunidad, que demostraría al mundo que hay una manera diferente de vivir el Sermón de la Montaña, que es posible vivir en la fraternidad del Reino, en la forma de resolver sus diferencias, en la forma en que son fieles a la Palabra del Señor, en la forma en que son personas con integridad, haciendo lo que dicen que van a hacer, de la manera que no se vengan de sus enemigos y se aman a pesar de sus diferencias.

Sin embargo tampoco podemos caer en el extremo contrario ¡sobre dimensionar la fe! Porque no debemos olvidar que somos humanos, y débiles, y pecadores, si nos quedamos en la visión ideal de las comunidades y luego asistimos a sus fragilidades humanas, igual podemos perder la fe, por exceso de expectativas, curiosamente, sucede lo mismo con la sal: En nuestra alimentación actual, de muchos platos preparados y comida rápida tomamos demasiada sal, y con frecuencia se convierte en "la enemiga pública número uno" a evitar en cuanto tenemos los primeros problemas de salud, tal vez eso forme parte también, a modo de advertencia, de la metáfora usada por el Señor, así demasiada sal puede ser también una cosa mala, para la salud, por supuesto, pero también puede arruinar el sabor de una comida. Por eso tampoco podemos ser de extremos, ni excesivos, cuando se trata de servir a los hermanos, de intentar anunciarles la Palabra de Dios, pues podemos arruinar el resultado. Y es que sólo se necesita una pequeña cantidad de sal para cambiar el sabor de una situación y nuestra luz puede brillar aunque sólo sea por unos pocos. Además, la sal causa sed, lo que nos ayuda a seguir reflexionando, el Señor dijo "Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba", por eso seamos como la sal, sembremos en nuestros hermanos la pizca de sal suficiente, para que tengan sed de Dios, ganas de seguir encontrando al Señor, motivándolos para ser ellos mismos los que acudan al Señor.

La sal derrite el hielo en las carreteras: Consideremos que también lo puede descongelar los corazones más endurecidos. Porque el Señor nos muestra que hay una manera diferente de vivir.  En un mundo que tan a menudo se caracteriza por el rencor, la amargura, la falta de perdón, la venganza, la infidelidad, la mentira, el odio... El Señor nos llama a vivir de una forma diferente; vivir juntos, como hermanos, y vivir de una manera tal que los demás que no entienden, puedan ver que hay una manera diferente, en efecto, de vivir. ¿Podemos ser la sal de Cristo, preservando su palabra, siendo conciliadores, añadiendo sabor, dando sentido a las situaciones de la vida que carecen de él, dando esperanza donde no hay esperanza, reforzar la dignidad y el carácter sagrado de la vida humana allá donde se desprecia, cualquiera que sea la forma?

ORACIÓN

Ayúdame Señor a buscar la belleza, 
la gracia, la verdad y la justicia 
y dejar que tu luz brille 
a través de la oscuridad 
de la vida de las personas. 
Ayúdame Señor a mantener fresco,
sazonado, incorrupto, 
en mi vida y en las vidas de las personas que conozco
toda la fuerza del Evangelio. 
Si de alguna manera puedo ser 
como una ciudad sobre una colina 
y una luz sobre el candelero: 
Concédeme, Señor, ser para los demás, 
no sólo en lo que digo, sino también en lo que hago,
la luz que irradie tu amor 
de tal manera 
que los demás puedan ver con claridad.