domingo, 26 de febrero de 2017

¡NOS JOROBÓ LA PROVIDENCIA!
¡ESTA NOCHE CENAMOS POESÍA!


No estéis agobiados por vuestra vida pensando qué vais a comer, 
ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir. 
¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? 
Mirad los pájaros del cielo: no siembran ni siegan, ni almacenan 
y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. 
¿No valéis vosotros más que ellos?
¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, 
podrá añadir una hora al tiempo de su vida?
¿Por qué os agobiáis por el vestido? 
Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. 
Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, 
estaba vestido como uno de ellos. 
Pues si a la hierba, que hoy está en el campo 
y mañana se arroja al horno, Dios la viste así, 
¿no hará mucho más por vosotros, gante de poca fe?

(Mateo 6,24-34)



¡Ah, la Providencia! ¡Qué concepto tan manipulado! Sirve para "adornar la vida de los santos" que, en cuanto tenían un problema,  todas sus biografías nos dicen que se ponían a orar y ¡Voilà, asunto arreglado!, esto entonces desdice mucho de nosotros, aparentemente, cuando pasamos necesidad y vemos que el Señor no nos socorre, ni nos ampara, entonces creemos que nuestra fe no es suficiente, con lo cual, ante la frustración, todo puede ser que nuestra fe, lejos de crecer por la Providencia, aún más, se vaya a pique.

Lo anterior queda salvado por aquellos que vienen siempre en auxilio de la Providencia divina, ¡dale una patada a una piedra y encontrarás debajo de ella a cientos de apologetas!, que vendrán corriendo a regañarte diciendo que la la Providencia de Dios se refleja en la solidaridad humana, si aparentemente parece que Dios no interviene en el mundo ¿no será por nuestra insolidaridad, que desdibujamos con nuestro egoísmo la imagen de un Dios Padre, bueno y providente? Evidentemente, si un sin techo pide a la puerta de tu casa, y conmovido, subes, le haces un bocadillo, con una pieza de fruta y un refresco y se lo bajas ¡claro que sí, Dios ha sido providente con esa persona! Pero ¿cuántas personas pasaron de largo hasta que tú tuviste sentimientos de misericordia con esa persona? Peor aún, y cuando uno es el que tiene cualquier tipo de necesidad... ¿A cuántas puertas toca encontrándolas cerradas? ¿cuánto se espera en la Providencia sin que aparentemente suceda nada? Si pensamos la Providencia en términos de caridad, y viendo lo descompensada que está la balanza, uno se siente tentado de pensar que "la caridad bien entendida comienza por uno mismo".

Quizás la verdadera Providencia no consista tanto en satisfacer nuestras necesidades sino en desembarazarnos de ellas, basta con echar un vistazo por encima, en nuestras casas, en nuestros armarios,en nuestras neveras... ¿Cuántas cosas tienes que no usas, las compraste por una moda, las usaste un par de veces, y ahí siguen? Lo mismo podrímos decir de la ropa ¿Y la comida? Dicen que un alimento caducado "aún se puede comer si no está malo", las fechas de caducidad -dicen-son orientativas, pero ya es sintomático que algo nos caduque en la nevera, o no lo necesitabas realmente, pues no te lo has comido, o compraste de más de lo que necesitabas. Los santos verdaderamente providentes, que así lo han entendido, que lo importante, la única necesidad cierta es "buscar primero la justicia de Dios y su reino", lo saben bien, como Santa CLARA de ASÍS, que escribe a Santa INÉS de PRAGA la siguiente carta:

Creo firmemente que vos sabíais que el Señor no da ni promete el reino de los cielos sino a los pobres, porque cuando se ama una cosa temporal, se pierde el fruto de la caridad. No se puede servir a Dios y al dinero, porque o se ama a uno y se aborrece al otro, o se servirá a uno y se despreciará al otro; y que un hombre vestido no puede luchar con otro desnudo, porque es más pronto derribado al suelo el que tiene de donde ser asido; y que no se puede permanecer glorioso en el siglo y luego reinar allá con Cristo; y que antes podrá pasar un camello por el ojo de una aguja, que subir un rico al reino de los cielos. Por eso vos os habéis despojado de los vestidos, esto es, de las riquezas temporales, a fin de evitar absolutamente sucumbir en el combate, para que podáis entrar en el reino de los cielos por el camino estrecho y la puerta angosta.



En otro comentario al Evangelio de hoy, en internet, he leído que nos hace falta la poesía del Evangelio, esa sencillez de los lirios y las aves del cielo, para no agobiarnos absurdamente, al mundo le hace falta esa poesía que alimente el alma, no sólo el cuerpo, y que tan precisa nos es, para por fugaces momentos en la vida, detenernos y contemplar, que es tanto como rezar. Y cita unos breves versos de GLORIA FUERTES (de la que no sabía que es el Centenario de su nacimiento 1917-2017) que dicen así:


El albañil llego de su jornada
con su jornal enclenque y con sus puntos.
Bajaron a la tienda a por harina,
hicieron una gachas con tocino,
pusieronlo a enfriar en la ventana,
la cazuela se cayó al patio.
El obrero refunfuñó:
¡Como Gloria se entere,
esta noche cenamos Poesía!