jueves, 9 de febrero de 2017

MENDIGUEMOS LAS MIGAJAS QUE CAEN DE LA MESA...


Será porque es Jueves, la verdad es que el Evangelio de hoy (Marcos 7,24-30), hoy quiero leerlo en clave eucarística, aunque lo más fácil, por ser lo más evidente, es fijarse en la fe de la mujer siro-fenicia, como anticipo arquetípico de que la Buena Nueva del Evangelio ya no quedaba reducida "a los hijos de ISRAEL" sino también a los paganos, no judíos, que en adelante, creyeran en el Señor, quien también dijo "hasta de las piedras puede Dios sacar hijos de Abrahán" (Mateo 3,9), pero hoy quiero quedarme en la respuesta de la mujer siro-fenicia "Señor, pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños".


Y es que el pan y los perros no aparecen sólo en esta referencia del Evangelio, nos encontramos por ejemplo al pobre LÁZARO del que dice el Evangelio "que ansiaba saciarse con las migajas que caían de la mesa del rico" y enfermo de lepra como estaba "hasta los perros se le acercaban para lamerle las llagas" (curiosamente los perros, casi todos los animales se tratan sus heridas lamiéndose, hace poco se ha descubierto que ciertas razas de perro han detectado cánceres y tumores, por la curiosidad de lamer la misma parte del cuerpo u olfatearla con insistencia), sabido lo anterior me pregunto ¿no estarían los perros, en este caso, siendo más misericordiosos con el mendigo que los propios humanos?; en el Libro de TOBÍAS, curiosamente, aparece un perro al comienzo de la historia "que iba corriendo tras el muchacho y el ángel" (Tobías 6,1), y que ya no aparece más hasta el final de la historia, regresando a casa "el perro iba tras ellos" (Tobias 11,4), como si en esa aparición circular, al principio y al fin de la historia y nada en la trama, diera a entender que les ha protegido y amparado, infatigable, todo el camino, con su fidelidad y entrega, el perro, lo mismo que la misericordia de Dios.

 

Y hoy el Señor, Jueves Eucarístico, en el Sagrario, ayer, hoy y siempre "yo soy el pan de vida" espera, con la fidelidad del perro, permitidme la comparación, con la misma pena que un perro atado a la puerta, que en su eterno presente, no sabe si su amo ha de regresar por él o ha sido abandonado, y llora, gime y se pone nervioso ¡Oh, milagro de amor, que espera prisionero por nosotros!, en su eterno presente, atado Dios por el pan que lo constriñe en el Sagrario... Santa ÁNGELA DE FOLIGNO (beata desde 1693 a la que canonizó "equipolentemente", es decir, por la permanencia de su devoción aunque el proceso se hubiere atascado o detenido "allende los tiempos" por el Papa FRANCISCO en el año 2013) escribía en una ocasión que consultaba al Señor preguntándole: "¿Por qué me gozo en este Sagrario? Señor, si estás en todo lugar ¿no debería yo gozarme pues de la misma manera en cualquier lugar?" pero el Señor le respondió "Estoy preso en esta celda (el Sagrario) a causa de las palabras que traen la presencia (la consagración) y lo hago por un milagro singular", lo que me evocan otras palabras de Mª EMILIA RIQUELME y ZAYAS "Oh, mi Jesús, todo amor, hecho pan por sus criaturas, las penas ya no son duras, al contemplar tu corazón".

Por eso, hoy, acerquémonos al Sagrario, mejor aún al Santísimo Expuesto, donde sea posible, y mendiguemos con humildad esas "migajas" que caen de la mesa del Señor, ¡ay, si pudiéramos incluso echarnos, a los pies del altar, como el perro fiel, que se queda dormido a los pies de su amo, porque sabe que ahí radica su seguridad!, acerquémonos con esa "ansia" que dice el Evangelio que tenía el mendigo Lázaro, con ese descaro de decir "si los perros pueden, yo también quiero"...