lunes, 20 de febrero de 2017

HAY QUE CREER Y TENER FE
¡Y DEMOSTRARLO ORANDO MUCHO MÁS!

Un padre desesperado acude en el Evangelio de hoy (Marcos 9,14-29) al Señor, desesperado por la situación de su hijo "Maestro, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no lo deja hablar; y cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda rígido (...) desde pequeño. Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y al agua para acabar con él. Si algo puedes, ten compasión de nosotros y ayúdanos", hay que decir que el hombre ya lo había intentado recurriendo a los discípulos, podemos suponer que, desde el envío de los setenta y dos, y las mayores aglomeraciones de gente, el Señor fuera permitiendo a los discípulos tener mayores responsabilidades, pero hete aquí que, como reconoce el padre "he pedido a tus discípulos que lo echen y no han sido capaces (...) Si puedes hacer algo, ten piedad de nosotros y ayúdanos", por eso el Señor replica "todo es posible para el que cree" y la respuesta del padre "creo, ayúdame porque tengo poca fe".

Siempre, a nosotros, estas narraciones de milagros del Señor se nos hacen muy cuesta arriba, podría decirse que tenemos asumido que ninguno de nosotros nos vamos a ver en una de éstas, en primer lugar porque cuando las cosas no salen como esperamos enseguida nos solemos justificando diciendo aquello de "es que tendré poca fe", y seguimos tan panchos, por otro lado, tampoco es que los leprosos nos salgan al paso por las aceras todos los días, muchas de las enfermedades de tiempos del Señor hoy en día están superadas con los debidos tratamientos (como las epilepsias) y la psicología pretende demostrar que muchos endemoniados, posesiones y lunáticos del Evangelio no son más que eso, patologías psiquiátricas....

¿Pero en que momento perdimos la fe?

Todo lo anterior nos excusa para hacer una lectura reduccionista del Evangelio de hoy a los milagros, nuestra incapacidad para hacerlos y escurrir nuestra responsabilidad ¡es que hay pasajes del Evangelio que nadie es capaz de hacer! ¡qué bien nos viene ser literales cuando nos conviene! Porque es posible leer el Evangelio de hoy en nosotros, en nuestras vidas hecho vida, en lo que nos compromete de verdad, y claro, eso ya nos cuesta... Porque el muchacho no puede hablar, y encima se ha tirado al fuego, o al agua, con desprecio por su vida, que se supone que es lo más digno y noble que tenemos, la vida que tenemos es la base de nuestra dignidad "Gloria Dei, homo vivens" dice San IRENEO de LYON  "la Gloria de Dios es que el hombre viva"... Y ahora preguntémonos ¿Cuántos hermanos nuestros no van por la vida como mudos, amordazados por fuerzas ajena a ellos, que les impiden hablar, y encima niegan su preciosa dignidad humana, su condición de hijos de Dios? ¡Y sí, tenemos que tener fe en poder cambiar estas situaciones!

Muchas personas han optado por tener fe, y aún dudando de ella, no dejar de orar, como la humilde petición del padre "creo, pero ayúdame, porque tengo poca fe" y han logrado cambiar sus vidas, las vidas de los demás, a veces el destino de la historia entera... ¿Qué no sería de igualdad racial de los EE.UU sin esa joven de color que se negó a bajar del autobús? ¿O de ese "I have a dream" de MARTIN LUTHER KING? ¿Qué no sería de la INDIA sin la tenacidad, la fe y la perseverancia de un Mahtama GANDHI? ¿Qué sería de la carrera espacial sin la constancia de NEIL ARMSTRONG? Y todos ellos fueron personas de fe, y de una gran oración, para lo que les faltara. 

Tengamos fe, no callemos, no nos hagamos los sordos ante las situaciones de injusticia de nuestros hermanos, pongamos toda nuestra fe y convicción en que no hay situación, por dolorosa e injusta que parezca, que no sea capaz de vencer la fe y la determinación de una persona, y en lo que falte, insisto orar. 

Y dejar que os traiga un testimonio que me ha parecido conmovedor:


Todos conocemos la fotografía terrible de la niña asustada, corriendo semidesnuda, quemada por el NAPALM de la guerra del VIETNAM, para empezar, esa anónima niña, según se dice, por aquella terrible fotografía comenzó a mover conciencias, en los EE.UU acerca de esa guerra tan absurda que tantas miles de vidas se había cobrado. Pero muchos desconocíamos la historia de la niña de la foto, se llama KIM PHUC.

PHAN THI KIM PHUC nació en 1963 y se crió en la aldea de TRANG BANG, situada a treinta minutos al norte de SAIGÓN. Durante la guerra de VIETNAM, la estratégica carretera que atravesaba su aldea se había convertido en la principal ruta de aprovisionamiento entre SAIGÓN y PHNOM PENH, por lo que su aldea fue bombardeada con NAPALM el 8 de Junio de 1972. KIM fue fotografiada mientras corría por la carretera gritando a causa de las quemaduras en su piel. NICK UT, el fotógrafo de la agencia Associated Press, que estaba allí cubriendo el ataque, tomó la fotografía que todos conocemos, conmovido por su dolor, la llevó a toda prisa a un hospital sudvietnamita. Luego pasó catorce meses recuperándose en el Hospital BARSKY, el hospital estadounidense de SAIGÓN, donde su atención fue pagada por una fundación privada. 

Nadie esperaba que sobreviviese. Quemaduras de tercer grado cubrían la mitad de su cuerpo y necesitaría muchas operaciones y años de terapia. A los dos años, contra todo pronóstico y con la ayuda de los médicos que se dedicaron a su cuidado, fue capaz de volver a su aldea así ella y su familia pudieron empezar a reconstruir sus vidas. En 1982, a los diez años de tomarse la famosa fotografía, un fotógrafo alemán encontró a KIM. Mientras tanto, el gobierno la había sometido a interminables entrevistas, funcionarios comunistas la habían llevado a la ciudad de HO CHI MINH para que apareciese en películas propagandísticas y había sido obligada a dejar la escuela y volver a su provincia en la que, como “símbolo nacional de la guerra”, estaba sometida a una supervisión cotidiana:


Diez años más tarde, en 1982, tuve que sufrir otra prueba muy dura en mi vida. Yo había ingresado ya en la facultad de medicina de Saigón, pero por desgracia los agentes del gobierno se enteraron un día de que yo era la niñita de la foto y vinieron a buscarme para hacerme trabajar con ellos y utilizarme como símbolo. Yo no quería y les supliqué: “¡Déjenme estudiar! Es lo único que deseo”. Entonces, me prohibieron inmediatamente que siguiera estudiando. Fue atroz. No acertaba a entender por qué el destino se encarnizaba conmigo y no podía seguir estudiando como mis amigos. Tenía la impresión de haber sido siempre una víctima. A mis 19 años había perdido toda esperanza y sólo deseaba morir.

Pero lo importante es su testimonio, en el año 1996, cuando fue invitada a un acto de homenaje a los veteranos de la guerra del VIETNAM en WASHINTONG:

Como mis mayores me habían educado en la fe del caodaísmo, que se puede definir como una mezcla de confucianismo, taoísmo, budismo, me puse a rezar sin parar y a pasarme el tiempo con lecturas religiosas. Sin embargo, nadie podía aliviar mis sufrimientos ni lograr que volviera a la facultad. La duda me atenazaba: “Si Dios existe, ¿podrá ayudarme?” En cierta ocasión, un amigo me llevó a una iglesia cristiana de Saigón. Aunque mi alma estaba sedienta de paz interior, me costaba mucho abrazar una nueva religión (...) Me sentí mejor enseguida, aunque todavía sintiera un vacío en mi fuero interno. Solamente cuando encontré la fe en mí misma, se atenuó el dolor de las llagas de mi corazón. Poco después el gobierno hizo demoler esta iglesia de Saigón y el pastor se fue. Desde entonces, sola y sin ayuda de nadie, fui dejando que el sentimiento de perdón creciera en mi corazón hasta que empezó a embargarme una inmensa paz interior. Esto no ocurrió de la noche a la mañana, porque no hay nada más difícil que llegar a amar a sus enemigos (...) El dolor nunca desaparece. Apenas aprendes cómo lidiar con él (...) Al principio me ayudaban muchos los salmos, como el 56, en el que se lee “Porque has librado mi alma de la muerte, y mis pies de caída, para que ande delante de Dios en la luz de los que viven” (...) Posteriormente comprendí la importancia del tener una relación con Cristo así como saber la importancia de la libertad"

Ella fue poseída por un espíritu inmundo, externo y ajeno a ella, ciertamente, como es el de la guerra, y también, como en el Evangelio de hoy sintió lo que era el fuego y el agua sobre ella, sin querer "el NAPALM es el dolor más terrible que se pueda imaginar"... "el agua hierve a 100ºC, el NAPALM genera temperaturas de 800 a 1.200ºC" (en la foto con su hijo THOMAS, se observan aún las secuelas de las quemaduras sufridas), pero tuvo fe, no dejó de orar, se dejó hacer por el Señor "creo, pero ayuda a mi fe", en la actualidad es odontóloga, está felizmente casada, tiene dos hijos y reside en ONTARIO, CANADÁ, y es la presidenta de una fundación para la ayuda y atención de niños víctimas de las guerras con proyectos como un Instituto Cristiano de Secundaria en UGANDA, un orfanato en la INDIA, un Hospital Pediátrico en KENYA, y muchos más... 

¿Se puede sanar uno mismo, se puede cambiar el mundo, se puede trasformar las vidas de otros partiendo de un punto de salida más bajo que ser una víctima de un conflicto injusto? ¡Se puede, orando, con fe, confiando en el Señor! ¡Nada de decir "tengo poca fe", al contrario, arremangarse y ponerse a trabajar, y no cejar en el empeño, y orar, orar mucho...!

Añade KIM PHUC:

Fue el fuego de las bombas las que quemaron mi cuerpo. 
Fue la habilidad de los doctores la que repararon mi piel. 
Pero tomé toda la fuerza del amor de Dios 
para sanar mi interior y curar mi corazón.