sábado, 25 de febrero de 2017

ESOS LOCOS BAJITOS...

Llevamos una temporada de Evangelios del día "chiquitos pero buenos", por lo de cortos y consistentes:

En aquel tiempo, le acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos los regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis, pues de los que son como ellos es el reino de Dios. En verdad os digo que quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él». Y tomándolos en brazos los bendecía imponiéndoles las manos.

(Marcos 10,13-16)

Porque el Evangelio de hoy versa precisamente sobre los niños, esos "locos bajitos" en palabras de la canción de JOAN MANUEL SERRAT, que ya puestos os la pongo, porque no está mal recordar lo que son los niños, y cuando fuimos nosotros mismos los niños:


Ahora vamos al meollo de la cuestión "hacernos como niños" ¿cómo nos vamos a hacer como niños? No es el caso pero nos vale la misma duda que al respecto le planteaba NICODEMO al Señor "¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Podrá entrar de nuevo en el vientre materno para nacer?" (Juan 3,4):

A mí, personalmente, la respuesta se me hace muy fácil, porque pese a mis cuarenta y dos años, mis cataratas, de mi baja cifra de plaquetas (que eso ya es crónico), de mis incipientes canas, de que creo que me he descubierto un bulto en un dedo que me duele de vez en cuando ¡bienvenida artrosis! y que tengo las cervicales "hechas un cuatro" ¡al menos eso parecen en las radiografías! y de que recientemente me he dado cuenta de que estoy echando "memoria de abuelete", es decir, que no me acuerdo de la película que vi anoche pero te cuento mi primera comunión con todo lujo de detalles, os puedo asegurar que es verdad lo que dicen los psicólogos de que existe el llamado "síndrome de PETER PAN", es decir, esos adultos que se niegan a crecer, siendo como niños ¡yo soy uno de esos, preguntadle a quién me conozca! (alguna virtud habríamos de tener), así que, si os fiáis de "este loco bajito" aquí van algunos consejos, de mi experiencia, para que os hagáis como niños:


En primer lugar, jamás perdáis la alegría, ni el sentido del humor, creedme, es el mejor antídoto para no parecer, como dijo el Papa FRANCISCO en una ocasión "cristianos pepinillos en vinagre" ¡De verdad, creedme! Si no me queréis creer a mí, creed a San PABLO "tened siempre la alegría del Señor; lo repito, estad alegres" (Filipenses 4,4) Especialmente en la lucha contra el mal... Porque quien está alegre no deja en su corazón resquicio a la tristeza, la excesiva culpa, la depresión, las dudas...que por ahí se cuela el que pretende hacerse el centro, por eso, como sumo orgulloso que es, lo mejor ¡Reírse de él en su cara! Dicen que en una ocasión que el San JUAN MARÍA VIANNEY iba rezando el rosario, le dieron ganas de ir a la letrina, pero sin darse cuenta siguió rezando el rosario como si nada, entonces el demonio, que le acechaba cada dos por tres le dijo "¡Ah, el curita santo... el come papas! (le llamaba así despectivamenteporque las patatas cocidas, como los pobres, eran básicamente su sustento) ¿Así es como honras a la que llamas la Madre de Dios?" y se cuenta que nuestro santo le respondió "No veo problema en ello, pues lo que sale de mi boca es para la Madre de Dios, lo que me sale del culo es.... ¡Para ti!", si es que hemos de tomar como cierta esta anécdota de su vida, que he visto en varios artículos sobre su sentido del humor. 


Ser como niños pequeños ante Dios, o como mis perrillos si me apuráis, que son capaces de hacer la travesura más grande (nosotros pecamos, los adultos), y lo más gracioso es que la mitad de las veces no lo hacen "por malicia", lo hacen por inconsciencia, por desconocimiento, por aburrimiento, por llamar la atención, o simplemente porque se trata de un juego (nosotros los adultos pecamos muchas veces por los mismos motivos) y sin embargo cuando llega el momento de regañares, especialmente si los pillas "in fraganti" (y esto los padres lo sabenpor experiencia) que vas a regañarles y en ese preciso momento "te hacen una gracia de las suyas", a ti -sorprendido- te entra la risa y ya pierdes la autoridad... 

Lo mismo sucede con Dios, cuando pecamos y cuando sabemos que nos va a regañar, ponemos cara de niño bueno ¿Cómo te va a regañar? ¡Habría que ver los ojitos y los pucheritos que puso el hijo pródigo cuando regresó!


¡Nunca tengáis miedo al ridículo! Esto es malísimo par una vida espiritual sana, muchas veces no evangelizamos más, no llegamos a más gente por ese eterno miedo al ridículo o "al que dirán"... Que si no doy testimonio en un grupo por vergüenza, que si no voy a misa porque qué van a decir de mi en el trabajo si se enteran, olvídate de salir en la procesión ¡si claro para pasearme por toda la ciudad!, que si pongo el belén en mi mesa de despacho o una cruz en el trabajo me van a tachar de meapilas... Y así vamos con todo. Esto mismo le pasaba a una mujer, no sé donde lo leí, y fue al psicólogo, su temor a hacer el ridículo la paralizaba para casi todo, el psicólogo le dijo "que saliera a pasear llevando un plátano atado con una cuerda azul por la calle como si fuera un perro, arrastrándolo", la pobre mujer le hizo caso, por aquello del psicólogo, y su sorpresa fue que ¡absolutamente nadie se fijó en ella! Es decir, la gente está ya tan saturada de escándalos y "cosas raras" que ya no se asusta por nada ¡Os lo digo yo que voy por la calle con mi cruz TAU por fuera y un cordón blanco colgando del cinturón -con independencia de que vista de calle, de informal, de chándal o de vaqueros- y nunca nadie se ha fijado en mí! Así que nada de vergüenzas inútiles... ¿No véis la cara de alegría de esta niña acompañando al Señor?

Y tengamos la fe de los niños, esa, la llana y sencilla, porque no está contaminada de nuestras desesperanzas y frustraciones, la fe que sobrevive a prueba de bombas. Como esa niña, de una escuela de primaria en EEUU, a la que la profesora le estaba hablando de los animales marinos y ella dijo "¡en la escuela dominical me contaron que una ballena se tragó a Jonás!", la profesora -craso error ¡nunca te pongas a razonar con un niño!- le dice que eso es un cuento de la Biblia, y la niña insiste que es verdad, como la profesora se sigue burlando la niña enfadada le dice "¡pues cuando me muera y vaya al cielo yo misma se lo voy a preguntar a Jonás, y verá que tengo razón!" y la profesora triunfal ella le espeta a la niña "¿y si Jonás está en el infierno?" a lo que la niña tajante responde "bueno... pues entonces ya se lo pregunta usted" Tengamos nosotros esa misma fe, oremos como los niños, que no pretenden chantajear a Dios con oraciones, sino que le hablan con la espontáneidad de un amigo al que se le puede pedir ayuda, como es otro niño que oraba diciendo "dice mi madre, Señor, que todo lo has creado tu, así que supongo que las coles de Bruselas forman parte de tu misterio", o aquella niña que prometía orando "Señor, nunca más volveré a decir palabrotas hasta que se me escape la siguiente". 



Ya sé que esta canción la he compartido con vosotros hasta la saciedad, pero ¡qué le voy a hacer!, recordad que estamos celebrando, ya de paso, el 50 Aniversario de la Renovación Carismática Católica, y si es verdad que Dios oye antes las oraciones de los niños, puestos a invocar al Espíritu Santo... ¡Se me antoja más eficaz que un VENI CREATOR SPIRITUS!