domingo, 22 de enero de 2017

OCTAVARIO UNIDAD DE LOS CRISTIANOS
DIOS NOS RECONCILIÓ CON ÉL


¡Hoy sí que hacemos pleno y acertamos en la diana! ¿Qué mejor texto para interrogarnos sobre el escándalo de las divisiones que el Evangelio de hoy (Marcos 3,22-30)? Porque el Señor lo dice bien claro "un reino en guerra civil no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir", y consciente de ello, y de nuestra debilidad, es que él mismo oraba a Dios Padre diciendo:

No sólo ruego por ellos, sino también por los que han de creer en mí por medio de sus palabras. Que todos sean uno; como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Yo les di la gloria que tú me diste para que sean uno como lo somos nosotros. Yo en ellos y tú en mí, para que sean plenamente uno; para que el mundo conozca que tú me enviaste y los amaste como me amaste a mí.

(Juan 17,20-23)

Somos indignos de la oración del Señor, en tanto en cuanto la historia de la Iglesia, con sus divisiones, ha demostrado cuán débiles somos, como no nos hacemos valedores de un testimonio digno de confianza ante el mundo, que contempla con desdén nuestras propias divisiones, avergoncémonos por las divisiones, pero sepamos que "Dios nos sigue reconciliando con él" (2 Corintios 5,18) restañando las heridas a la unidad por medio del Espíritu Santo:


El Espíritu Santo, aparentemente, crea desorden en el Iglesia, porque produce diversidad de carismas, de dones; sin embargo, bajo su acción, todo esto es una gran riqueza, porque el Espíritu Santo es el Espíritu de unidad, que no significa uniformidad, sino reconducir todo a la armonía. En la Iglesia, la armonía la hace el Espíritu Santo. Un Padre de la Iglesia tiene una expresión que me gusta mucho: el Espíritu Santo “ipse harmonia est”. Él es precisamente la armonía. Sólo Él puede suscitar la diversidad, la pluralidad, la multiplicidad y, al mismo tiempo, realizar la unidad. 

(Papa FRANCISCO, 20 de Mayo de 2013)

En una obrita de RAINIERO CANTALAMESSA, Ofm.Cap, titulada "La Eucaristía, nuestra Santificación" hablando de que la división de las distintas confesiones cristianas, en efecto, no se detiene tanto en las diferencias que nos separan, sino que, al contrario, concibe dichas diferencias como carismas, dones especiales que han sido concedidas a cada una de ellas, para enriquecer el todo, la Iglesia Universal, en este sentido literalmente afirma "no se trata de pasar por encima de las divergencias reales, o de menoscabar las verdades católicas. Se trata más bien de poner en común los aspectos positivos y los valores auténticos que hay en cada una de las distintas tradiciones, para constituir una masa de verdad común que comience a atraernos hacia la unidad (...) de esta forma como decía San PABLO "lo escrutamos todo y nos quedamos con lo bueno" (! Tesalonicenses 5,21) de esta forma todo lo que es de Dios se acumula y lo que es de los hombres se elimina". Al tratarse de una obra eucarística RAINIERO CANTALAMESA centra su estudio en el ecumenismo eucarístico, aunque ejemplifica muy bien lo que acabamos de señalar, de esta manera, la tradición católica latina ha puesto el acento en la presencia real de Cristo en la Eucaristía, en la Adoración fuera de la misa, en su presencia en el Sagrario; por su parte la tradición ortodoxa oriental ha puesto el acento en "por quién" es que el Señor está presente en la Eucaristía, si no es por el Espíritu Santo, mientras que la tradición protestante ha puesto el acento en "sobre quien o para quién" es la Eucaristía, poniendo el peso de su reflexión teológica en los fieles, en la fe, pues de nada valdría lo anterior si no hubiera una predisposición de la persona hacia todo lo anterior, dice, en este sentido, "¿para qué serviría que Jesús hubiera nacido en Belén, si es que no nace de la misma manera, por la fe, en nuestros corazones?" Por tanto, se trata de construir, de añadir, de aunar, de agregar, no de dividir, fraccionar o despreciar las tesis del otro...

Os comparto hoy el himno presbiteriano recomendado en su cancionero para la cita de 2 Corintios 5,18 que se titula "Qué maravilloso Salvador, es Jesús, mi Jesús", aunque no sé si es que en este vídeo el canto ya está empezado, o es que lo están repitiendo por segunda vez, me he decantado por éste, y no por otro mejor, porque no cabe duda de que el director del canto, o de la congregación, vive lo que está cantando, precisamente otro de los aspectos de los que adolecemos, en contra, los católicos, que a veces no manifestamos, ni vivimos, ni expresamos corporalmente aquello que estamos cantando, orando o celebrando:


Christ has for sin atonement made
Cristo ha hecho expiación por el pecado
What a wonderful Savior!
¡Qué maravilloso Salvador!
We are redeemed, the price is paid
Hemos sido redimidos, el precio está pagado
What a wonderful Savior!
¡Qué maravilloso Salvador!

What a wonderful Savior is Jesus, my Jesus!
¡Qué maravilloso Salvador es Jesús, mi Jesús!
What a wonderful Savior is Jesus, my Lord!
¡Qué maravilloso Salvador es Jesús, mi Señor!

I praise Him for the cleansing blood
Le alabo por su sangre purificadora
What a wonderful Savior!
¡Qué maravilloso Salvador!
That reconciled my soul to God
que reconcilió mi alma con Dios.
What a wonderful Savior!
¡Qué maravilloso Salvador!

He cleansed my heart from all its sin
Él limpia nuestro corazón del pecado
What a wonderful Savior!
¡Qué maravilloso Salvador!
And now He reigns and rules therein
Y ahora Él reina y legisla por siempre
What a wonderful Savior!
¡Qué maravilloso Salvador!

He gives me overcoming power
Él me da el poder que de él procede
What a wonderful Savior!
¡Qué maravilloso Salvador!
And triumph in each trying hour
y triunfo en cada hora de pruebas
What a wonderful Savior!
¡Qué maravilloso Salvador!

Y ahora, oremos todos juntos, como siempre debió haber sido:

Señor, perdónanos,
el mundo no nos cree por causa de las divisiones,
Señor, sostennos,
pues somos débiles y creamos compartimentos,
Señor, ilumínanos,
que tu Santo Espíritu restaure la unidad.

Amén