viernes, 27 de enero de 2017

¡NOS QUEDA MUCHO POR SEMBRAR TODAVÍA!

En el Evangelio de hoy (Marcos 4,26-34) el Señor nos dice:

El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega"

En un comentario a este pasaje de CARLOS LATORRE, Misionero Claretiano, he leído al respecto lo siguiente:

Aquí se resalta la fuerza vital de la semilla, es decir, de la Palabra de Dios: Crece progresivamente en el silencio, más allá de los éxitos y fracasos humanos, pues es Dios mismo quien la hace crecer. Pero esto no niega el esfuerzo humano, pues en la parábola se habla de la siembra y de la cosecha, que es el trabajo concreto que Dios ha confiado al agricultor. Aunque nos parezca mentira, Dios nos necesita, pues no le parece bueno hacer Él solito todo el trabajo y quiere que nosotros le colaboremos con entusiasmo. ¡Qué honor tan grande, hermanos, ser colaboradores del Señor en la obra de la evangelización!

Esta parábola, junto con la de la semilla de mostaza son un mensaje de ánimo y de esperanza, no sólo para los discípulos de aquel entonces, sino también para nosotros, los discípulos de ahora. Es una invitación a trabajar en los asuntos del reino, confiando no en nuestras fuerzas, sino en el poder de Dios. En una de sus cartas escribió San PABLO nos dice además: “Ni el que planta ni el que riega es importante, sino Dios que hace crecer la semilla” (1 Corintios 3,7).

Curiosamente, hemos dicho antes "la Palabra de Dios, crece progresivamente en el silencio, más allá de los éxitos y fracasos humanos" y hemos hablado de esperanza, y digo curiosamente, porque en este tiempo, quizás porque hemos salido del tiempo alegre y festivo de Navidad, y estamos en el ordinario, quizás porque acabamos de agotar este tiempo intenso de oración por la unidad de los cristianos, quizás porque muchas veces, también en esta pobre comunidad nos desalentamos, porque caemos en la rutina, en la desesperanza, en la falta de perspectiva y de horizonte, no viene mal que el Señor nos diga (antes de que como discípulos asustados le digamos nosotros "¡Sálvanos Señor, que nos hundimos!" (Mateo 8,25)), adelantándose a los acontecimientos, que es Él mismo el que hace crecer la semilla, que no es tan importante que nosotros, como agricultores, nos desalentemos por plantar o regar... como hemos dicho muchas veces "pobres siervos inútiles somos, lo que teníamos que hacer, hicimos" (Lucas 17,10).

Porque justo hoy, el Señor, por medio de su Espíritu Santo "que hace nuevas todas las cosas" (Apocalipsis 21,5), nos ha puesto en el horizonte un nuevo proyecto, una nueva ilusión por la que empezar desde ya a trabajar, a abrir surcos, a escoger con cariño las semillas y a esparcirlas entre nuestros hermanos ¡que luego la cosa resulte, crezca y frutifique como el Señor "dueño de la mies" quiera! pero para nosotros ha sido toda una bendición, ya mismo os enteraréis de todo, porque el Señor que es un "amo exigente, que recoge donde no siembra y cosecha donde no planta" (Mateo 25,26) hasta nos ha puesto fecha tope de entrega, que será el día uno de Febrero, así que mientras tanto... 


¡Id orando por nosotros, que nosotros vamos a orar mucho estos días, que al fin y al cabo es por vosotros, que el Señor, una vez más, nos ha puesto a trabajar!, y de camino ponemos también, desde ya, estos afanes y desvelos en manos de MARÍA, porque si el Señor es el dueño de la mies, no cabe duda de que ella es la que ora para que no se pierda ninguna espiga, como otra mujer, RUT, la espigadora de la Biblia, además MARÍA tiene mucho que ver con lo que estamos preparando.