lunes, 2 de enero de 2017

¿NO VAMOS A SALIR NUNCA DE DIVISIONES?


¡Hay que ver cómo nos gusta, a cada momento, saber de parte de quién viene quién! En este puñetero mundo siempre hay que ser siendo "algo de algo", así, compartimentando a las personas: Hay que ser del Real Madrid o del Barça ¡es que como uno no puede ser del Albacete!; hay que ser ateo o del OPUS DEI ¡cómo uno no puede ser un simple creyente, que vive el Evangeio, sin más, con las luces que el Señor le da!; hay que ser de izquierdas o de derechas ¡como ya no podemos decirnos de centro desde que no existe el CDS!... y así sucesivamente... Al final va a ser verdad aquello que tan sublimemente expresó MACHADO al decir:

Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.

En este sentido hay que destacar el anuncio navideño de CAMPOFRÍO, "Hijos del Entedimiento" que muestra el homenaje que dan hijos a padres que son completamente diferentes entre sí, pero que fueron capaces, por amor, de superar las diferencias ateo y creyente, de izquierdas y de derechas, taurino y animalista, de derechas y podemita, carnívoro y vegetariana, etc, etc... que nos muestran, aunque sea con fines comerciales, que es posible vencer las diferencias, si es por amor.


De este afán de divisiones y compartimentos no se escapa ni la Iglesia misma, ya al mismo JUAN BAUTISTA, en su tiempo, como nos enseña el Evangelio de hoy (Juan 1,19-28) lo andaban asaetando a preguntas sobre "la filiación de su ministerio": Que si es el Mesías, que si es Elías, que si viene de parte del uno, que si viene de parte del otro, que en caso contrario con qué autoridad hace lo que hace... hasta que el propio JUAN BAUTISTA, un poco harto ya, nos da la clave de la respuesta, la única respuesta:

Yo soy la voz que grita en el desierto: "Allanad el camino del Señor"

Y lo mismo sucederá, mucho tiempo después, consolidándose la primera Iglesia en tiempos de San PABLO, pues éste ha de advertir a la comunidad de CORINTO (1 Corintios 2,3-11)

Pues si hay entre vosotros envidias y discordias, ¿no os dejáis guiar por el instinto y por criterios humanos en vuestra conducta? Cuando uno dice: yo estoy por Pablo, y otro: yo por Apolo, ¿no os quedáis en simples hombres? ¿Quién es Apolo?, ¿quién es Pablo? Ministros de vuestra fe, cada uno según el don de Dios. Yo planté, Apolo regó, pero era Dios quien hacía crecer. Así que ni el que planta cuenta ni el que riega, sino Dios que hace crecer. El que planta y el que riega trabajan en lo mismo; cada uno recibirá su salario según su trabajo. Nosotros somos colaboradores de Dios, vosotros sois labranza de Dios y construcción de Dios. Según el don que Dios me ha dado, como arquitecto experto puse el cimiento; otro sigue construyendo. Que cada uno se fije en cómo construye.

Y al final no puede sino concluir advirtiendo:

Nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo. 


Y tristemente lo mismo sucede hoy en día: Cardenales disputando la autoridad del Papa FRANCISCO; medios de comunicación "pretendidamente" católicos que se permiten el lujo de atacar a Obispos y Cardenales, cuando no al Papa mismo, porque no comparten sus puntos de opinión, que tenemos que ser más papistas que el Papa, como dice el refrán, hay que encuadrarse en algún movimiento de nuevo cuño para ser Iglesia (la buena, que los del movimiento de enfrente son, por supuesto, los malos), por lo que descubrimos que nada hemos avanzado, y mientras tanto, lejos de construir la unidad, menos aún la unidad de la Iglesia, convirtiéndonos así nosotros mismos en "piedra de escándalo y de tropiezo" para los que no creen, proliferan como malas hierbas los apologetas que defienden a capa y espada sus tesis, definiendo a sus contrarios como herejes.... olvidando, como siempre, orillando al margen, a Cristo, nuestro Señor, fuente de unidad "Padre que todos sean uno como tú y yo somos uno" ¡Le faltan al Señor horas de rodillas en agonía, en el huerto, para que le hagamos caso!

En este sentido, un notable predicador bautista, del Siglo XIX, CHARLES H. SPURGEON refería lo siguiente:

Muchos eruditos escriben defendiendo el Evangelio, no cabe duda de que es una tarea necesaria y correcta, sin embargo pareciera ser igual de razonable considerar que cuánto más necesaria se hace esta apología del Evangelio, es porque la verdad, que no necesita defensa alguna, está siendo entonces erróneamente anunciada y mostrada al mundo.

Supongamos que un grupo de personas se propusiera defender a un león de sus atacantes. Lo primero que harían, de buena fe, sería ¡encerrarlo en una jaula! ponerle guardias y organizar un ejército de soldados para su defensa. ¡Todo para su seguridad y su protección! Alguien debería sugerirles que la mejor defensa consistiría en abrir la jaula y mantenerse prudencialmente a distancia ¡y dejar a león en libertad! Sería para él la mejor defensa, pues sabido es que un león sabe defenderse a sí mismo, por eso la mejor defensa del Evangelio es el Evangelio mismo. 

No hay que enredarse tanto en la defensa del Pentateuco, o en la historicidad del Deuteronomio, porque basta con ¡predicar al Señor, y éste, crucificado! Dejad suelto al león, a ver quién se atreve a vérselas con él. El león de la tribu de Judá pronto dispersará a sus enemigos.

Una vez más, como decía San FRANCISCO "Prediquemos el Evangelio, y si es preciso, con palabras", es decir, con la coherencia de nuestras vidas, porque la verdad, el Evangelio, ya se imponen por sí solos, a nosotros que sólo nos baste con no empañarlo... baste con que sepamos decir, humildemente:

Yo soy la voz que grita en el desierto: "Allanad el camino del Señor"