sábado, 14 de enero de 2017

ESTE ES EL CORDERO DE DIOS

"Este es el Cordero de Dios" es el testimonio por excelencia que hace JUAN BAUTISTA ante sus discípulos al ver que el Señor se aproximaba a ellos en el Evangelio de hoy (Juan 1, 29-34), y sabemos por el mismo Evangelio de JUAN que al menos dos de ellos le siguieron en ese mismo instante, hemos de suponer que eran JUAN -que esto escribe- y ANDRÉS, que fue corriendo a comunicárselo a PEDRO (Juan 1,35-42).

Al designar a CRISTO como Cordero de Dios JUAN BAUTISTA estaba dando eco a la profecía mesiánica de ISAÍAS (53,2-10)

Creció en su presencia como brote, como raíz en el páramo: no tenía presencia ni belleza que atrajera nuestras miradas ni aspecto que nos cautivase. Despreciado y evitado de la gente, un hombre habituado a sufrir, curtido en el dolor; al verlo se tapaban la cara; despreciado, lo tuvimos por nada; a él, que soportó nuestros sufrimientos y cargó con nuestros dolores, lo tuvimos por un contagiado, herido de Dios y afligido. Él, en cambio, fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Sobre él descargó el castigo que nos sana y con sus cicatrices nos hemos sanado. Todos errábamos como ovejas, cada uno por su lado, y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, aguantaba, no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja muda ante el esquilador, no abría la boca. Sin arresto, sin proceso, lo quitaron de en medio, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los malvados y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca. El Señor quería triturarlo con el sufrimiento: si entrega su vida como expiación, verá su descendencia, prolongará sus años y por su medio triunfará el plan del Señor.

Ahora bien, sin descartar la naturaleza sacrificial de Cristo, Cordero de Dios, no cabe duda de que CRISTO HA RESUCITADO, ya se ha manifestado con toda su Gloria y su poder, no podemos estar constantemente embelesados en la contemplación del Cordero víctima, degollado, no en los tiempos que corren, permitidme la osadía, pero el tiempo del cordero ya ha pasado, estamos en la época pascual, del triunfo y la victoria, en el tiempo del león de JUDÁ, pues dice el Apocalipsis (5,5):

No llores; he aquí que el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, ha vencido.

Un cordero es admirable por su servidumbre, por su lana que nos permite abrigarnos, por su carne que nos permite alimentarnos. Un león es admirable por su fuerza y su aspecto majestuoso. Pero más admirable aún resulta un león como cordero y un cordero como león. Lo que hace al Señor digno de "todo honor, toda gloria y majestad" es precisamente la admirable conjunción en el mismo de ambas y tan diversas naturalezas. Admiramos al Señor por su transcendencia, pero lo admiramos más aún por su obediencia al Transcendente, a Dios Padre, y una obediencia hasta la muerte, y muerte de Cruz. Nos estremecemos ante su inquebrantable justicia pero nos consolamos con su aquilatada misericordia. Su majestad se demuestra paradojicamente en su debilidad. Pese a ser "semejante a Dios" se somete en todo a Dios. A pesar de su poder divino se sometió humildemente al poder de la oscuridad y las tinieblas en su muerte. Su poder sobre todo lo creado lo disimuló bajo su dócil obediencia al Espíritu Santo. Quien combatía con orgullo a los escribas y fariseos se rendía ante la presencia de los sencillos y los niños. Podía hacer callar a la tormenta con una sola palabra de su boca, increpando a los elementos, y se quedó mudo ante la autoridad que pretendía juzgarle. 

La Gloria y el poder del Señor no parecen ser por lo tanto una cosa tan sencilla, ni tan evidente, si no somos capaces de comprender que es cordero como león y león como cordero. Porque en el Señor se manifiestan, en una sola persona, toda una gran cantidad y complejidad de relaciones, manifestaciones y sentimientos. 


Por eso el Señor es el león como cordero y el cordero como león. Esta dicotomía, esta contradicción, fue todo un acierto escriturístico de JUAN: Si en el anuncio, en la misión, en la predicación, en el Evangelio, Jesús es "el Cordero de Dios", en la Iglesia, tras la Pascua, en la persecución, en el Apocalipsis es "el león de Judá" demostrando de esta forma a todos los lectores, de forma intuitiva, en qué consiste la Gloria del Señor. La humildad y la servidumbre del cordero como león brillan por sí mismos al mostrarnos la autoridad y la fuerza del león como cordero. 

Todos nosotros somos débiles, estamos agobiados, llevamos fardos de toda naturaleza sobre nuestras espaldas, pero en todos nosotros, de la misma manera, arde nuestro corazón con el deseo de que podemos hacer algo grande con nuestras propias vidas, algo que cante y dé Gloria y alabanza al nombre del Señor. A este deseo fue por lo que el Señor nos dijo "Os he dado autoridad en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos míos de entre todas las naciones" (Mateo 28,18-20)

El león como cordero nos invita a que pongamos nuestro corazón y nuestras vidas sobre su autoridad, por encima de todo, porque él "estará con nosotros hasta el confín de los tiempos" (Mateo 28,20) De esta forma el león como cordero nos capacita para que seamos grandes misioneros, predicadores, evangelizadores, líderes, intercesores... Somos simples mortales, pero mucho más. Somos penosos, pero tenemos pasiones. Somos débiles pero soñamos con hacer prodigios y maravillas. Somos transeúntes pero caminamos hacia la plenitud. La Gloria del Señor es así capaz de brillar en todos nosotros porque esta suma de contradicciones que somos es la que define de la misma manera al Señor, león como cordero, cordero como león.

Una vez el león como cordero fue atrapado y llevado al matadero,como oveja silente ante el matarife no abría la boca (Isaías 53,7) pero ha llegado el día en el que las cosas van a comenzar a ser diferentes. El cordero como león se convertirá en león y con paso firme tomará su asiento en el trono ante cuya presencia sus impenitentes enemigos perecerán "en presencia de todos sus ángeles, y del cordero" (Apocalipsis 14,10-11).


Así que ya está bien de ser cristianos apocados, buenistas, sumisos, políticamente correctos, silentes, con miedo a molestar... ¡No, no y no! No tenemos por qué ser llevados dócilmente como corderos bobalicones por carriles que no queremos transitar, no tenemos por qué dejarnos amedrentar por las persecuciones, sean más o menos explícitas, no tenemos por qué ser de esta manera ¿dónde está escrito eso? Al contrario, lo escrito es "Si el Señor está con nosotros ¿Quién contra nosotros?" (Romanos 8,31)