lunes, 9 de enero de 2017

¡BIENVENIDOS AL CLUB...!


Por más que me guste decir -personalmente- que "la Navidad la puedo prolongar hasta el día 2 de Febrero, con la Presentación de Jesús en el Templo" porque concluye el ciclo de la infancia del Señor litúrgicamente, esto no es así, comenzamos el Tiempo Ordinario ¡qué se lo pregunten a los niños, que hoy han de regresar al colegio después de estas vacaciones navideñas!, a esta ordinariez del tiempo, donde hemos de entender rutina, vuelta a nuestras obligaciones laborales, sociales, etc, etc... podríamos añadir todos nuestros propósitos de Año Nuevo, seguro que los hemos hecho, desde esos que están llamados a quedar en nada muy pronto "voy a apuntarme al gimnasio, voy a hacer dieta, voy a dejar de fumar...", aquellos que puede que nos duren un poco más "voy a empezar a estudiar inglés, o a juntar el coleccionable tal o cual ¡ahora abundan tantos en los anuncios de la tele!", y aquellos otros que requieren un recorrido más largo "voy a ser mejor, voy a orar más, voy a estar más cerca de mis hijos, me preocuparé por los demás...".


Pero no debe desalentarnos este recomenzar las actividades cotidianas, cuya rutina ha roto la Navidad, al fin y al cabo casi todo el año es Tiempo Ordinario, los tiempos fuertes de Adviento, Navidad, Cuaresma, Semana Santa y Pascua nos sirven precisamente como grandes zonas de avituallamiento temporal para tomar fuerzas y poder vivir con fe, entrega y generosidad el resto del año en el seguimiento del Señor, porque como decía Santa TERESA "Mirad que entre los pucheros y las ollas anda Dios", así que hemos de estar alertas para descubrirle en la cotidinaneidad, que también anda Dios entre redes (las e pescar, como el Evangelio de hoy (Marcos 1,14-20) no las redes sociales, más que nada porque en aquella época no había, que también el Señor puede estar enredando en ellas...) o entre los libros del colegio, instituto o universidad, o entre los papeles del trabajo…

Y en su rutina "estaban echando el copo en el lago / estaban repasando las redes" el Señor sale al paso de PEDRO, de ANDRÉS, de JUAN y de SANTIAGO, quienes, nos dice el Evangelio de hoy "dejaron las redes y lo siguieron / dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros", el hecho de seguirle es de por sí algo que define a los discípulos... Nuestra identidad como seguidores del Señor depende en gran parte de lo que hacemos, de este mismo seguimiento, pues la actividad no se queda en lo exterior sino que va formando nuestro ser interior: Lo entenderéis mejor si os digo que "es cantando se llega a ser cantante", de la misma forma somos seguidores del Señor, en tanto en cuanto es verdad que le seguimos, que hacemos este movimiento de ponernos en marcha con Él.

Nuestra identidad depende también, y en mayor grado, de nuestros vínculos y relaciones sociales y personales, aquí nos vale otro refrán popular "dime con quien andas y te diré quién eres", en este seguimiento del Señor "dejar al padre" implica separarse de la familia de origen. Es un paso importantísimo en la vida de cada persona, pero es el precio de la libertad, uno no podría fundar su propia familia sin desgajarse de su familia de origen, e incluso cuando esta ruptura es por motivos matrimoniales pocas veces se hace con facilidad, pocas veces se hace sin resistencias externas o internas, no cabe duda de que se trata de un paso difícil y doloroso, pues implica rupturas profundas. Para seguir al Señor hace falta una libertad aún mayor, una entrega absoluta y radical a su persona, su mensaje, sus hechos...  Nuestra nueva identidad de seguidores del Señor, de discípulos, se va a configurar a partir de relaciones sociales y vínculos personales completamente nuevos y diferentes, con el Señor, en primera instancia, y con todos los que, de ordinario, le acompañaban "los pobres, las mueres, los niños, los mendigos, los cojos, los ciegos, los leprosos, los enfermos, los lunáticos, prostitutas, las viudas, borrachos y pecadores..." pues "Dios se escogió lo insensato del mundo para avergonzar a los sabios, y se escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos" (1 Corintios 1,27)

¡Bienvenidos al club....!