martes, 15 de noviembre de 2016

ZAQUEO....
¡QUÉ VIENE EL SEÑOR DE VISITA...!


Volvemos hoy a encontrarnos con la figura de ZAQUEO (Lucas 19,1-10) como hace poco ya hablamos de él (enlace aquí) hoy abordaremos su figura desde otro punto de vista, porque el Señor, al ver a la criaturica ahí, subido en el árbol para verle, porque recordemos, él no quería ser sanado de nada, ni pretendía ser discípulo suyo, ni a priori buscaba convertirse, pues solo le movía la mera curiosidad de "ver quién era Jesús", le dice "Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa".

Yo no sé vosotros, pero yo me pongo histérico, bueno, reconozcámoslo, casi todos nos ponemos nerviosos cuando viene una visita a casa; y es que en esto de las visitas siempre nos entra el nervio, pareciera como si nuestra visita, da igual que sean amigos de toda la vida, tuvieran que encontrarse con un "piso piloto" en vez de con una vivienda en la que reside y vive gente de verdad... Le decimos a los niños que recojan los juguetes del medio, escondemos las mascotas, nos aseguramos echando ambientador por todos los rincones "que no huela a perro, que no huela a tabaco, que no huela al pollo que se quemó ayer", barremos y fregamos que casi podemos hacernos un "selfie" contra el reflejo del suelo; dejamos el cuarto de baño como si estuviera a estrenar (¡sólo nos falta poner el papel de precinto que hay en los hoteles en la taza del water!), colocamos los cojines del sofá de tal manera que ni arrugas tienen, y si normalmente no somos capaces ni de freír un huevo, ese día nos da por hacer cientos de tapas de diseño, que fácilmente podríamos ganar MASTER CHEF, pero sólo el día que tenemos visita... Mi madre, además, cuando éramos niños nos advertía "Va a venir visita, absolutamente prohibido salir de vuestro cuarto, y ni mucho menos coger una aceituna de la visita... ¡qué parece que no habéis comido nunca!", luego como los niños somos niños resultaba que era, precisamente, la tarde que peor nos portábamos, más nos peleábamos, más follón hacíamos jugando, y tu madre histérica atendiendo a la visita sin saber qué coño estaba pasando más allá del pasillo, eso si no aparecía un momentito en tu cuarto y te espetaba la "amenaza de las amenazas" del tipo "espera que se vaya a visita, ya hablaremos..." y ya te quedabas tú acongojado (¡qué digo, acojonado!) rezando para que no se fuera la visita...

Supongamos, porque las personas somos así, que a ZAQUEO le entrara el mismo miedo escénico al saber que el Señor venía a su casa. Imaginémoslo preparándolo todo... recogiendo, limpiando, y escondiendo los trastos. Y por fin llega el momento temido, imaginad a ZAQUEO diciendo: "¡Pasad, Señor a mi humilde morada!" (¡humilde, dice, siendo un recaudador de impuestos corrupto, venga ya!) que ya sabemos lo importante que es la hospitalidad y la acogida en la cultura oriental... "¡Señor, fijáos en estas telas que adornan los divanes de la mesa, las hice traer de TARSIS!"; "Señor, en esta habitación guardo las botijas con el aceite, el trigo, la harina"; "Señor... ¿Sabes qué, estos platos son nuevo, los hace un cocinero de ROMA, se llama "garum", es una especie de salsa espesa de vinagre y pescado!"... Y yo me figuro al Señor, con cara de desdén, durante la visita turística por la mansión, preguntando "Pero...ZAQUEO ¿Y en ese cuartucho que no me enseñas, ¿qué es lo que hay?", y el otro disimulando "¡Nada, Señor, si es un cuartucho de nada!", y al rato vuelta a empezar" pero ZAQUEO... ¿Qué es lo que me escondes?", y vuelta a empezar "¿Yo? ¡Esconderos algo! ¡Qué va!"... pero claro ya sabemos que el Señor era muchas cosas, y una de ellas, cabezota, así que al final hemos de suponer que ZAQUEO se rendiría y le enseñaría el cuartucho... Ahí, donde precisamente tenía escondido, quizás, el producto de sus estafas, los muebles rotos, los trastos, las cosas indignas... ¿Quién no esconde cosas que cree que pueden molestar a las visitas?, y cuando uno deja que el Señor entre "dentro de nuestro corazón" a esos niveles de intimidad es cuando se produce, precisamente, la conversión.

No seamos hipócritas, ni pretendamos engañar al Señor, como hemos visto cientos de veces en los dibujos animados, "escondiendo la mierda debajo de la alfombra", tengamos la humildad de reconocer que no somos perfectos, que nuestra casa tiene niños que juegan y desordenan, perros que hacen que huela raro, que fumamos y por eso el ambiente está cargado, que donde se riega la maceta hay un cerco en el suelo, que tenemos una vida, que somos pobres, limitados, en suma, pecadores... y eso no lo disimula la limpieza y el orden exteriores, por mucho que barramos y freguemos, también lo dijo el Señor, no seamos hipócritas "¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de adentro del vaso y del plato, para que lo de afuera también quede limpio" (Mateo 23,26)... Quizás, alguno quiera escaparse, para eso es preciso que el Señor venga primero a tu casa, a tu corazón, pero eso pasa siempre, porque lo tienes a la puerta y llama, como decía MARÍA EMILIA RIQUELME: "Jesús eucarístico llama a la puerta de tu corazón… no vaciles… abre pronto. ¡Oh si se retira cansado de esperar! no. Hoy, mañana no".