martes, 1 de noviembre de 2016

TODOS LOS SANTOS
¡TODA UNA CATEQUESIS DE MISERICORDIA!


Celebramos la fiesta de TODOS LOS SANTOS, cuyo origen se encuentra en la persecución de los primeros mártires de la Iglesia. 


En efecto, la Iglesia primitiva acostumbraba a celebrar el aniversario de la muerte de un mártir en el lugar del martirio, donde si era posible se le enterraba, o si no se ocultaban y veneraban en las catacumbas. Sin embargo cuando la persecución era más intensa los mártires morían juntos, muchos de ellos, el mismo día (pensemos, por ejemplo en todos los que morían en los espectáculos dantescos del coliseo), lo cual condujo a una celebración común. En la persecución de DIOCLECIANO, el número de mártires llegó a ser tan grande, que no se podía dedicar un día para cada uno de ellos, faltaban días en el año, y también las catacumbas se designaban por el mártir de mayor renombre que allí se enterraba, como por ejemplo, las CATACUMBAS DE SANTA CECILIA. Pero la Iglesia, creyendo que cada mártir debía ser venerado, señaló un día en común para todos. La primera muestra de ello se remonta a la Iglesia de ANTIOQUÍA el domingo antes de Pentecostés, quizás como era una fiesta -desde tiempos judíos dedicada a la cosecha y para la Iglesia, su nacimiento- era como presentar al Señor "la cosecha de los mejores frutos, los mártires" quienes no en vano son, como se sabe "sangre de los mártires, es semilla de nuevos cristianos".


También se menciona este día en común en un sermón de san EFRÉN, el Sirio en el año 373. En un principio, solo los mártires y san JUAN BAUTISTA eran honrados un día especial en el calendario. Otros santos se fueron asignando gradualmente, de ordinario, al calendario a la fecha de su fallecimiento, auténtico "dies natalis" día de su nacimiento a la vida eterna, y se incrementó cuando el proceso regular de canonización fue establecido; aún, a principios del año 411 había en el calendario caldeo de los cristianos orientales una «Commemoratio Confessorum» para todos los viernes, todos los santos asociados, por martirio, cárcel o persecución, de alguna manera a la Cruz de Cristo. En la Iglesia de Occidente, el papa BONIFACIO IV, entre los años 609 y 610, consagró el PANTEÓN DE ROMA a la Santísima Virgen y a todos los mártires, dándole un aniversario. GREGORIO III (731-741) consagró una capilla en la BASÍLICA DE SAN PEDRO a todos los santos y fijó el aniversario, definitivamente, para el 1 de Noviembre. GREGORIO IV extendió la celebración del 1 de Noviembre a toda la Iglesia, a mediados del Siglo IX.

Sea como fuere, y tanto que se critica muchas veces la parcialidad o velocidad de la Iglesia con determinadas canonizaciones o beatificaciones, esta fiesta nos demuestra que hay un día, en el que, con independencia de "procesos oficiales", celebramos a todos aquellos que, muchas veces en nuestro fuero interno, en el de las propias comunidades locales, y para el "sensum fidei" (el sentir general de los fieles), ya son santos porque gozan ya de la visión de Dios, ergo, se han salvado, pueden orar e interceder por nosotros, en ese misterio que es la Comunión de los Santos. Me vais a entender con un ejemplo: En LATINOAMÉRICA todoel mundo ha hablado siempre de San ROMERO, con independencia del parecer de la Iglesia; a mí mismo siempre se me ha escapado ¡siempre! decir Santa TERESA DE CALCUTA ¡mucho antes incluso de ser beatificada!; a la muerte de San JUAN PABLO II, en su mismo funeral, la gente comenzó a exclamar "¡Santo súbito!"; yo mismo no me atrevería a manifestarme sobre la santidad de mi padre, ya difunto, pero nunca la pondría en duda de mi abuelo paterno y mi abuela materna ¡uno de cada lado, porque lo fueron, y me consta!; y salto de gozo, alegría y júbilo sabiendo que la Iglesia declaró, el 14 de Diciembre de 2015, a mi "madre y maestra espiritual", esa religiosa granadina medio desconocida, gran amante de JESÚS EUCARISTÍA (como el recién canonizado Obispo de los Sagrarios Abandonados, MANUEL GONZÁLEZ), como "veneralble" un pasito más a los altares, que a mí no me hace falta, ya la tengo elevada en "el altar de mi corazón" Mª EMILIA RIQUELME y ZAYAS.

Y la fiesta de hoy es, además, una gran catequesis, que muchas veces pasa desapercibida, y que no está mal recordar, especialmente ahora, en pleno AÑO DE LA MISERICORDIA, porque la Iglesia, cada vez que beatifica o canoniza a alguien nos da una lección sobre la misericordia de Dios, me explico: La Iglesia se siente con la autoridad y la legitimidad de proclamar "oficialmente" que FRAY LEOPOLDO está en el cielo, pero nunca se atreverá, ni osará, a sensu contrario, afirmar que un cabrón (el epíteto es mío, pero no puedo decir otra cosa de un ser que fue responsable de la muerte de millones de personas, sea de forma directa, por el genocidio, o indirecta, por la II GUERRA MUNDIAL) como HITLER, se encuentre en el infierno... porque la Iglesia, sabedora de ese abismo infinito de misericordia que es el corazón de Dios no es capaz de saber si Dios, en su infinita misericordia, halló algo en él para salvarlo en el último momento, por eso la Iglesia proclama santos, pero nunca identifica condenados... ¡Aprendamos de ello antes de juzgar a nadie!