lunes, 28 de noviembre de 2016

NO QUEBRARÁ LA CAÑA CASCADA,
EL PÁVILO VACILANTE NO LO APAGARÁ.


El centurión romano que se acerca ha pedir al Señor "que sane a su criado, paralítico, echado en cama y sufriendo mucho" (Mateo 8,5-11) es bastante conocido, no sólo por el Evangelio de hoy, sino que además debería ser bastante conocido en su época: Al fin y al cabo, junto con el gobernador extranjero impuesto, PILATOS, era expresión de la ocupación militar y de la autoridad; sabemos por el Evangelio que era apreciado por los judíos, quizás intentó ganárselos, pareciendo conciliador, pues se nos dice que los anciano de entre los judíos le dicen al Señor "es digno de que le concedas esto; porque ama a nuestra nación y nos ha hecho la sinagoga" (Juan 7,4-5). 

Precisamente por esto, por ser "bastante conocido" se convierte en un personaje público, expuesto, siempre ajo la atenta observancia de los demás, seguramente en el centro de sus conversaciones, y como suele suceder, nunca a gusto de todos: Si consideramos, desde la óptica del Derecho Romano que un esclavo ni siquiera era persona, que no era sujeto titular de derechos y obligaciones, sino que tenía casi la consideración de un objeto, no resulta fácil admitir que uno puede tener sentimientos de compasión hacia sus esclavos y siervos, esto sería visto como una señal de debilidad por sus contemporáneos romanos, y hasta por el pueblo militarmente oprimido; si por el contrario eres duro, inflexible, agresivo, nunca te quitarás la imagen de ser el invasor, el agresor injusto, especialmente entre los nacionalistas zelotas.

Os digo esto porque recientemente han fallecido dos personajes públicos, FIDEL CASTRO y RITA BARBERÁ, y casi daba asco asomarse a las redes sociales por la de barbaridades dichas sobre uno y otro, acabamos de salir del AÑO DE LA MISERICORDIA, y muchos perfiles religiosos, que tanto han compartido en redes la última palabra o gesto de misericordia del Papa FRANCISCO, ahora se erigen en inquisidores a los que sólo les ha faltado, bueno, algunos lo han hecho, mandar al infierno a cualquiera de ellos dos... ¡Qué lejos de la misericordia de Dios, cuyo corazón misericordioso es un abismo insondable!, y que lejos de este tiempo de ADVIENTO que comenzamos, esperando al Señor, al Mesías, uno de cuyos atributos de misericordia, según ISAÍAS, es precisamente, que no viene "a quebrar la caña cascada, ni apagar el pábilo vacilante" (Isaías 42,3)

Yo tampoco estoy exento de culpa, he buscado en las redes sociales mis propios tuits sobre RITA BARBERÁ y he encontrado dos, ciertamente dos bromas, dos memes de esos, no entre los más ofensivos, no entre los más hirientes, pero dos bromas a su costa, al fin y al cabo... por asociación de ideas, por aquello de la condena pública a la que ha sido sometida y la persecución mediática, me acordé de la estación del VÍA CRUCIS, la primera, de JESUCRISTO CONDENADO A MUERTE, y como tengo la costumbre, desde hace tiempo, de escribir un VÍA CRUCIS cada Viernes Santo me ha dado por rebuscar qué es lo que yo mismo escribí, oré y medité al respecto:



El autor de la Ley sometido como hombre a la ley.
¿Se puede juzgar la autoridad?
Juzgamos al político, nuestro servidor público...
Juzgamos al Obispo, nuestro pastor...
Juzgamos a nuestro jefe, nuestro patrón...
Juzgamos a los ancianos, nuestros consejeros...
- "¿No sabes que tengo autoridad para condenarte?"
. "¿No sabes que no tendrías ninguna autoridad si no te hubiese sido dada?"
¿Dónde queda, entonces, la autoridad?
¿Quién juzga a quién?
Y siempre, como siempre, desde siempre,
en el medio, una mujer, que intercede:
- "Ten misericordia de ese hombre.... Es inocente"
- "Ten misericordia de mi marido, Señor... Es inocente"

A la vista de la anterior reflexión es normal que la muerte de RITA BARBERÁ me haya causado, al margen de condicionamientos políticos, cierto sentimiento de culpa, como dice el texto "una vez más, una mujer en el medio", porque todo este episodio me ha servido para darme cuenta ¡la letra con sangre entra, dice el refrán! de la importancia de no juzgar a nadie ¡y no tanto por el hecho de que no me juzguen a mí! porque a mi pobreza, mi pecado y mi torpeza es muy fácil encontrarle incoherencias, falta y pecados, sino para no volver a caer más, en la medida de lo posible, en el juego fácil de condenar, juzgar, ridiculizar a los demás, mucho menos su honor, intimidad e imagen, porque todo lo demás se puede curar, pero lo anterior no tiene remedio, eso ya permanece para siempre.


Cuando unos integristas islámicos asesinaron al sacerdote francés JACQUES HAMMEL, pocos meses después se hizo publico, por él mismo en las redes sociales y en su propio periódico, que el prestigioso periodista musulmán SOHRAB AHMARI, de origen iraní y periodista del WALL STREET JOURNAL, había quedado tan impresionado que había empezado a dar pasos para "convertirse al catolicismo, bajo la dirección espiritual y catequesis del Oratorio de San FELIE NERI de LONDRES", de la misma forma, mutatis mutandis, el asco que me ha producido la forma en que la gente, y ciertos políticos, han hecho mofa simplemente de un motivo de dolor, como es la muerte de un ser humano, RITA BARBERÁ, es lo que me ha llevado a tomar la firme resolución (¡que espero cumplir con vuestra ayuda, es decir que estéis vigilantes para corregirme si, a partir de ahora, no lo cumplo!) de no enzarzarme en bromas, dimes y diretes, juicios de valor, críticas fáciles, sobre ninguno de mis hermanos, sean personajes públicos o no, porque todos somos seres humanos, con nuestros errores y aciertos, luces y sombras, éxitos y caídas, lucidez y pecado, y todos somos únicos, irrepetibles y amados por Dios, o no diría el Salmo "mucho le cuesta al Señor la muerte de sus hijos" (Salmo 116,15)