domingo, 6 de noviembre de 2016

MATRIMONIOS, EN EL CIELO O EN LA TIERRA....


Del Evangelio de hoy (Lucas 20,27-38):


Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.» Jesús les contestó: «En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles.» 

Hoy puede que lo que me suscita este Evangelio de hoy no sea del agrado de todos, especialmente de los matrimonios, pero es que a veces la Iglesia, que se supone que es la única depositaria de la interpretación de la Palabra (ahí su enfrentamiento con el luteranismo, que daba la facultad de entender y comprender la Palabra de Dios al común de todos los bautizados) o  nos explica del todo las cosas, o pasa de puntillas sobre ciertos temas que parece que se contradicen entre sí, y el de las cuestiones matrimoniales parece ser uno de ellos (de ahí los recientes sínodos de la familia celebrados, cuyas polémicas ni si quiera ha logrado acallar del todo la Declaración Apostólica Postsinodal "Amoris Laetitia" del Papa FRANCISCO, y eso que es "magisterio" de la Iglesia) porque para defender la indisolubilidad del matrimonio la Iglesia siempre recurre a la consabida cita "lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre" (Mateo 19 3-6), y sin embargo hoy, al contrario, para defender la resurrección parece que se debilita la indisolubilidad del matrimonio, me explico:

Es verdad, como defiende de la Iglesia, que la indisolubilidad del matrimonio concluye con la muerte, por eso nada impide que un viudo o una viuda se puede casar en segundas nupcias ¡y hasta en séptimas, como hemos visto hoy! pero hemos de entender que a todos los efectos, es decir, tanto para los vivos y como para los muertos, que estas palabras del Señor lo dejan bien claro... A la vista de lo anterior, a mí se me hace duro pensar en mis abuelos, por ejemplo (ya fallecidos ambos), porque cuando mi abuelo murió y mi abuela quedó viuda llevaban casados la friolera de sesenta y seis años, que no se me ocurre pensar en un dolor mayor, pues como dije yo en su día al enterarme de la muerte de mi abuelo "mi abuela debe sentir como si le hubiesen arrancado medio corazón", no en vano, citando de nuevo la Escritura el Cantar de los Cantares dice "más fuerte que la muerte es el amor" (Cantar 8,6), que después de toda una vida juntos, en el amor y la fidelidad mutuas, que en el cielo no se vayan a reconocer como tales esposos, como el amor que se tuvieron en vida... 

...Y a la inversa, pues mire usted, que me sucede exactamente lo mismo, que si duro se me hace pensar que unos esposos fieles, amantes y que han fundado una familia su premio, como tales esposos, como familia cristiana, es decir "carne de la misma carne, se harán los dos una sola carne", sea el no reconocerse en el cielo, como que un matrimonio mal avenido en la tierra no se pueda divorciar "porque su unión es para toda la vida", cuando al final, llegada la muerte, ni los amantes esposos, ni los matrimonios mal avenidos, problemáticos, de maltrato, etc, etc... van a obtener nada ¡NADA! a cambio de ninguna de las dos actitudes, salvo la vida eterna, claro, pero como matrimonios, como familia, como equipo de vida ¡NADA! insisto, o sea que desde el descarnamiento que supone la vida futura allá en el cielo, igual da -demostrado queda- un matrimonio cristiano ejemplar como un matrimonio cuya convivencia sea un auténtico infierno.

Verdaderamente, no entiendo cómo la Iglesia se atreve a exigir a los matrimonios una vida de consuelo, fidelidad, cariño y comprensión mutuos si el futuro de ello es la nada ¡insisto, como tales matrimonios!, y cómo se atreve a exigir a matrimonios rotos, problemáticos, infieles, maltratadores que apechuguen con las consecuencias de la indisolubilidad matrimonial...

Será que yo no estoy casado, será que nunca ningún sacerdote, párroco, me lo explicó, pero me gustaría, por un día, saber vuestra opinión al respecto...