miércoles, 23 de noviembre de 2016

ESTAD SIEMPRE ALEGRES EN EL SEÑOR


Hoy,en vez de centrarme en el Evangelio del día, permitidme que me centre, en un par de párrafos sublimes de la reciente Carta Apostólica del Papa FRANCISCO "Misericordia et miseria", en la que me veo reflejado fielmente:

Qué significativas son, también para nosotros, las antiguas palabras que guiaban a los primeros cristianos: «Revístete de alegría, que encuentra siempre gracia delante de Dios y siempre le es agradable, y complácete en ella. Porque todo hombre alegre obra el bien, piensa el bien y desprecia la tristeza [...] Vivirán en Dios cuantos alejen de sí la tristeza y se revistan de toda alegría». Experimentar la misericordia produce alegría. No permitamos que las aflicciones y preocupaciones nos la quiten; que permanezca bien arraigada en nuestro corazón y nos ayude a mirar siempre con serenidad la vida cotidiana. En una cultura frecuentemente dominada por la técnica, se multiplican las formas de tristeza y soledad en las que caen las personas, entre ellas muchos jóvenes. 

En efecto, el futuro parece estar en manos de la incertidumbre que impide tener estabilidad. De ahí surgen a menudo sentimientos de melancolía, tristeza y aburrimiento que lentamente pueden conducir a la desesperación. Se necesitan testigos de la esperanza y de la verdadera alegría para deshacer las quimeras que prometen una felicidad fácil con paraísos artificiales. El vacío profundo de muchos puede ser colmado por la esperanza que llevamos en el corazón y por la alegría que brota de ella. Hay mucha necesidad de reconocer la alegría que se revela en el corazón que ha sido tocado por la misericordia. Hagamos nuestras, por tanto, las palabras del Apóstol: «Estad siempre alegres en el Señor» (Filipenses 4,4; Cfr. 1 Tealonicenses 5,16).

"Estad siempre alegres en el Señor" y digo que el Papa FRANCISCO pareciera conocerme muy bien al redactar este par de párrafos porque, pese a quien pese, y no es que me ponga medallas, pero en todo, ante todo y por mucho que se tuerzan las cosas, casi siempre suelo tener un optimismo a prueba de bombas, y tengo una gran habilidad para hacer un chiste, una gracia, un comentario irónico de casi cualquier cosa... Pero no es mérito mío, es mérito del Señor en mí, repitámoslo "estad siempre alegres en el Señor", certeza que tengo desde que vi en persona el Cristo sonriente de JAVIER, en NAVARRA, que sí, que estaba muriendo, en Cruz, pero haciéndole al demonio y a la muerte la broma de las bromas "créete mi derrota, que no sabes la que te espera", por eso sonríe, porque lo sabe... y diría que he tenido buenos maestros, por todos San JUAN MARÍA VIANNEY, o San FELIPE NERI, o Santo TOMÁS MORO, bromistas y optimistas todos ellos donde los haya, pero hoy, además, feliz coincidencia, se celebra la memoria de un beato tocado también por un profundo sentido del humor, y mártir, para más señas, se trata del jesuita Beato MIGUEL AGUSTÍN PRO, fusilado durante la revolución anticristiana en MÉXICO, aunque no os aburriré con datos biográficos, os remito para ello a la WIKI en el siguiente enlace, que yo hoy sólo quiero compartir con vosotros un trazo de su excelente sentido del humor,ya que desde hoy mismo lo incorporo a mi nómina de maestros del humor:

En un momento dado de su vida tuvo que ser operado, y como consecuencia de la operación permanecer varios días de convalecencia en un hospital religioso, atendido por religiosas, como alguien le dijera que "parecía descortés haber recibido tantas cartas y notas de recuperación, de parte de sus compañeros, seminaristas, sacerdotes y padres jesuitas, sin responder" tomó lápiz y papel y escribió esta carta a sus correligionarios, que tanto habían orado por él, la operación y su recuperación:

Muy amados en Cristo padres y hermanos míos:

 ¡Salud y bendición apostólica!

¡Gracias, muchas gracias, pero muchísimas gracias por sus oraciones y mementos! A ellas debo el que no haya tomado el revólver y haya cortado el hilo.. no de mi vida, sino el que retiene en esta santa clínica o prisión de Saint-Remy. (…) Para distraerlos un poco -y distraerme yo un mucho- les contará dos cosas. (la primera no es tan interesante) (…) La segunda cosa que voy a decir, casi no la quiero decir.

Miren hijos, no se desedifiquen si me ven violar la clausura monjil el domingo 31 de enero y me miran penetrar en el comedor de estas monjas, mis carceleras.

El 31, se celebró la fiesta de la muy reverenda madre superiora de la clínica. A las 4 de la tarde me conceden dejar la cama, para asistir a las comedias familiares de las nuestras. Un padre de Enghien va a ir y… allá voy yo renqueando.

En sendos sillones (el mío tenía encima un cojín de hule con aire comprimido) se colocan de izquierda a derecha la reverenda madre general, el muy reverendo padre Pro, la reverenda madre superiora. Detrás de la plebe; monjas y monjas; como ochenta.

Cinco minutos de charla íntima y casera, aunque de lata mística a lo que a mí se refiere, y… tin, tin, tin. Va a comenzar la función. No voy a describírsela, pues no me creerán o dirán que exagero. Y no es para menos, y aun yo mismo me frotaba los ojos por ver si soñaba…

En los intermedios, una monja vestida de cura, echó un sermón de santa Epifanía, virgen y mártir, madre de los tres reyes magos, que nos hizo tender de risa. Al final de todo, un canto a la madre superiora, en el que repetían su nombre muchas veces y cada vez hacían una profunda inclinación de cabeza. Pero el trueno gordo fue al acabarse la fiesta. La reverenda madre generala se levanta y me pide delante de todas sus hijas, que les cante una canción que yo había compuesto en francés… Yo, modesto y tímido, me resisto; alego mi debilidad, mi impericia, mi enfermedad. Nada valió; un murmullo se levanta de entre la plebe monjil, y… (a lo que llegas, Pro infeliz), más rojo que una sábana blanca, me subo al escenario y canto mi canción, que obtuvo un éxito colosal, digo mal, un éxito bestial. Y si ustedes supieran cuál era el texto en francés que me inventé, me colgarían.

Casi me comían a besos a la salida. Y yo del brazo de mi cojín de hule, más avergonzado que ellas y sudando la gota gorda, me fui a mi cuarto y no a dormir sobre mis laureles, pues la fiesta me dio un buen dolor de cabeza que me desveló toda la noche. Claro, tenía que pagar mis majaderías.

He rehusado mil veces dar por escrito mi canción, que no sé si la quieren para lectura espiritual y que yo no suelto, ¡por temor que sea un agravante cuando se trate de mi canonización!

Siendo esto así, carísimos padres y hermanos, ustede perdonen la lata que les he dado; pero el gustazo que he tenido en charlar con sus mercedes, disminuirá en gran parte, debido a su caridad (de ustedes) mi largueza de tinta y de gusto en escribir.

De todos, ínfimo en el Señor, capellán, confesor ordinario o extraordinario, consejero, director y consultor.

Daría gustoso mi vida, ¡con lo curiosón que yo soy!, por saber qué les cantaría en francés, para que no le entendieran, y qué clase de disparates, dirigió a las religiosas riéndose de ellas y de según que ñoñeces de la época, pero por más que he buscado (¡creo que casi tanto como el abogado del diablo de su causa de beatificación!) no lo he encontrado... 



Murió fusilado el día 23 de Noviembre del año 1927, camino al lugar de fusilamiento uno de los agentes le preguntó si le perdonaba. El Padre le respondió: "No solo te perdono, sino que te estoy sumamente agradecido".  Le dijeron que expusiera su último deseo.  El Padre PRO dijo: "Yo soy absolutamente ajeno a este asunto... Niego terminantemente haber tenido alguna participación en el complot (...) Quiero que me dejen unos momentos para rezar y encomendarme al Señor". Se arrodilló y dijo, entre otras cosas: "Señor, Tú sabes que soy inocente. Perdono de corazón a mis enemigos".