martes, 29 de noviembre de 2016

ADVIENTO
¡OTRA VEZ CON LA ALEGRÍA!

Del Evangelio de hoy (Lucas 10,21-24) sólo hay que retener una cosa, una actitud del Señor, muy propia además de este tiempo de Adviento, la alegría del Señor: "En aquella hora Jesús se lleno de la alegría en el Espíritu Santo", no es una alegría cualquiera, si nos fijamos en el contexto del pasaje de hoy, veremos que los discípulos acababan de realizar la misión que Jesús les había encomendado recorriendo los pueblos y aldeas de la región y estaban de regreso. Ellos regresan felices porque todo ha ido bien. Jesús, por su parte, estalla de alegría impulsado al ver cómo el Reino de Dios comienza a manifestarse en la acogida y la buena voluntad  de la gente más sencilla y sin prejuicios. Es la alegría propia de las cosas que comienzan, la ilusión de los proyectos que empiezan a caminar, esos fugaces momentos de la vida en que, como si todo se detuviera, nos damos cuenta de que todo está bien, nada perturba el horizonte, y nos sentimos felices.

Esta alegría es el "santo y seña" del Evangelio, no en vano, el Evangelio de MARCOS comienza diciendo "principio de la Buena Noticia de Jesucristo" (Marcos 1,1), el Papa FRANCISCO principia su Exhortación Apostólica sobre la evangelización, EVANGELII GAUDIUM, recordándonos precisamente lo mismo:

El Evangelio, donde deslumbra gloriosa la Cruz de Cristo, invita insistentemente a la alegría. Bastan algunos ejemplos: «Alégrate» es el saludo del ángel a María (Lucas 1,28). La visita de María a Isabel hace que Juan salte de alegría en el seno de su madre (Cfr. Lucas 1,41). En su canto María proclama: «Mi espíritu se estremece de alegría en Dios, mi salvador» (Lucas 1,47). Cuando Jesús comienza su ministerio, Juan exclama: «Ésta es mi alegría, que ha llegado a su plenitud» (Jn 3,29). Jesús mismo «se llenó de alegría en el Espíritu Santo» (Lucas 10,21). Su mensaje es fuente de gozo: «Os he dicho estas cosas para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría sea plena» (Juan 15,11). Nuestra alegría cristiana bebe de la fuente de su corazón rebosante. Él promete a los discípulos: «Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría» (Juan 16,20). E insiste: «Volveré a veros y se alegrará vuestro corazón, y nadie os podrá quitar vuestra alegría» (Jn 16,22). Después ellos, al verlo resucitado, «se alegraron» (Juan 20,20). El libro de los Hechos de los Apóstoles cuenta que en la primera comunidad «tomaban el alimento con alegría» (Hechos 2,46). Por donde los discípulos pasaban, había «una gran alegría» (Hechos 8,8), y ellos, en medio de la persecución, «se llenaban de gozo» (Hechos 13,52). Un eunuco, apenas bautizado, «siguió gozoso su camino» (Hechos 8,39), y el carcelero «se alegró con toda su familia por haber creído en Dios» (16,34). 

Y añade el Señor: "Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien", porque son los pobres y los sencillos los que, no teniendo nada más que a Dios, saben que todo lo demás es relativo, por eso están alegres, por eso se pueden reír de cualquier cosa... No seamos esos cristianos con "cara de pepinillo en vinagre" que escondemos la alegría del Evangelio, y espantamos a los demás, como dice el Papa FRANCISCO, no seamos -ya sabéis que soy un payaso innato- como una crítica de las religiones que he encontrado en un blog, y que me ha hecho más daño que cualquier blasfemia, porque si es es la imagen que damos, mucho me temo que no hemos entendido nada, dice así:

Criticar la religión puede ser incómodo, pero no es gratuito. Si algo ha caracterizado a las religiones a lo largo de la historia, es su odio al sentido del humor. Nunca te matan por llorar por algo, pero sí por reírte de ese algo. Está bien recordar que muchas religiones, cuando podían, cuando eran fuertes, exterminaban a quienes se reían de sus creencias. Y lo siguen haciendo en muchas partes del mundo. El resto viene con la sonrisa amable, con el chupito gratis de la caridad, con el flyer del amor al prójimo y el dos por uno de la Salvación, pero su local sigue lleno de represión, supersticiones y deseo de poder. Aprovechemos que ahora es nuestro turno, y consolémonos con el célebre “quien ríe el último, ríe mejor”.

Cierto,"el que ríe el último, ríe mejor", pero no como defiende el autor del párrafo anterior, porque el que va a reír el último va a ser siempre el Señor, por eso acompaño estas últimas líneas con la siguiente foto, alguna vez que lo he hecho en redes sociales "me han dicho de todo, menos bonico", a mucha gente se les antoja una especie de blasfemia, pero la actitud que muestra el Señor en esta foto en nada me parece ofensiva, primero, nos gusta decir "Jesús, amigo que nunca falla" ¿Te lo crees? Si te lo crees esta imagen no te debe parecer ofensiva ¿o es que ningún amigo tuyo nunca te hizo este gesto cómplice? Y en segundo lugar porque estoy convencido de que lo primero que escucharemos al morir será una gran carcajada de Dios mientras nos dice: "¡Anda, bonico, ven aquí! ¡Qué poco has entendido....! ¡Anda, ven que te abrace!"