viernes, 25 de noviembre de 2016

A MI NO ME ROBA LA ESPERANZA UN APOCALIPSIS...


Ayer, entre unas cosas y otras, no pude escribir en el blog, quizás es que tampoco el tema me llamara mucho la atención, ya os acordaréis del Evangelio de estos días pasados... ¡los signos escatológicos de la venida del Señor! lo que el resto de los mortales llaman "el fin del mundo" de forma vulgar... que si las guerras, los terremotos, las hambrunas, los prodigios en el cielo, el sol, la luna y las estrellas... y es que sinceramente, la escatología nunca me ha interesado mucho... ¡No me interesa mi propia muerte, como para estar pendiente del fin del mundo!

Entendedme bien, por supuesto, sé que voy a morir, no soy tan iluso, y que he de llegar a la eta de mi vida en condiciones, lo haré de forma lamentable, eso ya lo sé, pero bueno, ya sabemos lo de la santidad,ser mejores y todo eso,solamente digo que la muerte no es algo que me obsesione, ni marque mi temor por el mañana, ni me reste fuerza, energías, optimismo e ilusión para este presente... como decía el filósofo (me sé la cita, pero no el autor) "¿Para qué preocuprme de la muerte? Cuándo ella esté, no estaré yo; si estoy yo, no estará ella", pues lo mismo me sucede con el fin del mundo, en el plan peliculero apocalíptico, que si sucede y aún estoy entre los vivos, haré como el profeta JONÁS ante lo que él creía que iba a ser la destrucción de NÍNIVE, o como los SIMPSONS en ese episodio sobre el fin del mundo, me subiré a la terraza a ver el espectáculo; y si cuando acontezca ya he fallecido... ¡qué apechuguen los que haya entonces!

Una cosa tengo clara sobre el fin del mundo, sea como fuere, como concluía el Evangelio de ayer, "sabed que vuestra liberación está cerca" ¡Viene el Señor! Que pega muy bien con este tiempo de Adviento que vamos a comenzar, es decir ¡Maranatha, ven, Señor, Jesús!, esa es la esperanza, los medios y las formas, por más que las películas intenten imaginar escenarios apocalípticos, es lo de menos... 

Por eso me agrada y caldea más mi corazón el Evangelio de hoy (Lucas 21,29-33) cuando el Señor nos dice "Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles: Cuando veis que ya echan brotes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando el verano. Igualmente vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios", porque ante los pesimismos, los profetas de calamidades, los agoreros, los desastres y las calamidades, siempre será mejor mantener la actitud del vigía, del centinela, como decia el profeta JEREMÍAS (Jeremías 1,11-12) "El Señor me dirigió la palabra “¿Qué ves, Jeremías?” Respondí: “Veo una rama de almendro”. Me dijo: “¡Has visto bien! Yo también estoy alerta para cumplir mi palabra”, En este caso el profeta juega con la sonoridad de las palabras, de esta forma “almendro” (en hebreo שָׁקֵד, shaquéd) –entre otras cosas, como sabemos, el árbol más temprano para florecer, como adelanto y presagio de la primavera, y “vigilar, estar alerta” (en hebreo שָׁקַד, shacad) denotando la actitud del profeta para atisbar, en los pequeños gestos que el Señor adelanta, como el florecer del almendro, el cumplimiento de sus promesas definitivas “que se cumpla mi palabra” y el cumplimiento por excelencia de la PALABRA es JESUCRISTO, acontecimiento que descubriremos en Navidad, tras este tiempo de espera, como el almendro latente, como la higuera reventona de yemas, que es el Adviento, y si la Palabra se ha de cumplir, creamos lo que el Señor nos dijo hace unos días (Lucas 17,20-25) "el reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el Reino de Dios está dentro de vosotros".

Así que mantengamos agudizada la vista, afinado el oído, alertas los sentidos, para percibir que el Señor viene, que su Reino está en nosotros, que ninguna noticia buena, amable, tranquila, gozosa pase desapercibida, compartámosla hasta el infinito; que nunca parezca que el mal es el que prevalece, porque mientras una especie se extingue hay un niño acariciando a su perro con inocencia; mientras una guerra estalla en el mismo lugar hay un ejército de héroes, enfermeros, médicos, misioneros, religiosos, civiles, que harán todo lo posible por paliar ese dolor, restañarlo y sanarlo; porque hoy han muerto muchas personas en la tierra, todas ellas exquisitas, insustituibles, amadas por Dios "mucho le cuesta al Señor la muerte de sus hijos" (Salmo 116,15), insustituibles para sus familiares y amigos, pero tantas otras nacen hoy, sintiendo por vez primera la luz del sol "cada vez que nace un niño, Dios manifiesta su esperanza en el hombre", y que así sea, siempre en nuestras vidas, vaya lo bueno por delante. Quizás me esté excediendo en el tiempo, litúrgico, se entiende, pero vivamos siempre desde la esperanza y el gozo del anuncio de los ángeles a los pastores "¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor!"


Y ahora, justo que esto escribo, me acabo de dar cuenta de lo que significa eso otro, en plan escatológico, del fin del mundo, que decía el Señor de que "os digo que en aquella noche estarán dos en una cama; uno será tomado y el otro será dejado. Estarán dos mujeres moliendo en el mismo lugar; una será tomada y la otra será dejado" (Lucas 17,34), porque acabo de llegar a la conclusión del que al que se llevan es precisamente al "falto de esperanza", porque "no esperar al Señor" es sin duda la mayor descortesía. Seamos siempre mensajeros de esperanza, heraldos del aleluya.