domingo, 30 de octubre de 2016

ZAQUEO JUNTO AL SEMÁFORO...


Nos parece entrañable la escena del Evangelio de hoy (Lucas 19,1-10) por la que ZAQUEO se sube a un árbol para ver pasar al Señor: "Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad. Vivía en ella un hombre rico llamado Zaqueo, jefe de los que cobraban impuestos para Roma. Quería conocer a Jesús, pero no conseguía verle, porque había mucha gente y Zaqueo era de baja estatura. Así que, echando a correr, se adelantó, y para alcanzar a verle se subió a un árbol junto al cual tenía que pasar Jesús" 



Aunque la escena es algo que podemos ver muchas veces en la actualidad, curiosamente "al paso del Señor" cuando nos encontramos en Semana Santa gente que se encarama a árboles, farolas, semáforos, lo que haga falta... ¡hasta las monjitas de clausura se encaraman en los tejados!.

Cuando estuvimos de peregrinación en TIERRA SANTA hubo lugares en los que por las prisas, que para nuestro guía siempre andábamos faltos de tiempo, no pudimos ver, como por ejemplo LA GRUTA DE LA LECHE en BELÉN, o la TUMBA DE LÁZARO en BETANIA, y otras cosas que simplemente vimos de paso, literalmente, de paso, es decir, sin detenernos; de esta manera cuando estuvimos en JERICÓ, para visitar las excavaciones arqueológicas de la ciudad, una de las más antiguas de la humanidad, la de las famosas "trompetas de JERICÓ" y las murallas que se derrumbaban al paso del ARCA DE LA ALIANZA, al detenernos en un semáforo el fraile franciscano que era nuestro guía dijo, por la ventanilla podéis ver el árbol donde según la tradición se subió ZAQUEO par ver pasar al Señor (el árbol tiene la historia del Evangelio contada en una placa y un icono de la misma); yo me bajé del autobús para echarle una foto y verlo de cerca, y mientras estaba en ello... ¡el autobús arrancaba y se iban sin mí! ZAQUEO en ese árbol no quiso perderse al Señor, y en ese mismo árbol la peregrinación iba a perderme a mí...

Antes dije que la gente, especialmente en Semana Santa y procesiones, se sube encima de cualquier cosa para mejor ver pasar al Señor, pero la actitud, mucho me temo, no es, ni de lejos como la de ZAQUEO "bajó aprisa, y con alegría recibió a Jesús. (...) levantándose entonces, dijo al Señor: «Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes; y si he robado algo a alguien, le devolveré cuatro veces más", a este respecto os comparto el comentario de FILOMENO DE MABBUG (Obispo en SIRIA, en el año 532) que nos resalta en primer lugar que "es una cosa admirable que Zaqueo haya creído en Él sin que Nuestro Señor le hubiese hablado y sin haberlo visto antes con los ojos de su cuerpo, sino simplemente por la palabra de los otros" ¡Aprendamos de ello! Si ZAQUEO quería conocer al Señor era porque primero había oído hablar de él, ya se encargó el Señor de hacerse el encontradizo en su vida, nosotros hablemos del Señor a los demás, la conversión nunca vendrá por nosotros, si no cuando el Señor quiera hacer crecer lo que primero sembramos ¡las conversiones son siempre un proceso, de la noche a la mañana no se producen! y en ella siempre es fundamental el testimonio que los demás podamos dar.

Y en segundo lugar, siguiendo con el comentario de FILOMENO DE MABBUG nos recalca la importancia de la sencillez, en todo, pues nos advierte "la simplicidad ha derramado por todos lados lo que la astucia había recogido, la pureza de alma ha dispersado lo que el engaño había adquirido, y la fe ha renunciado a lo que la injusticia había obtenido y poseído, y ha proclamado que todo eso no le pertenecía", porque a ZAQUEO le bastó la simpleza de creer en el Señor "de oídas", encontrarse con él, y darle la vuelta a su vida, como un calcetín, sin grandes discursos ni teologías, el Señor sólo le dijo "Zaqueo, baja en seguida porque hoy he de quedarme en tu casa" y la fe sencilla hizo el resto, una vez más queda confirmada la tesis, que el Señor también nos enseña "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios y entendidos, y las revelaste a los sencillos" (Mateo 11,25).