sábado, 22 de octubre de 2016

TOTUS TUUS
San JUAN PABLO II y MARÍA


Hoy se celebra la fiesta de San JUAN PABLO II, y además es Sábado, el día de la semana consagrado tradicionalmente a honrar de manera especial a MARÍA, por la que San JUAN PABLO II tenía un gran afecto y una gran devoción, reflejado en la omnipresente "M" de MARÍA en su escudo papa, junto con el lema "TOTUS TUUS" ("¡Soy todo tuyo!"), de hecho puede que os parezca rara esta imagen que os comparto, se trata de San JUAN PABLO II, en su etapa de Arzobispo de CRACOVIA, en una de esas excursiones a la montaña que tanto le gustaba hacer con los jóvenes, se encuentra en un ambiente cómodo, jovial, distendido, cargado de papeles y libros pese a estar descansando ¡siempre estaba leyendo u orando!, a su lado tiene un pez, seguramente pescado por él o alguno de los jóvees en el río, pero fijaros en un detalle, al cuello, por aquello de estar de campo, ni cruz pectoral, ni nada, tan sólo un detalle, que no le abandonó desde niño, su sencillo y desgastado escapulario marrón, de sencilla tela, de la VIRGEN DEL CARMEN. Y esta foto pretende demostrar otra cosa, lo santos no son ni superhéroes, ni extraterrestres, como solemos deformarlos, fueron personas -como tu y como yo- que hicieron las mismas actividades que nosotros, tan nimias como una excursión al campo, pero siempre ¡más cerca del Señor, mas orantes y más confiando en Él que nosotros, los que no lo somos!


Así que hoy, para no oscurecer con mis torpes palabras ninguno de los dos acontecimientos, os comparto simplemente esta oración de San JUAN PABLO II a MARÍA poniendo bajo su amparo a todos los jóvenes del mundo, tan necesitados como siempre de una guía en su camino de la vida, de un cauce correcto por el que encauzar sus legítimas aspiraciones de cambio y transformación del mundo, la auténtica esperanza de un mundo mejor en lo que les fallamos, o hasta donde pudimos construir, las generaciones que les precedimos:

"He ahí a tu Madre» (Juan 19, 27)

Es Jesús, oh Virgen MARÍA,
quien desde la cruz
nos quiso encomendar a ti,
no para atenuar,
sino para reafirmar
su papel exclusivo de Salvador del mundo.

Si en el discípulo Juan
te han sido encomendados
todos los hijos de la Iglesia,
mucho más me complace
ver encomendados a ti, oh MARÍA,
a los jóvenes del mundo.
A ti, dulce Madre,
cuya protección he experimentado siempre,
esta tarde los encomiendo de nuevo.
Bajo tu manto,
bajo tu protección,
todos buscan refugio.

Tú, Madre de la divina gracia,
haz que resplandezcan con la belleza de Cristo.
Son los jóvenes de este siglo,
que en el alba del nuevo milenio
viven aún los tormentos que derivan del pecado,
del odio, de la violencia,
del terrorismo y de la guerra.
Pero son también los jóvenes a quienes la Iglesia
mira con confianza, con la certeza
de que, con la ayuda de la gracia de Dios,
lograrán creer y vivir
como testigos del Evangelio
en el hoy de la historia.

Oh, MARÍA,
ayúdales a responder a su vocación.
Guíalos al conocimiento del amor verdadero
y bendice sus afectos.
Sostenlos en el momento del sufrimiento.
Conviértelos en anunciadores intrépidos
del saludo de Cristo
el día de Pascua:  ¡La paz esté con vosotros!
Juntamente con ellos,
también yo me encomiendo
una vez más a ti,
y con afecto confiado te repito: 
¡Totus tuus ego sum!
¡Soy todo tuyo!

Y también cada uno de ellos,
conmigo, te dice: 
¡Totus tuus!
¡Totus tuus!

Amén.