viernes, 21 de octubre de 2016

LOS LEONES DEL CONGRESO: JUDÁ y CRISTO.


Quedan diez días para la formación de Gobierno en ESPAÑA, si es que es posible, o los plazos constitucionalmente marcados nos abocarán a unas terceras elecciones, en poco más o menos de un año, que es el mismo tiempo que llevamos sin Gobierno, y aunque es verdad que los cristianos vamos de paso por este mundo, como dice San PABLO (Filipenses 3,20) "en cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde anhelamos recibir al Salvador, el Señor Jesucristo", no menos cierto es que -como decía TERENCIO- "hombre soy, nada humano me es ajeno", por lo que como cristianos no podemos sustraernos a la responsabilidad y las obligaciones de este mundo, por el que con todo, vamos de peregrinos, pues es San PABLO también el que nos dice "sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo. Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia", por lo que no es malo someterse a las leyes que nosotros mismos nos hemos dado, no es malo que los cristianos participen en política "en conciencia" -como dice- y por, ende, que podamos opinar del tema.

Creo que es una cita de CHARLES PÉGUY, en su obra "Diálogo entre la Historia y el alma pagana" el que dice algo así (pues cito de memoria) "de la ciudad pagana se erigió la ciudad cristiana, de la ciudad antigua se levantó la ciudad de Dios, y para nada esta ciudad puede ser considerada una nimiedad, un cero a la izquierda, un cero de ciudad", y en esta ciudad vivimos los católicos, y es absurdo y antievangélico que nos sintamos acobardados, apocados, sumisos y callados ante la cuestión política, es lo que nos enseñaba San AGUSTÍN en su obra titulada, precisamente, "La Ciudad de Dios", cuya enseñanza muy resumida es que el cristianismo, pese  ser la religión oficial del Estado, desde el edicto de MILÁN en el año 313, presenta al mundo y a la sociedad humana un mensaje que es más espiritual que político. El cristianismo, según San AGUSTÍN, tiene que tener como referencia la ciudad mística y divina de JERUSALÉN (la nueva JERUSALÉN del tiempo futuro) y no tanto a la ciudad terrenal, aunque no por ello los cristianos han de ser tan irresponsables como abstenerse del todo de su participación y responsabilidad política. Su teología sirvió para definir la separación entre Iglesia y Estado, algo que caracterizaría a las relaciones políticas de EUROPA occidental, frente a BIZANCIO, en donde lo espiritual y lo político no mostraba una separación tan evidente, y por ende, las interferencias y los problemas eran mucho mayores.

Vivimos en una sociedad en la que el hombre moderno experimenta una dramática ausencia de felicidad, se puede decir -sin miedo a exagerar- que cuántos mayores son los avances en todos los campos del saber humano, mayor es el vacío del alma que experimenta. Y es que no ha descubierto que la felicidad "se ha hecho carne" y que "ha acampado en medio de nosotros". Desde la experiencia de Cristo resucitado, y desde la esperanza que ha de mover siempre a los cristianos, en todo, incluida la construcción de un mundo mejor, sabemos que "ha triunfado Cristo, el león de la tribu de JUDÁ, el retoño de la Casa de ISRAEL" (Apocalipsis 5,5) Y como león ruge, lo que sucede es que el hombre moderno no tiene oídos para escuchar, ni ojos para ver.


En la EDAD MEDIA, el hombre, que pese a sus limitaciones de saber y tecnológicas tenía un oído y un vista más finas para las cosas del espíritu, solían colocar, para flanquear el acceso de ciertos palacios importantes, ayuntamientos, e iglesias, una pareja de leones a izquierda y derecha de la entrada. Custodiando la entrada representaban así a JUDÁ cediendo su testigo a CRISTO. En el judaísmo, y en el Antiguo Testamento, el poder y la autoridad del Señor se expresan muchas veces "como león que ruge". De esta manera, colocando a Dios mismos que ruge, como león de JUDÁ y a CRISTO siendo investido de este poder, expresaban el mayor grado de confianza en la autoridad y protección del Señor, hacían cierta su presencia en medio de su pueblo, y se identificaban con ellos como pueblo reunido y protegido "el Señor ruge, como león, como cachorro sobre su presa (...) y bajará a luchar el Señor de los ejércitos sobre el Monte SIÓN" (Isaías 31,4).

Y reflexionando sobre la anterior idea, me acordaba de que, curiosamente, también nuestro CONGRESO DE LOS DIPUTADOS, está flanqueado por dos leones, incluso tienen nombre, se llaman DAOIZ y VELARDE (en referencia a los capitanes LUIS DAOIZ Y TORRES y PEDRO VELARDE, oficiales de artillería del cuartel de MONTELEÓN, en MADRID, que se sumaron al levantamiento del 2 de Mayo de 1808 contra las tropas francesas). Y para nada encuentro que, pese a los mencionados leones, los ciudadanos podamos sentirnos, en absoluto, amparados, protegidos y custodiados por los que se dicen nuestros servidores públicos, es decir, nuestros diputados, menos aún, al contrario de los leones que flanquean la ciudad de Dios, sentirnos identificados con ellos, pues el nivel de desafección que existe en la actualidad entre la ciudadanía y la clase política alcanza cimas nunca antes conseguidas en nuestra, no ya tan joven, democracia. Somos ciertamente, hoy en día, como ciudadanos, "un pueblo sin pastor" porque los pastores, que se suponen han de velar por nosotros, nuestra clase política, ha demostrado con creces moverse por intereses espúreos, sus propias conveniencias y en nada piensan en nosotros.

Así están las cosas, ¡qué distinta es la ciudad de Dios, la JERUSALÉN celeste, de esta otra sociedad, ciudad, en la que necesariamente nos hemos de mover, insertos como estamos en el medio del mundo y sus cuitas! En el Apocalipsis el apóstol y evangelista JUAN llora porque no hay nadie que pueda abrir el libro de los siete sellos que revela el final y destino de la humanidad al final de los tiempos, y se le consuela diciendo que "el león de JUDÁ es el que puede hacerlo" Quiere esto decir que es legítimo que los cristianos nos indignemos con la actual situación política, que critiquemos todo aquello que no es conforme con el bien común de todos los ciudadanos, que intentemos participar en política para paliar la actual situación, y por supuesto, que como JUAN, lloremos y nos lamentemos por la actual situación política, que tanto daño empieza a hacer a las clases más desfavorecidas. 

Pero tenemos esperanza, sabemos que cada lágrima que se derrama en esta tierra no es en vano, ni un tesoro que se pierde, por mucho que las circunstancias y la realidad parezca que conspiran en contra. Pidamos cada día el don de ver el horizonte con ojos nuevos, y no perder nunca de vista ese más allá de la esperanza que nos compele a construir una sociedad mejor, un mundo nuevo, una humanidad renovada. Decía San JOSÉ Mª ESCRIVÁ DE BALAGUER "recordad que cada uno de vosotros cooperáis a la formación y al crecimiento humano y espiritual de cuántos os rodean -y todo ello con el auxilio de la comunión de los santos- porque ya sea que trabajas, o que descanses; ya sea que estés triste, o alegre; ya sea que estés en el trabajo o en el descanso; siempre podrás elevar tu oración como hijo de Dios y lograr que trascienda hacia fuera la paz y la esperanza de tu corazón, y  hacer una sociedad mejor, ya sea que llores, sufras o sonrías".