viernes, 7 de octubre de 2016

EL INFIERNO....
¿ESTÁ FRESQUITO O ARDIENDO?

El Evangelio de hoy (Lucas 11,15-26) es un poco "raro", para empezar hoy en día se nos antoja un disparate y una barbaridad que algunos de los presentes osaran pensar del Señor "éste expulsa a los demonios con el poder de Belcebú", aunque no es una actitud en nada extraña, de ordinario solemos tener la maligna tendencia de "demonizar" a los que son diferentes de nosotros, especialmente en el pensamiento político o religioso, nos encastramos tanto en nuestras propias posiciones ideológicas que, no contentos con rechazar las opiniones del contrario, solemos tomar "la parte por el todo" hasta el punto de terminar por convertir a nuestro contrario, no sus ideas, hasta en indigno, incapaz de ser portador de cualquier tipo de honestidad o bondad ética o moral, terminando por confundir las ideas contrarias con las nuestras con la persona, y de ahí a la agresión, física o verbal, dista muy poco... Como sucedió por ejemplo en el debate televisivo entre RAJOY y SÁNCHEZ CASTEJÓN, evidentemente las ideas de uno y de otro, políticamente, son irreconciliables, pero no se puede, por ello, decir "es usted un indecente", descalificando la integridad de la persona de RAJOY como hizo SÁNCHEZ CASTEJÓN... Lo mismo le sucedió al Señor con los fariseos presentes, éstos no comparten la forma de pensar del Señor, pero le acusan "de estar de parte del demonio" ¡ya descalificaron a la persona por sus ideas!, pero el Señor no es tonto y les devuelve la incongruencia de su argumento "si yo expulso demonios con el poder del demonio ¿con qué poder expulsan demonios vuestros discípulos?"... Por cierto, no es que yo vaya a equiparar a RAJOY en este contexto con el Evangelio de hoy, pero la respuesta que le dio a SANCHEZ CASTEJÓN (y mira que últimamente no es que esté, personalmente, ni por uno, ni por el otro) fue demoledora "esa afirmación que usted ha hecho es mezquina y miserable, y tenga por seguro que habrá de vivir con ello, y le perseguirá toda su vida"... Curiosamente así ha sido. 

Luego viene la explicación sobre la lucha con el demonio "un reino donde hay guerra civil y divisiones va a la ruina y sus casas caen una sobre otra. Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como ustedes dicen- yo expulso a los demonios con el poder de Belcebú. (...) Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes" y esa otra curiosa imagen del demonio que logramos vencer, se va de nuestro espíritu, y luego aburrido decide volver "porque la casa está ya limpia y barrida", quizás como advertencia de que cuando venzamos al demonio, la prueba o la tentación "no nos lo creamos demasiado, porque luego, si nos confiamos, habremos de enfrentar otra más gorda".

Curiosamente, en el imaginario colectivo, solemos identificar el lugar de los demonios con las llamas y el calor (por aquello que el Señor dice tantas veces de "horno que no cesa, donde será el llanto y el rechinar de dientes" (Mateo 5,22; Mateo 7,19; Mateo 10,28; Marcos 9,43), mi madre misma cuando éramos pequeños (tres hermanos) y en cualquier viaje en coche íbamos peleando en el asiento de atrás acerca de si "éste ocupa más sitio, el otro va de lado, éste se me echa encima, qué calor hace", mi madre, nerviosa por estas discusiones nuestras sobre el agobio, el espacio y el calor, y temiendo que mi padre, al volante, se pusiera más nervioso aún por nuestras quejas, se daba la vuelta y después de darnos "un cocotazo pr cabeza" y añadía siempre tajante "¡con más calor y más apretados vais a estar en el infierno!"...pero en la antigua IRLANDA se suele identificar el infierno y la zona de los demonios con todo lo contrario, con el frío más espantoso (en ANDALUCÍA hay un refrán por el que, cuando alguien se deja la puerta abierta un día de frío se le dice "¡Cierra la puerta, que entra el demonio en cueros!", siempre pensé que entra la corriente y el frío, precisamente por que el demonio desnudo, queda sin fuego ni llamas, o sea frío). 


Y no debe de andar muy descaminado el folklore irlandés porque todos sabemos que peor es el frío  emocional y espiritual, no el climático, sabemos que la mejor forma de hacer daño a alguien es tratarle con aspereza y frialdad, si no, nuestro refranero no diría cosas como e"el mejor desprecio es no hacer aprecio". En una ocasión, se cuenta, el diablo se apareció a Santa BRÍGIDA y ella le conminó: "¿Cuál es su nombre?" y la respuesta que obtuvo es escalofriante "Soy la frialdad en sí misma". Sin duda, visto así, le pega al demonio mejor el frío, pues siendo el príncipe de las tinieblas carece de todo tipo de amor (que sabemos es candor, calentura, pasión...). Quizás por eso, como dice el Evangelio de hoy, aunque logremos luchar con él y derrotarle, expulsarle de nuestra casa, de nuestro espíritu -que quiere ser de Dios, un lugar limpio, barrido, en orden, en suma acogedor- no tarda mucho tiempo en incomodarse "en lugares ásperos y desiertos", y decide regresar ¡estemos alerta!