miércoles, 19 de octubre de 2016

CUANDO EL GATO DUERME LOS RATONES BAILAN
¡NO ASÍ CON EL SEÑOR....!


Toda la parábola de hoy del Evangelio (Lucas 12,39-48) sobre el dueño de una finca que se ausenta dejando al frente de su hacienda "un administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas", pero que, sin embargo, en caso de que el amo retrasara su vuelta, se dice "mi amo tarda en llegar, y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse" se puede resumir con el refrán castellano de que "cuando el gato duerme (que es lo mismo que, cuando está ausente) los ratones bailan".

Ahora bien, cabe la posibilidad, de que tarde o temprano, el gato aparezca... "llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles" por eso advierte el Señor "también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre" (Lucas 12,40), la misma advertencia que había dicho antes, en el mismo discurso (aunque no forme parte del Evangelio de hoy) sobre el mismo tema "sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos" (Lucas 12,36-37). No cabe duda de que el Señor, en el Evangelio de hoy nos invita a vigilar, velar, trabajar, obrar en todo como si viniere... hasta aquí estamos claros, creo. Pero permitidme una consideración:


En la biografía de Mª EMILIA RIQUELME, esa religiosa granadina, fundadora, de la que tanto os hablo de vez en cuando, se nos cuenta que, como su padre era militar, una temporada que estuvo destinado en PAMPLONA, en la ciudadela fortificada, la niña escuchaba por las noches a la guardia diciendo "¡Centinela, alerta!" a lo que el otro centinela desde la otra torreta contestaba "¡Centinela, alerta está!", era la forma en la que se comprobaba, a viva voz, la seguridad del perímetro, torreta por torreta, y comprobando de paso que todos los centinelas estaban en vigilia, esto es, despiertos, como correspondía a su misión. Ella dirá luego "que de esta forma debemos estar ante el Señor, siempre como centinelas alertas" sin duda, como nos enseña el Evangelio de hoy. 

Sin embargo todos sabemos que los centinelas y los puestos de guardia no están ahí permanentemente, es decir, que se relevan, esto es legítimo y normal, nadie puede mantener la ansiedad de una espera, o una guardia, o una vigilancia, por mucho tiempo sin que su equilibrio emocional comience a desfallecer, ya lo dice el refrán "el que espera, desespera", por eso existen los relevos... Nadie concibe que un guardia tenga que estar día tras día en su torreta de vigilancia, con los ojos como platos, sin relevo alguno... Ndie comprendería que un médico de guardia estuviese siempre en urgencias, sin descansar o ser relevado, el cansancio haría que sus decisiones médicas no fueran las adecuadas; nadie espera que si llamamos a los bomberos, sea el mismo retén de siempre el que tenga que atender todas las urgencia de una ciudad, día tras día, hora tras hora... ¡Hasta Mª EMILIA RIQUELME, la primera en concebir la Adoración Eucarística perpetua, día y noche, en sus comunidades, lo consiguió estableciendo turnos de guardia entre sus religiosas, pero por supuesto, nunca la misma hermana veinticuatro horas ante el Señor! De hecho ella solía decir "¡Sé que estáis cansadas, los trabajos son muchos, las tareas de la casa, los pequeños afanes, podéis dormiros, no os dé vergüenza, pero nunca en vuestro turno de Adoración con el Señor!"

El cansancio es legítimo, todos podemos perder la vigilancia y el celo primeros, nos establecemos en la rutina, nos movemos por inercia, hemos perdido la chispa... es verdad, nos cansamos, somos humanos, y esto vale para evangelizar, para las tareas de casa, para nuestra vida de pareja o de familia, para el trabajo propiamente dicho... y como el siervo del Evangelio, que empezó siendo un buen administrador, "con el tiempo se deja, se abandona", y comienza a hacer cosas indebidas... a eso es a lo que nos conduce la rutina y la desidia... 

Podríamos echarle la culpa al Señor, al dueño de la finca, hasta al mismo gato si queréis, porque ellos también tienen su parte de culpa... ¡si no se ausentaran tanto tiempo, ni los siervos se desmadrarían, ni los ratones bailarían! ¿no? Al fin y al cabo si "el huevón del novio" de la parábola hubiera llegado a su hora las novias que le esperaban no se habrían dormido, las pobreticas. Si este amo no hubiese sido tan indolente co su finca, y hubiese regresado antes, su administrador no se habría aprovechado de tan gran ausencia... pero mucho me temo que echarle la culpa "al dueño ausente" en nuestro caso no nos va a servir de mucho, porque el Señor no está ausente, está vivo y presente, realmente, en la Eucaristía, en el Sagrario... y ésta debe de ser la fuerza que nos ayude a superar nuestro cansancio, nuestra inercia, nuestra rutina... Acudamos al Señor, en la Adoración Eucarística, cuantas veces precisemos, para "rendirle cuentas" de nuestro quehacer diario, porque no es un señor dejado, que se fue, para no volver... misteriosamente, se fue, para quedarse mejor... Así que, frente al cansancio, la rutina, la desidia y ese sentimiento malo, que pueda anidar en nuestro corazón de creer que "el dueño se desinteresa por nosotros", haced vida el consejo de Mª EMILIA RIQUELME a sus religiosas: "La Eucaristía es el paraíso de la tierra. La  adoración mi hora de cielo, mi recreo y descanso espiritual" (Pensamientos, nº 97).