viernes, 23 de septiembre de 2016

¡Y VOSOTROS QUIÉN DECÍS QUE SOY YO?
LA RESPUESTA DEL BEATO PABLO VI


"Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?» Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Pedro tomó la palabra y dijo: «El Mesías de Dios.» " (Lucas 9,18-22)

El Evangelio de hoy sólo tiene una pregunta: "¿Quién dice que soy yo?", la respuesta sólo es una, la dice PEDRO: "Tú eres el Mesías de Dios", lo dice San PABLO "Jesucristo es el Señor, para Gloria de Dios Padre" (Filipenses 2,11), y seguramente, de forma más o menos acertada, todos podemos dar una respuesta de quién es el Señor, siempre que la digamos desde el corazón, y confesando que es nuestro Señor, lo demás son matices.

Así que permitidme compartiros la respuesta personal que da el beato Papa PABLO VI a la pregunta del Señor "Vosotros ¿Quién decís que soy yo?"


¡CRISTO! Siento la necesidad de anunciarlo, no puedo callarlo: ¡Desdichado de mí si no anuncio el Evangelio! (1 Corintios 9,16). Para esto he sido enviado; soy apóstol, soy testigo. Cuanto más lejos esta el objetivo más difícil es la misión, más me siento apremiado por el amor (2 Corintios 5,14). Debo proclamar su nombre: Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo (Mateo 16,16). Él es quien nos ha revelado al Dios invisible, el primer nacido de toda criatura, es el fundamento de toda cosa (Colosenses 1,15). Es el Señor de la humanidad y el Redentor: nació, murió y resucitó por nosotros; es el centro de la historia y del mundo. Él es el que nos conoce y nos ama; es el compañero y el amigo de nuestra vida. Es el hombre del dolor y de la esperanza; es el que ha de venir y un día será también nuestro juez, nosotros le esperamos, es la plenitud eterna de nuestra existencia, nuestra bienaventuranza.

Nunca acabaría de hablar de él: él es la luz, es la verdad; mucho más, es «el Camino, la Verdad y la Vida» (Juan 14,6). Es el Pan, la Fuente de agua viva que sacian nuestra hambre y nuestra sed (Juan 6, 35; 7, 38); Es el Pastor, nuestro guía, nuestro ejemplo, nuestro consuelo, nuestro hermano. Igual que nosotros, y más que nosotros, ha sido pequeño, pobre, humillado, trabajador, desdichado y paciente. Para nosotros habló, hizo milagros, y fundó un Reino nuevo en el que los pobres serán dichosos, en el que la paz es el principio de la vida de todos juntos, en el que los que son puros de corazón y los que lloran serán exaltados y consolados, en el que los que suspiran por la justicia serán escuchados, en el que los pecadores pueden ser perdonados, en el que todos son hermanos.

Jesucristo: vosotros habéis oído hablar de él, e incluso la mayoría sois ya de los suyos, sois cristianos. ¡Pues bien! A vosotros cristianos os repito su nombre, a todos os lo anuncio: Jesucristo es «el principio y el fin, el alfa y la omega» (Apocalipsis 21,6). ¡Él es el rey del mundo nuevo; es el secreto de la historia, la llave de nuestro destino; es el Mediador, el puente entre la tierra y el cielo...!; Es el Hijo del hombre, es el Hijo de Dios, es el Hijo de María... ¡Es Jesucristo! Acordaos: es el anuncio que hacemos para la eternidad, es la voz que hacemos resonar por toda la tierra (Romanos 10,18) y por los siglos de los siglos.

Después de esto, cualquier cosa que uno pudiera añadir sería no más que una torpe palabra.