domingo, 11 de septiembre de 2016

¡VENTAJAS DE SER UNA OVEJA DESCARRIADA!


Jesús les dijo entonces esta parábola:

"Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido". 

Del Evangelio de hoy, que además nos trae también el ejemplo de la moneda perdida y del hijo pródigo (Lucas 15,1-32), pero yo prefiero quedarme con la misericordia de Dios representada en el Buen Pastor, que deja a las noventa y nueve por aquélla otra que se perdió ¿Sabéis por qué? ¡Por las ventajas que tiene ser una oveja descarriada!

¡Claro que sí...! Porque no hago nada más que darle quebraderos de cabeza al pastor... no es que sea perfecto, ni mucho menos, pero al menos cada día cuando me levanto mentalmente me digo "¡Hoy, intentaré, de verdad, ser mejor!" propósito que luego no me dura mucho, porque luego basta que se me derrame el café de la cafetera ¡y ya estoy maldiciendo y echando improperios!, que sí, me diréis, que luego me voy a trabajar muy formal, y aunque creo que me llevo bien con todos mis compañeros de trabajo, pues oye, que uno es humano y también cae en chismorreos, en dimes y diretes, y también tengo algún que otro encontronazo con ellos, bueno nada, grave, menos alguien que me tiene tan atravesado como yo... ¡pero bueno, qué aburrida sería la vida sin enemigos!, y porque soy "el hombre del mañana", no porque vaya a imponer ninguna moda o tendencia, sino porque "a partir de mañana hago limpieza a fondo en la cocina; a partir de mañana intentaré sacar más tiempo para la oración; a partir de mañana intentaré morderme la lengua cada vez que me apetezca ser tan borde como soy a veces....", esta actitud, que vale, ya sé que es mala, no obstante alimenta en mí la esperanza, como nunca cumplo con lo que digo, siempre queda ese mañana en el que puedo llegar a ser mejor, así que a fuerza de intentarlo, o posponerlo, por lo menos me mantengo en camino; y este tipo de esperanza mañanera ayuda a otros cosas ¡si no soy capaz de hacer hoy lo de mañana, cómo voy a tener la cara de exigir a la medicina, por ejemplo, que descubra hoy y no mañana la cura de mi enfermedad!, pues eso, mañana será, pero como dice el refrán "de esperanza también se vive" ¡Aunque sea mañana!

Y luego voy y confieso, que esa es otra...como sé que no soy perfecto, tanto que a veces, cuando me doy cuenta, por casualidad, que es una hora en punto, he mantenido la costumbre de repetir mentalmente -como os propuse hacer en Cuaresma- "¡Piedad de mí, Señor, que soy un pecador!", y me reconcilio con el Señor, con todo lo que establece la Santa Madre Iglesia: El examen de conciencia, esto es una cosa muy rara que sólo hacemos los pecadores (¡me gustaría saber cómo se examinan de conciencia los perfectos!), y ya sé por qué se le llama "examen", no tiene nada que ver con lo que dice el diccionario "indagación y estudio que se hace acerca de las cualidades y circunstancias de una cosa o de un hecho", sino porque pasa como en el colegio ¡qué siempre se suspende!; después el dolor de los pecados o contrición, aunque eso es algo que expresa muy bien el hijo pródigo cuando dice "ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el Cielo y contra ti"; y confieso, y hago "la penitencia que me fuere impuesta"... ¡hasta hago propósito de enmienda!... Y luego, de regreso a casa, tan pulcro como un bebé recién nacido, voy por la calle y me cruzo con un musulmán que me mira con mala cara (últimamente sucede mucho) por la Cruz que llevo al cuello por fuera de la camiseta y me descubro a mí mismo pensando "¡No ardieras en el infierno, empezando por la barba, no te jode!" ... y de repente me encuentro en mitad de la acera pensando "¿Sigo para la casa o me doy media vuelta y confieso otra vez?", si hubiera una disciplina olímpica de rapidez en romper el propósito de enmienda, me faltaría cuello para tantas medallas, os lo aseguro....

Así qué, cómo podréis comprobar tengo más bien poco de "ovejita buena", tampoco llego a "cabrón malo", vamos a dejarlo en el término medio de "una cabra loca", lo que incluye mi relación con el Pastor... porque de tanto querer ir por libre, a veces me paso, y cuando me pongo en plan "ovejita buena", es que no llego, se me nota demasiado que yo no soy así, ¡y mira que me peleo veces con el Señor, tantas como con la gente que me rodea!... Una vez fui a confesar y había cola,cuando por fin era mi turno, sale el sacerdote del confesionario y se pone a celebrar la Eucaristía, donde encima no comulgué ¡ya tenía la mala leche en el cuerpo, además de la carga del pecado!, y mi sorpresa cuando al terminar la Eucaristía el sacerdote no vuelve al confesionario... ¿Sabéis mi reacción? (Por cierto, esto fue en los Redentoristas, PERPETUO SOCORRO de GRANADA), que me fui por todo el pasillo adelante de la nave central, hasta que llegué al altar, presidido por un gran crucificado y mirándole fijamente le dije: "¿Sabes lo que te digo? ¡Que me voy a casa, sin confesar, y ojalá me pille un camión, y vaya al infierno impenitente, porque la culpa es tuya!"...

Ser una oveja descarriada, esta especie de vida desastrosa que soy yo, sólo tiene una ventaja... ¡Qué le doy mucho trabajo al pastor! Tiene que salir por mí muchas veces a buscarme, muchas veces a guiarme, muchas veces a corregirme, muchas veces a encontrarme, yo creo que en esta tarea los dos tenemos bien ganados el salario, pero lo mejor de todo es que, por más veces que me escape, meta la pata o me pierda, "él saldrá en mi búsqueda, sin cansancio, dejando a las otras noventa y nueve", demostrando lo que me ama, y hay un apócrifo que completa este pasaje añadiendo "y cuando la encuentra, le dice al oído: «A ti te quiero más que a las otras»¡A mi me quiere más que a las otras! ¡Más que a las perfectas! ¡Sólo por ser una descarriada! Y eso, os lo aseguro, aunque la "cabra siempre tire al monte", te da una seguridad tal que, aún siendo un pecador, ya vale el esfuerzo de querer ser mejor, y sobretodo, lo mismo que el Pastor hace por mí, porque si "él es el Buen Pastor que a sus ovejas conoce", yo soy la cabra loca "que bien conoce a su Pastor, que bien conoce a su Señor" (Cfr. Juan 10,11-16).