jueves, 1 de septiembre de 2016

TODO SE HIZO POR LA PALABRA DE DIOS
¡APRENDAMOS A AMAR LA PALABRA DE DIOS!


SEPTIEMBRE es el MES DE LA BIBLIA, es un mes que, por diversas motivaciones, celebran la gran mayoría de las confesiones cristianas, la motivación católica es que el 30 de Septiembre se celebra la fiesta de San JERÓNIMO, no sólo el primero en traducir la Biblia completa al latín (la llamada VULGATA), sino que además era un experto traductor, biblista, exegeta y comentarista. 

No se me ocurre mejor "elogio de la Palabra" que las bellas palabras con que principia el Evangelio de JUAN (1,1-5):

En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.

Pequeña tarjeta con icono y oración
(Encontrado en la playa)


Se me ocurre hablaros de una persona profundamente enamorada de la Palabra, de San FRANCISCO DE ASÍS, "Evangelio viviente", en definición de muchos testimonios de quienes le conocieron, son célebres algunas de sus citas al respecto de la predicación de la Palabra, entre las más bellas me acuerdo de "predicad el Evangelio, y si es preciso, con palabras"; hay otra anécdota, atribuida a San FRANCISCO, que bien pudiera parecer una de esas exageraciones, que tanto gustaban a los lectores antiguos, que se incluyen en las biografías y anécdotas, o “florecillas”, de los santos, aunque, lo sea o no, no deja de ser bastante representativa del amor y veneración que sentía por la Palabra de Dios:

San FRANCISCO DE ASÍ tenía la piadosa costumbre de ir recogiendo los papelillos que veía tirados por el suelo, durante sus andanzas por los pueblos y ciudades que recorría, preguntado, en alguna ocasión, por el motivo de esta costumbre, le gustaba responder diciendo que en esos papelillos podía encontrarse escrita alguna palabra que apareciera en la Biblia, y que precisamente por ello, no merecían que estuvieran en el suelo donde hombres y bestias podrían pisarlos sin respeto”.

No obstante lo anterior, aunque sea una piadosa anécdota sobre la vida del "poverello", no debe distar mucho de la realidad, pues lo cierto es que, en sus escritos, dejó una recomendación al respecto, nos estamos refiriendo concretamente a su “CARTA A LOS CLÉRIGOS” (de la que existen dos versiones, aunque en ambas da el mismo consejo) en la que claramente dice: 

Del mismo modo, dondequiera que se encuentren los nombres y las palabras escritas del Señor en lugares inmundos, que se recojan y se coloquen en lugar decoroso. (Carta a los Clérigos, 1, 12). 

Hojita de calendario cristiano con lecturas
y comentarios (Encontrada en la acera)
Antes de conocer esta curiosa anécdota de San FRANCISCO DE ASÍS, yo también he tenido siempre la misma costumbre, la de ir cogiendo papelillos del suelo, lo cierto es que por una motivación diferente, ¡porque leo todo lo que cae en mis manos, aunque sean las instrucciones del desodorante!, claro que ahora lo sigo haciendo -aunque con la motivación de San FRANCISCO desde que la conocí, y he aquí mi sorpresa si supierais que ¡hay más Palabra de Dios de la que uno se cree tirada por el suelo, a expensas de ser pisoteada!, y no es porque alguna palabra de un texto diferente pueda coincidir con la Biblia, evidentemente en un prospecto de aspirinas, que diga "composición: ácido acetilsalicílico", tirado en la acera, no me voy a agachar a recogerlo (seguro que "acetilsalicílico" no sale en la Biblia, de la palabra "composición" ¡por pura estadística alguna debe haber!), pero caminando mirando al suelo he recogido, muchas veces, hojitas de calendario, de esos del estilo del TACO DEL CORAZÓN DE JESÚS, en donde sí que vienen citas bíblicas, a veces comentadas y todo, o esos cuadernillos y folletos de los TESTIGOS DE JEHOVÁ, que la gente les coge por educación y luego rompe al doblar de la esquina, a veces son hojas sueltas de Biblias (seguramente, por su aspecto, de esas de mala calidad que se venden, para los colegios, y que cuando están muy trilladas se tiran a la basura, con el resto de los libros de texto o diccionarios...) Estos papelillos sí que los recojo, y me los guardo... los folletos tirados por el suelo de los TESTIGOS DE JEHOVÁ, por más pésimas y manipuladas que sean sus traducciones, cuando están enteros y no rotos, me da reparo volverlos a tirar ¡y yo para qué lo quiero!, así que los dejo encima de algún banco de la calle, o de un seto...

Índice roto de una Biblia
(Encontrado al pie de una papelera)
Debemos aprender pues, a tratar la Palabra de Dios con la devoción y el respeto que se merece, de esta forma, puede que quizás, queráis aprovechar este pobre testimonio de San FRANCISCO DE ASÍS para buscar vuestra Biblia y comenzar a leerla un poco más, con la vista y con el corazón, pero después de leerla, no la vuelvas a postergar al olvido en la estantería o cajón donde suelas colocarla, considera mejor la opción de ponerla encima de alguna mesa, o mueble auxiliar, con un paño blanco, algunas flores y hasta una vela, abierta por donde la dejaste de leer, o por la cita bíblica que más te toque el corazón, de esta manera manifestarás también tu amor por la Palabra de Dios y, en cierto modo, es un signo de la presencia de Dios vivo, que sigue hablando hoy a su pueblo, en tu casa…