lunes, 5 de septiembre de 2016

SEÑOR, NO ME SANES...
¡QUE ESTOY DE BAJA!


El Evangelio de hoy (Lucas 6,6-11) nos trae de nuevo una polémica del Señor con los escribas y fariseos respecto de la observancia rigurosa del descanso sabatino, en lo que se refiere a esta polémica, nos vale el comentario que hicimos al Evangelio del, precisamente, Sábado pasado que versaba sobre el mismo tema y que os dejo enlazado aquí.

Sin embargo, vamos a fijarnos hoy en la perspectiva del hombre del brazo paralítico (en el Evangelio de MARCOS se le llama el hombre de la mano seca, puede ser algún tipo de atrofia, o de parálisis como consecuencia, por ejemplo, de una embolia), ya que en los dos evangelios en los que aparece este hombre (Marcos 3,1-6; Mateo 12,9-14 y Lucas 6,6-11) este hombre tiene una actitud más bien pasiva, se nos dice "que estaba entre los presentes en la sinagoga", y que al darse cuenta el Señor de que los "escribas y fariseos lo controlaban para ver si sanaba en Sábado" es el Señor el que toma la iniciativa y le sana, después de echar en cara a escribas y fariseos su hipocresía "¿Es lícito en Sábado salvar una vida o dejar que se muera?". 

No obstante lo anterior, en un "Comentario al Evangelio de Mateo" San JERÓNIMO amplia un poco más la historia, aunque él aclara que su fuente es un pretendido Evangelio de MATEO "escrito en hebreo, y que yo mismo traduje, y que cito no como autoridad (al tratarse de un apócrifo) sino como ilustración de lo que explico" en el que se nos dice lo siguiente:

Nomine Malcus, caementarius istius modi vocibus auxilium precans: “¡Caementarius eram, manibus victum quaeritans. Precor te, Iesu, ut mihi restituas sanitatem, ne turpiter mendicem cibos!”

Su nombre era Malco y era albañil, y pedía ayuda al Señor con estas palabras: "¡Señor, yo era albañil, me ganaba la vida con mis manos, te ruego que me restituyas la salud, para que no me vea forzado a mendigar mi sustento!". 

De donde se deduce, en primer lugar, una actitud más activa del hombre de la mano seca, pues es él mismo el que implora al Señor por su sanación, curiosamente se nos dice que es albañil y que quería ser sanado "para no tener que mendigar"... Esta actitud de este albañil, como dice San JERÓNIMO "a modo de ejemplo", nos debe enseñar que no seamos comodones, esperando que el Señor, buenamente, se acuerde de nosotros, hemos de ser nosotros los que saliendo de nuestra comodidad pesimista de decir "¡El Señor no hace nada por mí!", seamos los que salgamos a su encuentro pidiendo, orando, importunando si hace falta...

...Y para que empecéis el Lunes con una sonrisa, esta escena y su moraleja, me recuerdan a un chiste en el que el Señor, habiendo regresado a la tierra, se encuentra con un grupo de tres amigos, que incrédulos acerca de si verdad era el Señor, les piden que les sane, dos de ellos. El Señor, extrañado de que el tercero no le dijera nada, le dice: "¿Es que no crees como tus amigos que yo sea el Señor?" y el otro le responde "¡Por supuesto que no, si yo estoy bautizado, y pertenezco a cuatro cofradías, y mis niños están en catequesis, y mi mujer en el coro de la parroquia,y vamos a misa todos los domingos...!" Entonces el Señor le dice "¿Y no necesitas que te sane de nada?" y el otro apartándose exclama "¿Tú estás tonto? ¡No ves que estoy de baja!"


Pues eso, cuando estemos en esas horas bajas, que todos atravesamos, en la fe, no nos conformemos con estar de baja, no haciendo nada, quejándonos de que el Señor nos ha abandonado o no hace nada por nosotros, al contrario, aunque nos falten las fuerzas, hagámonos los encontradizos con el Señor, en los tiempos recios -como decía el himno del V Centenario de TERESA DE ÁVILA- es cuando más hemos de perseverar en la oración ¡pero no darnos de baja de la fe por un contratiempo de la vida!