sábado, 3 de septiembre de 2016

SÁBADO, SABADETE....
¡No seamos.... farisetes!



El Evangelio de hoy (Lucas 6,1-5) nos trae una nueva polémica con los judíos a cuenta de su día sagrado, el Sábado. La santidad e importancia del Sábado tiene su asiento en el Éxodo (20, 8-11): "Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra; más el séptimo día es reposo para el Señor, tu Dios; no hagas en el obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo el Señor los cielos y la tierra, el mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, el Señor bendijo el día de reposo y lo santificó", y como dice el mandamiento, también, que hay que "santificar las fiestas", el descanso sabatino es tan estricto que el TALMUD contiene toda una lista de actividades (avot melajá) que están rigurosamente prohibidas en Sábado: 

Arar, plantar, segar, cosechar, trillar, beldar o aventar, seleccionar, cernir, moler, amasar, peinarse, hilar, entintar, bordar, retorcer, tejer, desenredar, cocinar, lavar, coser, rasgar, anudar, desatar, dar forma o modelar, quemar, extinguir, terminar algo pendiente, escribir, borrar o corregir un escrito, construir, demoler, entrampar, esquilar, matar, desollar, curtir, aplanar, marcar y cargar.

Para colmo de males, cada una de estas actividades prohibidas en Sábado, se subdividen en otras tantas categorías menores, (toldot), así la prohibición de "cocinar" incluye "asar, freír, hervir, marinar, conservar, congelar, etc, etc...". Hasta el punto de que en nuestra peregrinación a TIERRA SANTA, el guía franciscano nos dijo "dad gracias a que nuestra agencia busca hoteles cristianos o de personal cristiano, porque de lo contrario, el Sábado, en los hoteles judíos, ni hay comidas, ni te hacen la cama, ni nada, de nada...", por eso no es de extrañar que:



Un sábado, Jesús atravesaba un sembrado; sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas con las manos, se comían el grano. Unos fariseos les preguntaron: «¿Por qué hacéis en Sábado lo que no está permitido?» Jesús les replicó: «¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios, tomó los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y les dio a sus compañeros.» Y añadió: «El Hijo del hombre es señor del Sábado.»

En este caso el Señor antepone el hambre de sus discípulos al descanso sabatino, y lo ejemplifica con aquella vez en que los soldados de DAVID, hambrientos, comieron de los panes de la proposición, que estaban consagrados a Dios, y nadie podía comerlos; aunque en última instancia es él mismo el que zanja la polémica, poniéndose a sí mismo como referente de autoridad: "El Hijo del hombre es señor del Sábado"

En otras ocasiones el Señor resuelve la polémica encarando a los pretendidamente ofendidos, por la vulneración de la norma, con su propia incoherencia: "Y a ellos les dijo: ¿A quién de vosotros se le cae un hijo o un buey en un hoyo en Sábado, y no lo saca inmediatamente?" (Lucas 14,5), porque cuando somos nosotros los perjudicados, bien pronto encontramos excusas a la norma; antiguamente cuando veía esas manifestaciones multitudinarias, que tanto gustaban antaño a los obispos, jaleados por las mismas plataformas digitales que ahora están prohibidas en algunas diócesis, y que tanto abundaban en tiempos del gobierno de ZAPATERO (pero que han sido escasitas y silenciadas en tiempos del PP) que si contra el aborto, el matrimonio gay, la eutanasia, etc, etc... yo siempre me decía mentalmente, viendo esas fotos espectaculares: "¡Ay, Señor, protégelos de que entre sus hijas haya un embarazo no deseado, o de riesgo, que luego verán las cosas de ora forma...!, ¡Ay, Señor, protégeles de que tengan un hijo gay, que luego verán las cosas de otra forma!", que sin justificar nada, es tanto como decir "¡El Sábado yo no hago nada, pero que no sea mi hijo el que cae en un hoyo, porque voy y lo rescato!"...

Y finalmente, en otras ocasiones, las más, por cierto, el Señor antepone la norma ante lo que todo debe ceder: el prójimo, especialmente, el prójimo en apuros, necesitado, o sea, la caridad, el servicio y la misericordia nunca pueden adolecer por una norma, puesto que el hombre es lo primero, así lo ha querido Dios "quien dice que ama a Dios, a quien no ve, pero desprecia a su prójimo, al que ve, es simplemente, un mentiroso" (1 Juan 4,20), concretamente "Jesús preguntó a los fariseos: "¿Qué está permitido hacer en el día de reposo: el bien o el mal? ¿Salvar una vida o destruirla?". Pero ellos se quedaron callados. Jesús miró entonces con enojo a los que le rodeaban, y entristecido porque no querían entender le dijo a aquel hombre: "Extiende la mano". El hombre la extendió, y su mano quedó sana." (Marcos 3,1-6)

Y la polémica habría de seguir muchos años después, a este respecto, San JUSTINO en su obra "Diálogo con Trifón" (un supuesto sabio judío frente al que argumenta) añade: "Σαββατιζεινθμασ ο καινος νομος διαπαντος εθελει", es decir, "porque la nueva ley consiste en que todo sea Sábado" (Diálogo con Trifón, 12,3), que es tanto como decir "Jesús les dijo (a los fariseos): "Mi Padre trabaja siempre y yo también trabajo" (Juan 6,17), porque la misericordia y la caridad no conocen de normas, mucho menos, de descansos: "El Señor es bueno, su misericordia es eterna" (Salmo 100, 5)



Mientras tanto, Sábado o no, desde esta humilde tribuna seguiremos "Sembrando la Eucaristía en los caminos del hombre de hoy", que es nuestro "leit motiv", porque como dice esa especie de "ideario interno" que tenemos: "Porque "no hay una vida expuesta que primero no se haya expuesto ante el Santísimo" (Antoine de Chatelart) queremos ser no sólo como la presencia del Señor Eucaristía que viene  a ser comido, repartido, contemplado, sino ser también presencia real en medio de nuestro pueblo, nuestros hermanos, haciendo de nuestras vidas una vida permanentemente expuesta a todas las miradas y todos los riesgos,como presencia de un pan, de una vida ofrecida de fora fácilmente abordable y comible" y que otros sean, como dice el Evangelio, los que cosechen lo que de bueno hagamos.