domingo, 25 de septiembre de 2016

LÁZARO Y EPULÓN
LA PALABRA DE DIOS EN TU VIDA

El Evangelio de hoy (Lucas 16,19-31) nos trae la parábola de LÁZARO y el rico EPULÓN, no hace falta que repitamos la historia: 

LÁZARO, pobre mendigo echado en la puerta del rico EPULÓN que no echaba cuentas de él en su riqueza. Al morir ambos, LÁZARO disfruta de la gloria de Dios en compañía de sus ángeles, mientras que EPULÓN en el infierno padecía entre lamentos. 

Ante todo, vaya una aclaración por delante, no por sabida innecesaria de recordar, el Evangelio, en tanto en cuanto Palabra de Dios, está dicho hoy para cada uno de nosotros, la Palabra de Dios hoy ha sido pronunciada en nuestras vidas, para nosotros "lámpara para nuestros pasos es la Palabra del Señor, luz para nuestra senda", quiere ello decir que cada uno de nosotros ha de ser el que saque sus propias conclusiones ante la Palabra del Señor hoy para su vida, nada, ni nadie, ni la más sublime homilía, en tanto en cuanto sea de un tercero, puede suplir en qué forma la Palabra de Dios nos hable y nos toque el corazón.

Con todo el que quiera un comentario al uso, puede leer, por ejemplo a San JUAN CRISÓSTOMO (Homilías sobre Mateo, nº 50,3-4):

¿Deseas honrar el cuerpo de Cristo? No lo desprecies, pues, cuando lo contemplas desnudo en los pobres, ni lo honres aquí, en el templo, con lienzos de seda, si al salir lo abandonas en su frío y desnudez. Porque el mismo que ha dicho: «Esto es mi cuerpo» (Mateo 26,26), y con su palabra llevó a que fuera real lo que decía, afirmó también: «Tuve hambre y no me disteis de comer» y también «Siempre que dejasteis de hacerlo a uno de estos pequeñuelos, a mi en persona lo dejasteis de hacer» (Mateo 25, 42.45). Aquí el cuerpo de Cristo no necesita vestidos, sino almas puras; allí hay necesidad de mucha solicitud... 

Dios no tiene necesidad de vasos de oro sino de almas semejantes al oro. No os digo esto con el fin de prohibir la entrega de dones preciosos para los templos, pero sí que quiero afirmar que, junto con estos dones y aun por encima de ellos, debes pensarse en la caridad para con los pobres... ¿De qué serviría adornar la mesa de Cristo con vasos de oro, si el mismo Cristo muere de hambre? Da primero de comer al hambriento, y luego, con lo que te sobre, adornarás la mesa de Cristo. ¿Quieres hacer ofrenda de vasos de oro y no eres capaz de dar un vaso de agua? (Mateo 10,42)... Piensa, pues, que esto es lo que haces con Cristo, cuando lo contemplas errante, peregrino y sin techo y, sin recibirlo, te dedicas a adornar el pavimento, las paredes y las columnas del templo; con cadenas de plata sujetas lámparas, y te niegas visitarlo cuando él está encadenado en la cárcel. Con esto que te digo no pretendo impedirte hacer tales generosidades, sino que te exhorto a acompañar o mejor preceder esos actos por actos a favor de tu hermano... Por tanto, al adornar el templo, procura no despreciar al hermano necesitado, porque este templo es mucho más precioso que aquel otro.

En lo que a mí se refiere, esta parábola siempre me suscita dos pensamientos:

El primero es la consabida historia de la justicia distributiva de Dios, que compensa y equilibra las desigualdades entre los hombres, y es algo que todos los creyentes tenemos muy inserto en nuestro ADN cristiano: O infierno, o cielo, en función de cómo nos hayamos portado. Y digo es algo que forma parte de nuestro ideario colectivo porque, de lo contrario, nuestro célebre y conocido poema no podría decir "no me mueve, mi Dios, para quererte /el cielo que me tienes prometido, /ni me mueve el infierno tan temido /para dejar por eso de ofenderte", o nuestro refranero perlas como "el infierno está lleno de buenas intenciones, el cielo está lleno de buenas obras", o el célebre villancico flamenco que con ese gracejo popular afirma "a la puerta de un rico avariento / llegó Jesucristo y lismona pidió; / Y en vez de darle la limosna / los perros que había se los achuchó; / y Dios permitió / que al momento los perros murieran / y el rico avariento pobre se quedó". Justicia distributiva, parece algo muy simple, pero no lo es en modo alguno, porque aunque la dicotomía infierno/cielo parece que está clara, empezamos a errar en lo que se refiere a "cómo hemos de tomárnoslo".

En efecto, muchas veces se nos acusa a los cristianos de ser unos sujetos absolutamente pasivos que, con la excusa del cielo y el infierno, que todo lo arreglan a futuro, nos desentendemos de la construcción de una sociedad más justa, de equilibrar las desigualdades sociales, de luchar por los hermanos, de no ser motor de cambio (o revolución) de la historia... Al fin y al cabo, fijémonos en LÁZARO y EPULÓN, ni al primero le ayudaron, ni el segundo hizo nada, una vez muertos, asunto zanjado, cada uno tuvo lo que se mereció. Esta es la acusación por ejemplo que nos hace MARX y el marxismo... Y he de reconocer que siempre me ha dolido, porque, y éste es un ejemplo que suelo poner mucho (los que me lean con asiduidad quizás lo recuerden), si te encuentras un mendigo a la puerta de tu casa pidiendo... ¡ya puedes pasarte toda la tarde de rodillas, en lo oculto de tu cuarto, orando a Dios Padre del cielo por el pobre mendigo! ¿Sabes por qué? ¡Porque no vas a conseguir absolutamente nada! Dios, por más que le reces, nunca va a obrar el milagro de que al mendigo le caiga un bocadillo de chorizo del cielo ¿Sabes por qué? ¡Sencilla y llanamente porque se lo has de dar tú!... 


A mi modesto entender la crítica marxista olvida que no todos somos tan pasivos, porque sabemos que "el Reino de Dios se parece a la levadura: una mujer la toma, la mezcla con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta" (Marcos 13,33), y porque sabemos que cada día, hemos de levantarnos, luchar, hacer un mundo mejor, par todos los hombres y mujeres, nuestros hermanos, haciendo buenas las palabras del Señor "Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, lo demás se os dará por añadidura" (Mateo 6,33), y no hay nada más transformador de la sociedad, más capaz de cambiar el mundo si todos nos tomáramos como cosa nuestra "el programa del cambio": "Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí (...) En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a mí lo hicisteis" Y por supuesto, porque los creyentes, aparte de mirar de reojo al cielo, o al infierno, hemos tenido, tenemos y tendremos numerosos y muchos "revolucionarios": Monseñor OSCAR ROMERO, PEDRO CASALDÁLIGA, TERESA de CALCUTA, HELDER CÁMARA, ROGER de TAIZÉ, EDITH STEIN, MAXIMILIANO KOLBE, hasta el propio Papa FRANCISCO, porque muchos son los que "se han arremangado y se han puesto manos a la obra por una sociedad más justa, equitativa y mejor para todos".

En segundo lugar, aunque esta es una enseñanza que puede parecer meramente anecdótica, aunque no por ello menos importante, esta parábola es la que me vacuna -a mí, personalmente- contra chorradas del estilo "hablar con los muertos, espiritismos, videntes, y demás parafernalia", porque en la parábola EPULÓN pide permiso a ABRAHÁN (los judíos definían la otra vida de los justos como "estar en el seno de ABRAHÁN" que es la definición suya de nuestro decir "cielo") para regresar a la tierra y advertir a su familia, permiso que le es denegado "porque ya tienen a los profetas y a las Escrituras para estar advertidos", con esto quiere decirse que entre la morada de los vivos y la de los muertos no hay posibilidad de "ir y venir", entenderme, por supuesto existe la posibilidad de ayudar a los de allí, con nuestras oraciones, y ellos a los de aquí con su intercesión, es la comunión de los santos, en la que creemos y profesamos en el "credo", pero como dice el refrán "de la otra vida nadie ha vuelto para contárnoslo"... por supuesto, me diréis, pero hay testimonios de santos que se han aparecido a otras personas para ayudarlas, darles algún mensaje o palabra... cierto, no seré yo quien lo ponga en duda, pero me estáis entendiendo, nada de ello, desde la fe, es comparable a ese mercadeo de "ponerse en contacto con los muertos de videntes, adivinos, mediums y demás morralla" como el que pretenden vendernos.