martes, 20 de septiembre de 2016

LA GRAN FAMILIA HUMANA
UNIDA REZA HOY POR LA PAZ


De nuevo el Evangelio de hoy es bastante breve, tanto como para transcribirlo:

En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermano, pero con el gentío no lograban llegar hasta él. Entonces lo avisaron: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte.» Él les contestó: «Mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra.»

(Lucas 8,19-21)

No entraré en el comentario sobre la familia sanguínea y la familia en el Señor, porque es un tema ya bastante explicado por cualquier homilía o comentario al que podáis tener acceso hoy, y porque la familia, aunque sea lo mejor, nadie tampoco puede afirmar que es el foco primario de muchos conflictos, como dice mi hermana, en broma, aunque con su parte de verdad: "La familia, el que la entienda, que la compre".

Sin embargo, aprovechando que hoy se reúnen en ASÍS cerca de medio millar de representantes de todas las confesiones, credos y religiones del planeta, capitaneados por el Papa FRANCISCO, para orar por la paz, conmemorando el XXX Aniversario de aquella otra JORNADA DE RACIÓN POR LA PAZ que tuvo, con los mismos líderes religiosos, en el año 1986, JUAN PABLO II que tuvo en su pontificado gestos proféticos como éste, es por lo que, aunándolo con el Evangelio de hoy, podríamos interrogarnos acerca de la gran familia humana.

La DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS de la ONU del año 1948, en su exposición de motivos, principia de una forma verdaderamente

Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana.

Habla de "la gran familia humana", verdaderamente esta gran familia humana, que somos todas las personas, jamás vivirá en paz sino reconoce que toda ella, como dice la Declaración DIGNITATIS HUMANAE, del Concilio VATICANO II, sobre la libertad religiosa: "Dios manifestó al género humano el camino por el que, sirviéndole, pueden los hombres salvarse y ser felices en Cristo", que está primeramente orientada a Dios, y en él, a su verdad que es Cristo, Nuestro Señor; con independencia de lo anterior, para todas las demás confesiones, "todos los hombres tienen el deber, el derecho y la obligación de buscar la verdad de Dios".


Esta "gran familia humana" que camina buscando a Dios, unos con la certeza de Cristo, otros con atajos y velos, pero igual de sinceros en su búsqueda de Dios, cuentan con el auxilio de la Iglesia, a la que el Señor, por medio de los apóstoles, mandó "Id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado" (Mateo 28, 19-20), y por la que el Señor oró pidiendo "para que todos sean uno. Como tú, oh Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste" (Juan 17,21) estará sin duda alguna más cerca de la paz cuanto más cerca esté de Dios en su búsqueda y peregrinar por el mundo, porque la fuente de la paz es Dios, Padre bueno del cielo, Padre de todos los hombres "El Señor da fuerza a su pueblo, el Señor bendice a su pueblo con la paz" (Salmo 29,11).


Porque cuando JESÚS, el Señor nació, los ángeles se congratulaban de esta "gran familia humana" cantando en el cielo "¡Gloria a Dios en lo alto y en la tierra paz a los hombres que él ama!" (Lucas 2, 14) sin distinciones, los hombres y mujeres, de buena voluntad, que aman al Señor, y esto es algo que, sin duda alguna (dejemos cualquier tipo de desviación extremista al margen, esto es obvio) buscan y anhelan todas las confesiones religiosas, sin excepción.


Si somos "la gran familia humana" que en Dios reconoce la fuente de la paz, cada uno de nosotros desde su responsabilidad, dones, talentos, ministerios, función pública o privada, trabajo, etc, etc... desde el político hasta el más simple de los agricultores de un río africano, ¡todo el género humano ha de sentirse responsable del otro, de su hermano!, no se me ocurre una forma mejor de decirlo que citando a TERENCIO "hombre soy, por lo tanto, nada humano me es ajeno", si no queréis un autor clásico y preferís a un autor cristiano, nos vale San IRENEO DE LYON "la Gloria de Dios es que el hombre viva"... Ciertamente no será igual nuestra responsabilidad que la de los grandes líderes mundiales, o religiosos, no puede ser igual la exigencia en favor de la paz que se me pueda hacer a mí que al Secretario General de la ONU, pero que nadie se engañe ¡todos somos responsables! aquí no vale decir como CAÍN escurriendo el bulto "¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?" (Génesis 4, 9) porque el Señor nos dirá "la voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra" (Génesis 4, 10)...la voz de la sangre de tus hermanos refugiados, la sangre de tus hermanos ahogados en el MEDITERRÁNEO, la sangre de tus hermanos de SIRIA, la sangre de tus hermanos de IRAK, la sangre de tus hermanos de UCRANIA, la sangre de tus hermanos de SUDÁN DEL SUR,  etc, etc... 


... Y el Señor nos podrá recriminar toda esta sangre, todos estos conflictos, todas estas guerras, porque todos podemos construir la paz, porque como ha dicho el Papa FRANCISCO recientemente:

«La paz es un don, es un don artesanal que todos debemos trabajar, todos los días, pero trabajarlo en las cosas pequeñas: en lo pequeño del día a día. No bastan los grandes manifiestos por la paz, los grandes encuentros internacionales, si luego esta paz no se hace en lo pequeño. Aún más, puedes hablar de la paz con palabras estupendas, dar una gran conferencia... Pero si en lo pequeño de tu vida, en tu corazón no hay paz, en tu familia no hay paz, en tu barrio no hay paz, en tu puesto de trabajo no hay paz, tampoco habrá paz en el mundo».

Y, por encima de todo, siempre, todos y cada uno de nosotros, podemos orar por la paz, y como la oración oficial de todos los participantes y el mensaje final será a partir de las cuatro de la tarde de hoy, no he podido encontrar los textos oficiales, si es que los hay, por eso os invito a rezar la misma oración que el Papa JUAN PABLO II propuso rezar a todos los asistentes en ASÍS, en el año 1986, en su discurso final del PRIMER ENCUENTRO MUNDIAL DE ORACIÓN POR LA PAZ, 27 de Octubre de 1986, cuyo XXX Aniversario conmemoramos hoy. Curiosamente, esta es la sencilla oración por la paz de San FRANCISCO DE ASÍS, la misma que la Madre TERESA DE CALCUTA puso a rezar a toda la Asamblea General de la ONU, durante su visita:


¡Señor, haz de mí un instrumento de tu paz! 
Que allí donde haya odio, ponga yo amor; 
donde haya ofensa, ponga yo perdón; 
donde haya discordia, ponga yo unión; 
donde haya error, ponga yo verdad; 
donde haya duda, ponga yo fe; 
donde haya desesperación, ponga yo esperanza; 
donde haya tinieblas, ponga yo luz; 
donde haya tristeza, ponga yo alegría.
¡Oh, Maestro!, que no busque yo tanto 
ser consolado como consolar; 
ser comprendido, como comprender; 
ser amado, como amar. 
Porque dando es como se recibe; 
olvidando, como se encuentra; 
perdonando, como se es perdonado; 
muriendo, como se resucita a la vida eterna.