domingo, 18 de septiembre de 2016

COMO LÁMPARA EN EL CANDELABRO SANTO
ES LA MUJER DE ESBELTA FIGURA

En el Evangelio de hoy (Lucas 8,16-18) nos dice el Señor:

No se enciende una lámpara para cubrirla con un recipiente o para ponerla debajo de la cama, sino que se la coloca sobre un candelero, para que los que entren vean la luz.

Ahora pensad en la siguiente cita del Eclesiastico (26,17):

Como luz resplandeciente sobre el candelabro santo, así es la hermosura de un rostro en una esbelta figura.

Y a este pensamiento añadid las siguientes palabras del comentario al Evangelio de hoy por San CROMACIO DE AQUILEA (Homilías al Evangelio de Mateo):

Esta lámpara resplandeciente, que ha sido encendida para  servir nuestra salvación, debe siempre brillar en nosotros... Esta lámpara de la ley y de la fe, no debemos por tanto ocultarla, sino colocarla siempre en la Iglesia como sobre el lampadario, para la salvación de un gran número, a fin de alegrarnos de la luz de su verdad, y brillar en todos los creyentes.

Y ahora contemplad a MARÍA, la gran orante, que nos muestra a JESÚS luz del mundo:


Esta es la "VIRGEN DE LA CONTEMPLACIÓN", imagen de la Iglesia e oración que acoge la Palabra, la hace carne con su cuerpo, la ofrece y la lleva en la vida. La Iglesia que es como MARÍA que lleva al Señor como una custodia viva. Esta es la imagen del cristiano que por el bautismo se convierte en auténtico templo del Señor, y que en oración se siente embargado por la presencia del Señor que vive en él. 

Este icono, de la "GRAN ORANTE" no sólo sugiere y mueve intuitivamente a la oración, la alabanza y la contemplación, sino que nos invita dirigir una ardiente plegaria a MARÍA, la Madre de Dios, para que nos guíe por los caminos de la contemplación, porque ellas es como "lámpara encendida en medio del santuario", la mujer de esbelta figura, la que la Iglesia coloca en lo más alto del lampadario, para que su luz, el Señor, sol de justicia, brille en todo su esplendor sobre nosotros:

Santa María, Madre de la contemplación,
haz que sepamos contemplar el misterio
que tú misma llevabas en tu seno,
y que ahora la Iglesia y cada cristiano
lleva en el fondo de su corazón:
La presencia de Cristo,
el Enmanuel, Dios con nosotros,
por toda la eternidad.

Amén.