domingo, 4 de septiembre de 2016

CALCULAR EL COSTE DE SEGUIR AL SEÑOR....
SALDO: CRUZ


Seguramente, muchos de nosotros, paseando por nuestras ciudades, especialmente por las afueras, habremos visto las estructuras esqueléticas de muchas promociones de viviendas sin terminar, como si se hubiesen quedado a modo de monumentos de lo que fue la llamada "burbuja inmobiliaria" previa a la crisis económica... Seguramente muchos de los promotores no habían leído el Evangelio de hoy (Lucas 14,25-33), que no es tanto un asunto de fe, sino del más básico sentido común: "¿Quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: "Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar."

El Señor propone el mismo ejemplo respecto de un rey que ha de ir a la guerra, acerca de si "considerará o no el número de hombres de que dispone para ir  la guerra", puede parecer, aunque es todo lo contrario, que el Señor nos está transmitiendo algún tipo de enseñanza "utilitarista", sin embargo, en el contexto nos damos cuenta enseguida de que no es así, no hay nada más utilitarista que seguir al Señor, ni nos valen cuentas que hacer, ni listas de pros y contras, ni considerar lo que vamos a ganar o perder, porque al final, para todos los que siguen al Señor el saldo es el mismo: "CRUZ", y verdaderamente no es un saldo agradable "Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío." Como solía decir Mª EMILIA RIQUELME a sus religiosas: "Somos herederas de un Dios crucificado, y sabemos que padecer es nuestra herencia".


Curiosamente hoy se celebra además la canonización de la Madre TERESA DE CALCUTA, cuya congregación, en YEMEN, ha merecido sufrir ya la corona del martirio, en las hermanas recientemente asesinadas, junto con los ancianos que atendían, en una casa de pobres discapacitados... Pero más sobrecogedor que el dato en sí, que no deja de ser una gota en el océano de martirios, persecución y hostigamiento de los cristianos que se producen hoy en los países de Oriente Medio, es saber la oración con la que principian su día todas las MISIONERAS DE LA CARIDAD, y que se conoció a raíz de los asesinatos anteriormente señalados y que es la siguiente:

Señor, enséñame a ser generoso. 
Enséñame a servirte como lo mereces; 
a dar y no calcular el costo, 
a luchar y no prestar atención a las heridas, 
a esforzarme y no buscar descanso, 
a trabajar y no pedir recompensa, 
excepto saber que hago tu voluntad.

En efecto, ya sabemos que el costo de seguir al Señor es "la Cruz", nos lo ha dicho el Señor en el Evangelio de hoy, quizás la Cruz se nos haría más llevadera si no pretendiéramos sacarla "del balance de nuestras vidas", si cada mañana repitiéramos, plenamente convencidos, e invocando el auxilio del Señor "Señor, enséñame a servir, a dar, sin calcular el costo".