martes, 23 de agosto de 2016

¿SOMOS IGUAL DE CHUMINOSOS QUE LOS FARISEOS?


El Evangelio de hoy (Mateo 23,23-26) nos muestra una diatriba del Señor contra los fariseos, todas las invectivas van contra su exigencia formal externa: 

Es verdad, hay que pagar el diezmo, así lo establece la ley "los diezmos del campo, de la siembra y de los frutos pertenecen al Señor y son sagrados" (Levítico 27,30, ahora pensemos en lo absurdo de lo que el Señor denuncia, efectivamente, si tengo un campo de trigo y me da cien kilos de trigo, no está mal entregar al Templo el pago de diez kilos de trigo; pero no me digáis que pagar el diezmo de -como dice el Señor- "la menta, del hinojo y del comino"... Repito, pongámonos en situación, que todos hemos tenido alguna vez una maceta de albahaca o perejil en la cocina ¿os figuráis ir al Templo a pagar el diezmo de nuestra macetica de albahaca, o perejil o menta? ¿eso que supone? ¡Dos ramilletes insignificantes! ¡Menuda chuminada campera...! ¿A qué ahora comprendéis mejor el grado de escrúpulo absurdo de los fariseos? Claro, que no debían de ser tan chuminosos, ni tan escrupulosos como para descuidar "la justicia, la misericordia y la fidelidad" Esto es tanto como decir, por reducir el argumento al absurdo, que un Viernes de Cuaresma nos toque a la puerta un mendigo, pidiendo algo de comer, y e digamos que sí, con toda bondad y generosidad, que le vamos a dar un bocadillo, y abriendo la nevera vemos que sólo nos queda salchichón, y entonces le decimos al mendigo, sin abandonar la sonrisa amable "¿Le importaría venir mañana es que sólo tengo salchichón y hoy no se puede comer?" Pues eso...

¡Guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello! Esta es otra que, nada más para empezar, se la pueden aplicar todos los comentaristas y tertulianos de la televisión, la radio y demás programas, da igual de lo que sean, y luego, cada uno de nosotros, porque todos solemos tener esa famosa "ley del embudo" en virtud de la cual "lo estrecho para ti, lo ancho para mí" Porque seguro que si nos ponemos a penar en corrupción política todos empezamos a despotricar y desvariar, que si es una vergüenza, que si son unos ladrones, que qué más quieren... pero luego necesito mercromina en casa y como trabajo de enfermera me la llevo a manos llenas del hospital, o los niños me han dicho que les faltan folios para el colegio y como soy profesor en un instituto pues hurto un par de paquetes -y de paso unos bolis-, o como soy el dueño de una clínica de renovar el carnet de conducir pues a mi cuñado le doy el certificado de aptitud por la cara, porque no me apetece escuchar a mi mujer, entre otras cosas... y así continuamente.... Que cada cual vea si nunca jamás se ha prevalido de su posición para hacer, por la vía fácil, lo que otos no pueden por no estar, en su posición, sea la que fuere.

Y en relación a "la limpieza de las copas" y ese falso escrúpulo del que es capaz de montar un numerito en un restaurante, porque le ponen un vaso sucio, sin darse cuenta de que con su actitud, airada y carente de sentido, salvo la educación de pedir uno limpio, quizás está vejando y humillando al pobre camarero, no me resisto a compartiros otra polémica al respecto, recogida en el llamado Papiro de Oxirrinco, nº 840, escrito en griego y que se cree pudiera ser un fragmento de algún evangelio apócrifo desconocido, o un fragmento del pretendido Evangelio de MATEO escrito en hebreo, anterior a la versión griega definitiva que conocemos como nuestro evangelio de MATEO canónico, el oficial:


Entonces el Señor tomó consigo a los apóstoles, entró en el lugar de purificación  y vagó por el templo. Luego, un cierto sacerdote de los fariseos, llamado Leví  se acercó a ellos y le dijo al Señor: "¿Cómo es que os permitís pasear por este lugar de purificación y contemplar estos vasos sagrados, a pesar de que no os habéis bañado y ni los pies de tus discípulos, ni los tuyos, os los habéis lavado? Ya que para venir aquí, y caminar por  esta zona del Templo sólo es posible a una persona que se ha bañado y cambiado de ropa, incluso una persona así no se atrevería, con todo, a mirar a estos vasos sagrados. Entonces el Señor airado le dijo: "Puesto que tú estás aquí también en el Templo ¿estás tú limpio?" El fariseo le dijo: "Estoy limpio, pues me he bañado en la piscina de David, bajé a la piscina por las escaleras de un extremo y salí por las del otro. Entonces me puse la ropa blanca y he quedado limpio. Y entonces vengo aquí y puedo ontemplar estos vasos sagrados". En respuesta a él, el Señor le dijo: "¡Ay de las personas ciegas que no ven! Te lavaste en las aguas que brotan de la fuente en la que  los perros y los cerdos se echan por la noche a dormir. Y cuando te lavaste, sólo te limpiaste la capa externa de la piel, como la capa de piel que las prostitutas y los flautistas se ungen y se lavan y se frotan cuando se ponen maquillaje para convertirse en el deseo de los hombres. Pero por dentro están llenos de escorpiones y de toda maldad. Pero mis discípulos y yo, a quienes-dices que no nos lavamos, nos hemos lavado en las aguas de la vida eterna que vienen del Dios del cielo.

No seamos como los fariseos, no seamos formales, ni chuminosos, no convirtamos la gracia de nuestro bautismo en una mera agua sobre nosotros, curiosamente en su carta, PEDRO, utiliza una terminología muy parecida a la del anterior texto "para vosotros es símbolo del bautismo que ahora os salva, que no consiste en lavar la suciedad del cuerpo, sino en el compromiso con Dios de una conciencia limpia; por la resurrección de Jesucristo" (1 Pedro 3,21), una vez más, en la eterna contradicción entre, como dice el refrán "haz lo que yo diga, pero no lo que yo haga", o si lo preferís