sábado, 20 de agosto de 2016

PREPAREMOS NUESTROS CORAZONES TRAS LAS ELECCIONES

Perdonad, ante todo, el título del artículo de hoy, pero es que el texto original, del que ofrezco la traducción (no me quiero apropiar de la reflexión de nadie) es de un joven pastor norteamericano, llamado JOEL LITTLEFIELD, y se titula -en inglés- "preparing our hearts post elections" cuya traducción es "preparemos nuestros corazones tras las elecciones" y claro, en inglés no rima, pero en castellano "sin haberlo preparado me ha salido pareado", el caso es que comparto esta reflexión, del mencionado pastor, porque me parece una de las cosas más sensatas, ponderadas y comedidas que he leído últimamente en lo que se refiere a la actitud de los cristianos ante unas elecciones:

Cada nuevo período de elecciones presidenciales me deja la misma sensación en el estómago. No es miedo a que la persona equivocada entre a formar parte de la Presidencia. No es tanto una preocupación por las distintas políticas, por el aumento de los impuestos o un recorte en las libertades y derechos, que nos puedan ser despojados por imperativos externos. Es una preocupación por la Iglesia. Me he dado cuenta de que en cada ocasión electoral los cristianos temen el resultado de las elecciones como si del PALACIO DE LA MONCLOA fueran a depender nuestros destinos. Es como si las ovejas del rebaño de Dios, de repente, comenzaran a desconectar de la voz de su pastor y Señor, y sintonizaran solamente la voz de la política, de los políticos y de los contertulios de radio y televisión como si todo ello fueran las autoridades finales de sus vidas.

JOEL LITTLEFIELD, pastor estadounidense,
autor de este artículo
Hagamos un avance y pensemos en "el día después", sea de las elecciones o de la constitución de un nuevo Gobierno.  Imaginemos el día en que, después de las votaciones, se anuncia el ganador. Una persona se levanta victoriosa, como Presidente, y tiene los próximos cuatro años para hacer lo que le plazca con este país. ¿Qué vamos a hacer si no hace aquello para lo que le votamos? ¿Qué vamos a pensar si todos los meses de campaña electoral, todas las promesas hechas en las redes sociales, se demuestran inútiles y vacías de contenido? ¿Renunciará, dimitirá? ¿Vamos a estar llenos de odio contra los políticos? ¿Vamos a empezar a culpar a nuestros conciudadanos que se quedaron en casa y no votaron? Sin duda hay muchos que olvidan que la esperanza de un cristiano debe estar firmemente arraigada en la Palabra de Dios y en la sangre del Cordero.

Estas son preguntas importantes que creo que muchos en la Iglesia simplemente no se están haciendo. No sólo no se las hacen, sino que están eligiendo el conformarse con el pesimismo, la desesperación y la desolación moral, ética y ciudadana. Incluso aunque haya ganado nuestro candidato, y lo celebremos por la mañana en la oficina con los compañeros de trabajo... ¿De verdad podemos asegurar que de forma inequívoca todo va a transcurrir bien en el país ahora que esa persona vive en la MONCLOA? Claro, no soy tonto, yo sé que esto es un gran problema. Yo sé que el Presidente tiene el poder de producir cambios reales en la sociedad, ya sean para bien o para mal. Pero la realidad de todo es que Dios está dirigiendo la nave de la historia y nuestra esperanza debe estar en él, por lo que no importa quien sea el Presidente, porque nuestra confianza radica en una promesa y una esperanza mayores.

Como ya he dicho antes, mi preocupación es por la Iglesia. Así que permítanme aclarar lo que quiero decir por la Iglesia. Me refiero a las personas que son ciudadanos del cielo por medio de la fe en Jesús. Me refiero a todos los que han cedido el derecho de gobernar su propia vida para que Cristo pueda conducirlos conforme a sus deseos. Estoy hablando de los discípulos de Jesucristo, que se identifican, con el Apóstol PABLO de acuerdo con estas palabras (Hechos 20,24)

Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.

Si esto no está dicho para vosotros, entonces todo lo que puedo decir es que no os culpo por tener miedo en sus mentes y en sus corazones. Yo también lo tendría. Pero aquellos que conocen el Rey de Reyes tienen una esperanza eterna, que no conoce el miedo.

A pesar de tener un país que estuviera gobernado por un desalmado y un ser sin corazón el mal no sería nunca la última palabra, no sería su triunfo el final tampoco. ¿Acaso la guerra, la muerte, el aborto, el racismo y la violencia se incrementarían? ¿Acaso habría derecho a que los padres fueran despojados de su deseo de educar a sus hijos, incluso en la escuela pública, en la forma más conveniente a sus ideales? Todo eso podría llegar a suceder, e incluso seguir aumentando, ciertamente, pero nunca será por el Gobierno, o el Presidente, será por la dejadez que hacemos de nuestro ser Iglesia, porque la misión de la Iglesia es llevar el Evangelio de Jesucristo a las almas perdidas y heridas, hasta que Cristo regrese en triunfo, todavía tenemos mucho trabajo que hacer.


Regresando de nuevo a este escenario post-electoral imaginemos si todos los cristianos en ESPAÑA, especialmente aquellos que están tomando medidas por medio de su voto, eligieran también confiar en Dios, como hacemos con todo lo demás de la vida, también con ese voto. Esto no quiere decir que votemos y a renglón seguido digamos, con miedo, "que el Señor nos pille confesados si no ganamos" Me refiero a que realmente confiemos Dios, para que no nos importa el resultado, si se produce en la paz de la manifestación de la soberanía popular,  sino para que confiemos siempre en la providencia de Dios. Imagínese si sus amigos, familiares y vecinos pudieran ser testigos de una Iglesia que no deja de latir, inánime, a la espera de los resultados electorales, o la constitución de u nuevo Gobierno, sin ningún cambio radical en la dirección de nuestras vidas, sin caer tampoco en la actitud que dice "todo está perdido" si políticamente las cosas no resultan como nuestro deseo. Eso es lo que debe suceder. Cualquier cosa diferente, que no sea confiar en la Providencia de Dios en la historia, le hará el juego al enemigo de considerar un mundo sin Dios, un Señor débil y una Iglesia muy equivocada. Y aunque ninguna de estas afirmaciones es cierta, no menos cierto es que es la percepción que suelen tener los cristianos en lo que a temas políticos se refiere.

Más importante que quién gane, a quienes vota y cuáles sean sus políticas, es que la Iglesia sigue siendo "la sal de la tierra y la luz en la oscuridad". Si tras este período post electoral, o de constitución de un nuevo Gobierno, todo pareciera más oscuro que el día anterior, tendremos entonces la oportunidad como cristianos de brillar aún con una luz más brillante con un mensaje de esperanza para este mundo. Como cristianos, necesitamos no sólo prepararnos para votar, sino ademas, tener preparados los corazones tras las elecciones.