martes, 30 de agosto de 2016

LA PERLA PRECIOSA...
¡PRECIOSA NO SÉ, PERO CACHO GRANDE....!


El Evangelio de hoy (Mateo 13,44-46) es tan corto, que merece la pena copiarlo entero:

Jesús dijo a la multitud: "El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró." 

San BUENAVENTURA cita este Evangelio, precisamente, al hablarnos en su obra sobre la vida de San FRANCISCO de ASÍS (Leggenda Maior, capítulo VII), en lo atinente a la pobreza:

Nada le producía una herida mayor que encontrar en sus hermanos alguna cosa que no fuera conforme a la pobreza de los religiosos. Desde el inicio de su vida religiosa hasta su muerte, no tuvo otra riqueza que su túnica, una cuerda como cinturón, unos pantalones; no le hacía falta nada más. A menudo, pensando en la pobreza de Jesucristo y de su Madre, lloraba: «He aquí, decía, el porque la pobreza es la reina de las virtudes; es ella la que ha brillado en el Rey de reyes (1 Timoteo 6,15) y en la Reina, su madre». 

Un día que los hermanos le preguntaron cuál es la virtud que nos hace más amigos de Cristo, abriendo, por así decir, el secreto de su corazón, les respondió: «Saben, hermanos, que la pobreza espiritual es el camino privilegiado para la salvación, porque es la savia de la humildad y la raíz de la perfección; sus frutos son innumerables aunque escondidos. Ella es ese «tesoro escondido en el campo» que, para comprarlo, dice el Evangelio, es preciso venderlo todo y cuyo valor nos debe empujar a despreciar toda otra cosa».

Sin embargo, la enseñanza del Evangelio de hoy viene ni que pintada con un acontecimiento del que se ha sabido hace poco en los medios de comunicación: ¡Encontrada la perla más grande del mundo!


Al parecer un sencillo pescador de FILIPINAS, hace diez años, notó que su red se atoraba en el fondo, creyendo que se trataría de una roca, se lanzó al agua y vio que se había quedado enredada en un ostra gigante, así que la pescó, al fin y al cabo iba a tener suerte con aquella captura. Al abrirla luego descubrió que en su interior había una perla, más que una perla, una cosa amorfa de nácar (que al fin y al cabo no es más que una partícula de arena o cuerpo extraño, del que se defiende el delicado cuerpo de la ostra, segregando nácar a su alrededor... ¡os dais cuenta de cuán tontos somos los humanos, que damos valor a algo que para la ostra en sí no es más que una excrecencia!) que pesaba nada más, ni nada menos que... ¡34 kilos! ¿Y qué os creéis que hizo el pobre pescador? ¡Pues sencillamente guardarla en casa, debajo de la cama, como amuleto de buena suerte!


Al principio dije "hace diez años", porque nuestro protagonista ha seguido pescando, día tras día, en esas jornadas agotadoras de pobres y miserables pescadores de subsistencia de cualquier villorrío costero, sin alterar en nada su ritmo de vida, viviendo en su cabaña de madera, pobre y tosca... y la historia se ha sabido porque su cabaña se quemó recientemente, y ha decidido sacar a relucir -nunca mejor dicho- su perla "para el museo de la ciudad, porque a él ya no le trae suerte" No sé cómo ha terminado la historia porque la noticia sólo explica que "las autoridades se han quedado con la perla -espero que al menos hayan reconstruido la cabaña del pescador- y quieren convertirla en el foco de atención de futuros visitantes y turistas a la zona" Al parecer la perla podría tasarse en unos cien millones de dólares.

Entonces me siento interrogado por ese pobre pescador anónimo, no puedo entender -como dice el Evangelio de hoy- en qué fundará él su tesoro, ¡desde luego no en una perla gigante de cien millones de dolares!, no sé si será creyente, si será cristiano, cuáles serán sus dioses, o sus motivaciones en la vida, pero ha seguido haciendo su vida normal, en su cabaña de siempre, en su pesca diaria... durante diez años, ahí es nada... Lo envidio, porque ha sido capaz de llevar una vida normal, sin verse alterado por el tesoro, por la perla fina, por la riqueza, al fin y al cabo, con esa sencillez -como dice San BUENAVENTURA de San FRANCISCO- "pobreza espiritual es el camino privilegiado para la salvación, porque es la savia de la humildad y la raíz de la perfección", ojalá fuéramos capaces de vivir, anclados sólo en el Señor y su Palabra, desdeñando todo lo demás...