sábado, 13 de agosto de 2016

LA HUCHA DE DIOS...
¡SIGAMOS ECHÁNDOLE ACHAQUES!


Desde hace diez años, cuando me diagnosticaron la Purpura Trombocitopénica Idiopática (una enfermedad por la que mi organismo destruye las plaquetas, por lo que, cuando su número desciende alarmantemente se producen hematomas y derrames espontáneos, lo que reviste gravedad en el caso de hemorragias internas), después de la incertidumbre y los nervios de toda la batería de pruebas hasta tener un diagnóstico (algo que sucedió casi once meses después de los rimeros síntomas, muy espectaculares, claro, por los cardenales y los hematomas -sin necesidad de golpearse con nada- ¡hasta en los casos severos te puedes provocar un derrame cerebral por un simple estornudo!), me hice el firme propósito de que, en la medida de lo posible, la enfermedad no se iba a convertir, ni para mí, ni si podía evitarlo, para mis allegados, familiares y amigos en el centro, o en la dueña de mi vida...

Y creo que, después de diez años conviviendo con la enfermedad, lo he conseguido, a veces no sin la desesperación de aquellos que se preocupan por mi enfermedad más que yo mismo, me despreocupo tanto de "mi vieja compañera" del camino de la vida, que es mi enfermedad, que ya hasta me he relajado demasiado, hasta de las propias revisiones mensuales...

Con todo, los trastornos colaterales de una enfermedad crónica que no tiene solución médica conocida, y de la que sólo se pueden paliar los síntomas para tener calidad de vida (por eso recibe el nombre médico de "idiopática") como las revisiones mensuales, las analíticas de sangre, las citas con el médico, el tratamiento... ¡todo ello sin contar con el sufrimiento extra que supone bregar con la burrocracia administrativa médica! ¡hasta el error de un médico MIR de urgencias, medio dormido, que podía haberme costado la vida! todo ello hace tiempo que lo tengo echado -como diría San LUIS Mª DE GRIGNION MONFORT- "Todo ello consideradlo una ganancia, como una especie de "hucha de Dios" hasta que seáis capaces de sobrellevar cargas más altas", curiosamente palabras muy parecidas a las de esa otra oración que llevo escrita en la cartera que dice así "no seamos impacientes queriendo abarcar el todo, ya lo hizo Cristo por nosotros, mientras tanto nosotros vayamos atesorando con gusto "astillitas de la Cruz"".

No puedo evitar, cada vez que voy a las revisiones acordarme de ese pasaje del Libro de Josué, haciendo referencia a la conquista de la tierra prometida, siempre en inferioridad numérica con sus enemigos, pero siempre confiando en el Señor "Unos cuarenta mil hombres equipados militarmente desfilaron hasta el páramo de Jericó" (Josué 4,13) y lo hago porque, casualmente, cuarenta mil es la cifra que más o menos mantengo de plaquetas ¡y eso que la horquilla normal es de 150000 a 325000), esperando como JOSUÉ que el Señor me conceda "conquistar la tierra prometida", esto es, sanar de mi enfermedad, lo que no es del todo imposible, dado el carácter idiopático de la misma, pues aunque la ciencia no sabe como curarla, no menos cierto es que puede revertir a su sanación de forma espontánea, lo mismo que cuando se manifestó... 

Pero pareciera que el Señor no quisiera que fuera capaz de olvidarme de mi enfermedad, para que no sea el centro de mi vida, ni de mis preocupaciones... Ahora resulta que llevaba una semana viendo borroso, y me fui al médico de cabecera, quien me remitió al especialista, pero como la cita me la dieron para el 26 de Septiembre, lógicamente no podía estar tanto tiempo sin saber la causa, la gravedad y la duración de esta visión borrosa, así que a Urgencias, donde después de toda la mañana de pruebas y deliberaciones vienen a decirme que ¡tengo un principio de cataratas! ¡a mis 41 años, ahí es nada!, pero no son por la edad, sino al parecer como efecto colateral secundario y negativo de mi enfermedad, ya que dichas cataratas han sido provocadas por la gran cantidad de corticoides que me administraron, los primeros años de la enfermedad, como tratamiento para mantener las plaquetas en una cifra razonable... 

Así que una nueva debilidad, un nuevo aviso de la edad que pasa, de que somos caducos, un nuevo esfuerzo a querer hacer mi vida normal, sin hacer de la enfermedad su centro, ahora con nuevos trastornos -hasta que el oftalmólogo decida qué hacer con mis cataratas incipientes- la fotofobia, la visión borrosa, el dolor de cabeza por forzar la vista, etc, etc... en fin, nuevos achaques que echar en esa "hucha de Dios" de la que hablaba San LUIS Mª DE GRIGNIÓN MONFORT, quizás sea un ensayo, hasta el día que haya de sobrellevar cruces mayores, sea como fuere, en la actualidad este nuevo contratiempo supone una nueva cura de humildad, como dice el Salmo: "Señor, mi corazón no es ambicioso (...) no pretendo grandezas que superan mi capacidad (...) Espero, como Israel ,en el Señor ahora y por siempre" (Salmo 130).