martes, 2 de agosto de 2016

EL GRAN PERDÓN DE ASÍS
DEDICACIÓN DE LA PORCIÚNCULA
NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES


Anoche, esta paupérrima comunidad, celebramos la solemne VIGILIA DE ORACIÓN con motivo del GRAN PERDÓN DE ASÍS, celebramos la Eucaristía y después de cenar tuvimos un momento de arrepentimiento, perdón, escucha de la Palabra de Dios e intercesión. Como ya os compartimos en su día, fue el Papa PABLO VI el que extendió este privilegio original del GRAN PERDÓN DE ASÍS, querido por San FRANCISCO, en el año 1.216 (por lo que se cumplía además su VIII Centenario), para todos aquellos que arrepentidos visitaran la pequeña Iglesia románica de la PORCIÚNCULA, bajo la advocación de NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES, el día 2 de Agosto, a todos los oratorios, capillas, conventos, parroquias y monasterios franciscanos, por lo que sintiéndonos franciscanos, no sólo de nombre, y por la presencia en casa de una reliquia (un fragmento) de la PORCIÚNCULA verdadera, que nos fue donado por la comunidad de ASIS en señal de comunión franciscana, es por lo que nos sentíamos especialmente llamados a celebrar esta gran vigilia nocturna de oración.


Comenzamos, como no podía ser de otra forma, a la puerta de nuestro pequeño oratorio, invocando al Señor la gracia, no sólo de permitirnos abrir la puerta santa, como se lee en ASÍS en la PORCIÚNCULA "éstas son las puertas del cielo", sino como dice el Señor en el Evangelio "hacedlos entrar" (Cfr. Lucas 14,23), es decir, abriendo físicamente las puertas del espacio para haceros a todos vosotros, seguidores, amigos, familiares, lectores... presentes, para que esta noche, por nuestra oración, cada cual en medio de las circunstancias de su vida, experimente el perdón y la misericordia del Señor... Y una vez abierta la puerta santa, entramos por ella, cantando (a medio play back, con el apoyo del equipo de música) las impresionantes primeras palabras del recién elegido Papa JUAN PABLO II "Abrid las puertas a Cristo, no tengáis miedo, descerrajad vuestros corazones al amor de Dios", que conforman el estribillo de su himno de beatificación:





Celebramos la Eucaristía con el altar desnudo, es decir, sin mantel, a salvo, claro está, del correspondiente corporal, ya que en él tenemos encastrada la reliquia, consistente en el fragmento auténtico de la PORCÍUNCULA del que ya hemos hecho mención antes, para que nuestra comunión espiritual con los franciscanos y con ASÍS fuera más evidente en la única comunión y unidad que es posible en la Iglesia, la celebración de la Eucaristía... Aunque luego en el momento posterior a la celebración de la Eucaristía, durante la vigilia de oración, colocamos la reliquia junto al Señor durante la Adoración Eucarística. El altar, que ya de por sí es pequeño... ¡en esta casa todo es pequeño, falto, limitado... hasta sus habitates! se estrechaba aún más por las flores, las velas, la celebración... pero lo importante es que su dimension fisica en nada entorpece la grandeza del alcance del sacrificio de Cristo, Eucaristía, ofrecida y celebrada por todos vosotros.



Especialmente emotivo fue el momento del ofertorio en el que hicimos especialmente presentes a esas personas que a lo largo de estos días respondieron a nuestra petición de intenciones de oración para nuestra vigilia, de esta forma nos comprometéis mucho más, a pesar del cansancio de ser la madrugada de un día de diario, con la carga del trabajo del día, o tener que ir a trabajar al día siguiente, con el cansancio de la decoración, de la preparación de los textos de la vigilia, de la ornamentación del oratorio, de la paliza de trabajar y el esfuerzo realizado... quizás nos hubiéramos conformado con la sola celebración de la Eucaristía, sacrificando la vigilia de oración nocturna ¡pero no podíamos hacerlo, ya estábamos comprometidos a rezar por todos vosotros, por eso no nos podíamos rendir!, para eso sirven los hermanos, y las comunidades, aunque sean virtuales o a distancia, para estimularnos, apoyarnos, darnos aliento... Así que tanto durante el ofertorio, como después en la vigilia, muchos de vosotros estuvistéis ahí, realmente presentes.


No olvidamos que la pequeña PORCIÚNCULA que literalmente en italiano significa "la pequeña porción", como le gustaba llamar cariñosamente a este lugar a San FRANCISCO, era una pequeña ermita, propiedad de los benedictinos, y que éstos "alquilaron" (pues San FRANCISCO no quería tener nada en propiedad) por el precio simbólico de un cesto de peces al año (precio que siguen pagando actualmente los franciscanos), románica, consagrada a NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES, y de la que los pastores, aldeanos y demás habitantes de la zona, siempre acostumbraban a decir, como el mismo San FRANCISCO corroboraría muchas veces, era un lugar especialmente querido por la Virgen MARÍA, en el que incluso, a veces, parecía que se escuchaba el canto dulce y meloso de los ángeles. Por eso hicimos presente a MARÍA Santísima en el oratorio, ofreciéndonos a su hijo, Jesucristo, nuestra Misericordia, como bien dice la oración de la Salve: "Ea, pues, Señora Abogada Nuestra,  vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,  y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre".



Después de la celebración eucarística dedicamos un tiempo a descansar y cenar ¡y eran ya las una y media de la madrugada!, tiempo tras el cual tuvimos la VIGILIA DE ORACIÓN propiamente dicha, en la que tuvimos un momento de Adoración Eucarística, pues el Señor presidió todo este momento de oración, en el que reflexionamos sobre el sentido y alcance del PERDÓN DE ASÍS en la actualidad y en nuestras vidas, invocamos, tras un largo y costoso examen de conciencia, guiado por su lectura en voz alta, el perdón para nosotros, para vosotros, para toda la humanidad... 




Y como dice la canción, sobre texto de MARÍA EMILIA RIQUELME, esa fundadora granadina del Siglo XIX, de la que también nos sentimos hijos suyos, espirituales (de ahí nos viene el ser "eucarísticos"), que ambientó el momento de la exposición del Santísimo Sacramento "¡Hermoso rostro, que predica muy alto el amor! (...) Yo detesto cuanto de ti me aparte".


Como sabéis tenemos tres perros, JULIO, el macho canela, el primero en entrar en casa, LIA, una hembrita -de la misma raza- de color negro, que nos quedamos también por aquello del génesis de que "no es bueno que uno esté solo", y recientemente PÉREZ, un hijo de ambos, llamado así porque de toda la camada erael más pequeño y débil ¡como el ratoncito PÉREZ, de ahí el nombre!, nuestros perros no los tenemos tanto por ser franciscanos y los animalitos y todo eso, porque de verdad nos gustan los animales, y porque tenemos la seguridad de que providencialmente "lo mismo que esta pobre comunidad cuida de los perros, el Señor cuida providencialmente de nosotros"; nunca hemos restringido nada a los perros, que son libres de ir y venir por toda la casa, lo que incluye el oratorio, nuestros ratos de oración, adoración y celebración de la Eucaristía ¡Santa CLARA tenía un corderito, regalo de San FRANCISCO, que se acostumbró a estarse quieto y callado en un rincón cuando las religiosas rezaban las horas!, al fin y al cabo ellos forman parte de esta familia, de esta pobre comunidad, y en cierto modo, ellos también alaban al Señor con su mera existencia, pues hechura de sus manos son, como todo lo creado... El caso es que se medio comportaron... LÍA, la perrita, que últimamente parece que tiene una tenia, siempre tiene hambre, se paso la celebración vigilando las flores, por si se caía el más mínimo pétalo para ¡comérselo!, pero con eso ya estuvo entretenida, la pobre... mientras que PÉREZ, el cachorrito lo único que hacía, sobre todo al estar sentado, era querer mordisquear y jugar con mi cordón franciscano.... contra su ser natural, el único que permanecía tranquilo de verdad, era JULIO. 



Sin embargo, he aquí la anécdota, en un momento dado de la vigilia, como signo de renovación, lo mismo que el agua del bautismo, el celebrante tenía que asperjarnos con agua bendita, para lo que teníamos un cuenco preparado a los pies del altar, con agua bendita, de la que se consagró y se bendijo en la noche de la vigilia pascual, pues en cuanto el celebrante dijo "recibid bajo el signo del agua el baño que os purifica, que sepulta al hombre viejo, y os hace nacer nuevos, en la misericordia" ¡el perro, como accionado por un resorte, y eso que ni se había fijado hasta entonces en el agua, se levantó de su sitio y se la bebió toda....toda, un cuenco entero! Todos nos echamos a reír, fue el respiro que nos dio el Señor para olvidar un poco el tono sombrío del examen de conciencia, y hacernos darnos cuenta de que es en la espontaneidad de la vida en la que el Señor muestra, una vez más, su amor por todas las criaturas "¡Cuánto valéis vosotros más que los gorriones o los lirios del campo!" (Cfr. Mateo 6,26)

Y aunque hemos celebrado en nuestra limitación, pobreza y humildad, lo mejor que hemos podido esta jornada gozosa del GRAN PERDÓN DE ASIS, del que como hemos dicho se cumple su VIII Centenario, no podemos olvidar otro evento importante, que tuvo también a ASÍS y a la PORCIÚNCULA como marco de referencia, y del que se cumple también este año su XXX Aniversario, nuevamente en el marco de este AÑO DE LA MISERICORDIA, y como gesto profético que tanto nos tiene que hacer reflexionar, en las actuales circunstancias de persecución religiosa e integrismo, y fue el encuentro del Papa JUAN PABLO II con los representantes de todas las confesiones mundiales para orar por la paz, en el año 1986, lo que en su día se llamó "El Espíritu de Asís".



Por eso, a modo de conclusión os invitamos a orar la oración de la paz del propio San FRANCISCO DE ASÍS contemplándole tal cual lo vemos en nuestra humilde casa:


¡Señor, haz de mí un instrumento de tu paz! 
Que allí donde haya odio, ponga yo amor; 
donde haya ofensa, ponga yo perdón; 
donde haya discordia, ponga yo unión; 
donde haya error, ponga yo verdad; 
donde haya duda, ponga yo fe; 
donde haya desesperación, 
ponga yo esperanza; 
donde haya tinieblas, ponga yo luz; 
donde haya tristeza, ponga yo alegría.
¡Oh, Maestro!, que no busque yo tanto 
ser consolado como consolar; 
ser comprendido, como comprender; 
ser amado, como amar.
Porque dando es como se recibe; 
olvidando, como se encuentra; 
perdonando, como se es perdonado;
muriendo, como se resucita a la vida eterna.