domingo, 7 de diciembre de 2014

LA DEFENSA GRANADINA
DEL DOGMA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN
"Hasta la sangre si fuera menester"


Que no seré yo el que me ponga a exponer sobre el dogma de la INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA, en primer lugar, porque como nos enseña la sabiduría popular, recogida en el refranero, bien se dice aquello de “doctores tiene la Santa Madre Iglesia”, y en segundo lugar porque, como granadino, por lo que más adelante se dirá, no me toca decir nada más de este dogma mariano que creerlo, por la fe, y defenderlo “hasta la sangre”, y es que GRANADA, si se ha caracterizado por algo es por la devoción y defensa del dogma concepcionista.

Hay que tener en cuenta que GRANADA, desde la reconquista, en el año 1492, había estado “desconectada” de sus raíces cristianas desde hace siglos, y ahora se encontraba, de mano de los Reyes Católicos, inserta en el Siglo XV, en la modernidad, con una población mixta, donde conviven los cristianos y los antiguos musulmanes, supuestamente convertidos, los moriscos, pero que mantienen durante un siglo más sus costumbres y su religión, hasta que finalmente son expulsados del reino por eso necesitaba refundar una historia y adscribirse a un pasado “cristiano” anterior a la dominación musulmana.  Justo en este momento es cuando providencialmente, como consecuencia de la demolición del minarete de la antigua mezquita, se produce el hallazgo de una serie de planchas circulares de plomo, escritas en árabe, en donde se cuenta –resumiendo- una especie de concilio de los apóstoles, en torno a María (que es la que narra el acontecimiento en primera persona)- en el que se juramentaron a defender que “a María no tocó el pecado primero” y algunas notas biográficas del presunto primer obispo de GRANADA, San CECILIO.  Sin entrar a considerar lo polémico de su contenido, o que estén escritos en árabe macarrónico, haciendo referencia a temas cristianos, o que “mira tú que bien el momento justo en que vinieron a descubrirse” lo cierto es que los llamados “libros plúmbeos”, que a nadie escapa son una mera falsificación apócrifa, quizás de alguna conspiración morisca para evitar ser expulsados, fueron todo un empuje para la defensa del dogma de la INMACULADA CONCEPCIÓN en GRANADA.

Lo anterior se lo debemos al arzobispo granadino, por aquella época, PEDRO DE CASTRO, que apasionado por el descubrimiento, se convierte en un defensor acérrimo de la veracidad del mismo, y por ende, del dogma inmaculista, devoción que luego llevará a SEVILLA, cuando sea designado obispo de aquella sede, precisamente a modo de correctivo, porque ya se estaba pasando de crédulo en GRANADA. Por eso, tanto en GRANADA y como en SEVILLA se respiraba un claro fervor inmaculista se vivía con exaltación el fervor inmaculista.

El 25 de Noviembre de 1618, todos los doctores, profesores, alumnos y becados de la UNIVERSIDAD DE GRANADA, en la Iglesia de los Santos JUSTO Y PASTOR, “juraron defender la pía devoción de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora, y todo ello hasta derramar la propia sangre, si fuere preciso”, posteriormente se van uniendo a esta defensa otros gremios y sectores de la sociedad de GRANADA, hasta que finalmente, el Ayuntamiento, acuerda la construcción cerca de la PUERTA DE ELVIRA (PLAZA DEL TRIUNFO) de un monumento al Triunfo de la Inmaculada Concepción de la Virgen, terminado en el año 1631, con una bella escultura de ALONSO DE MENA, dicho sea de paso, el primer monumento, dedicado a la INMACULADA CONCEPCIÓN de ESPAÑA.

Así avanzan los años hasta un nuevo episodio. Si hemos de hacer caso al cronista de la época HENRIQUEZ DE JORQUERA, en torno a la madrugada del Jueves al Viernes Santo, del año 1640 “amaneció en las esquinas de la pared de las casas del cabildo de esta ciudad de GRANADA, un libelo infamatorio en contra de nuestra Santa fe católica y en contra de la pureza y virginidad de nuestra Señora, el cual le hallaron fijado en la dicha pared y los que le hallaron le llevaron al Tribunal del Santo Oficio. Estaba escrito con una pluma de caña; causó este libelo grande escándalo en los vecinos de esta ciudad”. Y enseguida tuvieron que hacerse actos de desagravio:

El martes de Pascua los terciarios franciscanos y la parroquia de Santa ESCOLÁSTICA organizaron sendas y tumultuarias procesiones a la plaza del TRIUNFO, a las que siguieron las Hermandades de la Soledad, el Colegio Eclesiástico, Hermandad de Pasión y otras.

El 11 de abril, por su parte, Miércoles de Pascua, salió la cofradía de la Soledad de la Madre de Dios (daba la sensación de que se estaba celebrando un bis de la Semana Santa) previa licencia del ordinario. Se cerró la Alcaicería como si fuese festivo y a las cuatro se puso en marcha el cortejo, en el que figuraron más de mil quinientos hermanos. El mismo día también salió desde la Catedral Nuestra Señora de Guía en procesión organizada por el Colegio Eclesiástico.

El Jueves de Pascua, 12 de abril, salió de igual forma extraordinaria la cofradía de la Sagrada Pasión de Cristo. Llevó las imágenes del Ángel Custodio y de Nuestra Señora de los Desamparados. También salió el mismo día la Virgen de los Remedios de la Parroquia del Sagrario.

El Viernes de Pascua, 13 de abril, iba a salir la Oración en el Huerto pero el obispado, argumentando que era perjudicial para la ciudad vivir en un festivo perpetuo, prohibió nuevas procesiones en días laborables, aconsejando que sólo se hiciesen funciones en el interior de los templos y procesiones por sus inmediaciones. No obstante, fueron cerca de cincuenta las manifestaciones que se hicieron entre los meses de abril y noviembre, en las que no faltaron ninguna parroquia, convento, gremio, cofradía, institución o grupo social, coexistiendo con la celebración propiamente religiosa –función y procesión- otras iniciativas como concursos literarios, mascaradas, corridas de toros y fuegos artificiales, todo ello con motivo y desagravio de la INMACULADA CONCEPCIÓN.

Hay que esperar al 7 de Julio, fecha en que se descubrió finalmente al culpable del libelo, se trataba de un ermitaño que vivía precisamente en los aledaños de la plaza del TRIUNFO. La intención inmediata del Santo Oficio era llevarlo a la hoguera, pero en su defensa argumentó “que lo había hecho para fomentar aún más la devoción a la Inmaculada, y que visto, lo visto, lo había conseguido”, por lo que juzgado en la Iglesia de la SANTA CRUZ, se le condenó finalmente a diez años de pena en galeras.

A partir de este punto, se torna la cosa, y ahora lo que toca es la acción de gracias. Entre los más importantes, pues fueron muchos los que se celebraron hasta final de año, destacó el Te Deum que de inmediato tuvo lugar en la Catedral con asistencia de los dos cabildos y demás autoridades y el que, algo más tarde, celebró el Convento de Gracia con asistencia del Real Acuerdo, Santo Oficio y Ayuntamiento, seguido de procesión, fuegos artificiales, mascarada y corrida de toros.


Y esto es, más o menos, todo lo que supone la INMACULADA CONCEPCIÓN en esta tierra granadina que, como veréis, como buenos andaluces, otra cosa no será, pero exagerados en aquello que defendemos y creemos, como nadie.