viernes, 5 de diciembre de 2014

DÍA DE LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA
VIDA DE Fray JOSÉ RUIZ DE PADRÓN, Ofm


Celebramos el DÍA DE LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA de 1978 y sí, en efecto, es algo que debemos celebrar, y sentirnos orgullosos por ello, porque es la norma fundamental, que sienta, entre otras cosas, la base del reconocimiento del conjunto de nuestros derechos y libertades, que forman parte (preámbulo de la Declaración de Derechos Humanos) de la "inalienable dignidad de todo ser humano" (lo que viene a ser, en lenguaje políticamente correcto, un eco que evoca al Génesis "hizo al hombre a su imagen y semejanza"), y otro motivo, para celebrarla, es su estabilidad, pues como aprendí estudiando la asignatura de "Derecho Constitucional" en la carrera es que el constitucionalismo español no se ha caracterizado, precisamente, por la estabilidad y permanencia de nuestros textos constitucionales, lo que es malo, porque no dota al conjunto de la ciudadanía de una seguridad jurídica, de un marco estable, otra cosa es que sea más o menos cumplida, desarrollada o respetada, pero de eso adolecen todas las normas, pero lo importante es que sea estable, sea segura.

Y es que hemos tenido, en nuestra historia "constituciones para todos los gustos": Algunas impuestas por un ocupante extranjero, como el ESTATUTO DE BAYONA de 1808, otras que ni siquiera llegaron a existir, pese a estar redactadas, como por ejemplo la CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1856, llamada por eso la "non nata", constituciones de corte liberal y progresista, y constituciones de carácter conservador y retrógrado (de ahí, su inestabilidad, que en cuanto llegaba al poder un gobierno de signo contrario, inmediatamente la derogaba y sacaba la suya). Pero toda historia tiene un principio, y en este caso, la historia del constitucionalismo español arranca con la CONSTITUCIÓN DE 1812, llamada "la Pepa" por su promulgación 19 de Marzo de dicho año, festividad de San JOSÉ; como curiosidad añadida os diré que, este primer texto constitucional, traducido al italiano literalmente, fue también la CONSTITUCIÓN DEL REINO DE DOS SICILIAS DE 1820 (antes, evidentemente, de la reunificación italiana).


Hoy os propongo, para que veáis que se puede ser una persona creyente, evangélica, "de Iglesia", y al mismo tiempo "liberal y progresista" que conozcáis a uno de los diputados de Cortes de CÁDIZ, más curioso que he podido encontrar, franciscano a la sazón, me refiero al Padre ANTONIO JOSÉ RUIZ DE PADRÓN, que muy bien puede ser el que representa alegóricamente en su cuadro PROCLAMACIÓN DE LA CONSTITUCIÓN DE 1812 el pintor SALVADOR VINIEGRA:


ANTONIO JOSÉ RUIZ DE PADRÓN nació en el año 1757 en LA GOMERA, CANARIAS. Adquirió su formación básica en el monasterio franciscano que existía en la capital de la isla, en SAN SEBASTIÁN DE LA GOMERA. Se vivía bajo un régimen señorial, que controlaba no sólo la vida económica sino la social de la isla, por lo que las oportunidades de desarrollo eran muy escasas, y prácticamente la única salida era la emigración. La muerte temprana de su madre, cuando él tenía 16 años, le sirvió de excusa para abandonar LA GOMERA e irse a terminar sus estudios superiores en TENERIFE, nuevamente con los franciscanos, donde, de hecho, ingresó como novicio (y no pensemos en oportunidades o escapar del hambre, ya que lo hizo con verdadera vocación, pues él mismo escribe "entré en los franciscanos muy niño y contra el dictamen de mi padre"), siendo finalmente ordenado sacerdote en el año 1781, mismo año en que, por su carácter inquieto, librepensante y curioso, ingresa en la REAL SOCIEDAD DE AMIGOS DEL PAÍS demostrando así que no sólo le interesaba el mundo religioso sino también la Ilustración, algo que le preocuparía toda la vida.


En 1785 toma la decisión “repentina” de emigrar a LA HABANA, CUBA, se cree que motivado porque había empezado a tener problemas en la isla por sus inquietudes sociales, además allí tenía un tío, también franciscano, que lo animó a cruzar el océano. Parte del puerto de SANTA CRUZ DE TENERIFE rumbo a CUBA, pero una tempestad desvió el rumbo del barco arribando a los nacientes ESTADOS UNIDOS, en concreto a PENSILVANIA. Se dirige a FILADELFIA, lugar en el que se había fraguado la independencia norteamericana, ciudad que gozaba de una notable actividad cultural y con una buena colonia de católicos. En su aventura americana hizo amistad con personajes como BENJAMIN FRANKLIN o el mismísimo GEORGE WASHINTONG, los cuales invitaron a Fray RUIZ DE  PADRÓN a las tertulias que se celebraban en casa de BENJAMIN FRANKLIN. Los participantes eran todos protestantes, de ideas liberales y relacionados con la masonería, y se sorprendían de ver a un sacerdote católico, que ellos se figuraban como irracionalmente sometido a la obediencia de la retrógrada ROMA, pero que les hablaba de libertad, igualdad, justicia social, etc, etc... Un año después logró por fin llegar a CUBA, y enseguida comenzó a predicar y criticar en contra de la esclavitud, una de las fuentes económicas fundamentales de la isla caribeña, por aquella época, estas críticas le granjearon no pocos enemigos, por lo que fue declarado "persona non grata" por las autoridades civiles de la isla, e "invitado a que regresase a MADRID".

A su regreso a ESPAÑA abandona la Orden Franciscana, aunque no su condición sacerdotal, cree de esta manera que será más libre, sin comprometer al resto de los frailes. En 1802 le llega su primer destino como párroco, en el pequeño pueblo de QUINTANILLA DE SOMOZA, en la provincia de LEÓN. Allí se dedicó a restaurar la fachada de la iglesia y a mejorar la situación de los agricultores del pueblo, con una curiosa triquiñuela: Si bien los campesinos estaban obligados a pagar el diezmo a la Iglesia, luego él lo dedicaba a mejorar las infraestructuras agrícolas de la región (pozos, acequias, norias, ganado, establos, silos...) regenerando la actividad rural, y de paso, granjeándose la amistad y reconocimiento de los campesinos.

Al tiempo de la invasión napoleónica se convirtió en un férreo opositor de los franceses, colaboró con numerosos escritos con las fuerzas de oposición, aunque al contrario que otros miembros de la Iglesia, en aquella tesitura, nunca tomó las armas ni participó activamente en la lucha armada. Al contrario, fue director de un hospital militar, acogiendo en él no sólo a los heridos españoles sino también a los franceses.

Finalmente, aterriza en CÁDIZ, en el año 1812, como uno de los padres de la Asamblea Constituyente, concretamente como diputado por CANARIAS, como diputado a Cortes participó activamente en los debates constituyentes, destacando el discurso que hizo ante el plenario defendiendo que había llegado ya la hora de la abolición del Tribunal del Santo Oficio, este discurso será inmortal por su noble objeto, por sus tendencias altamente humanitarias y por ir enlazado al triunfo más grande que la razón y el derecho han obtenido en ESPAÑA, es decir, el nacimiento de nuestro primer texto constitucional.

Cuando NAPOLÉON abandona España, regresa la monarquía española, en la persona del absolutista FERNANDO VII, suprimiéndose lo logrado con la CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1812, que es inmediatamente derogada por el rey. La iglesia a la que seguía pertenenciendo Fray RUIZ DE PADRÓN, no le iba a perdonar sus escarceos con las ideas liberales, por eso, el Obispo MANUEL VICENTE MARTÍNEZ inicia un proceso contra él, acusándolo -entre otras cosas- de liberal y de socorrer a los franceses. Así todo se defiende, es encarcelado y moralmente se desmorona al ver el país de nuevo envuelto en ideas y estamentos caducos y retrógrados. Es condenado a reclusión perpetua en un convento, él recurre y es absuelto de todo cargo, pues consigue desmentir punto por punto las acusaciones.

Una vez más, en la historia de ESPAÑA, "vuelta la tortilla del signo político", durante el llamado TRIENIO LIBERAL de 1820-1823, el nuevo Gobierno desea recompensar todo lo padecido por nuestro hombre, por lo que lo elevó a la dignidad de Maestrescuela de la Catedral de MÁLAGA, de la que disfruto por poco tiempo, pues recrudeciéndose la enfermedad crónica que padecía y volviendo a GALICIA, donde otras veces había encontrado la salud, falleció en VILLAMARTÍN DE VALDEORRAS el 8 de Septiembre de 1823.

Desde su regreso de CUBA, entre sus andanzas gaditanas, primero, madrileñas después y sus escapadas a GALICIA por motivos de salud, nunca regresó a su tierra natal, LA GOMERA, en CANARIAS, aunque siempre añoró ese regreso que nunca llegaba a producirse, como él mismo decía, melancólicamente, a veces: “Sólo deseo volver y comer gofio con pescado fresco”.