domingo, 30 de noviembre de 2014

APERTURA DEL AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA
EN LA PERIFERIA DE LA VIDA CONSAGRADA


Como supongo que ya sabréis, este Domingo I de Adviento, se producirá la apertura del AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA, evento con el que el Papa FRANCISCO ha querido conmemorar el 50 Aniversario del Decreto Conciliar PERFECTAE CARITATIS sobre la Renovación de la Vida Religiosa, y que se celebrará (con distintos eventos diocesanos e internacionales) desde este Domingo I de Adviento hasta el 2 de Febrero del año 2016 (festividad de la Presentación del Señor en el Templo), siendo además invitación a orar, reflexionar, compartir y avanzar sobre este don de la vida consagrada para la Iglesia y el mundo.

Sin embargo, lo mismo que sucede en el ámbito civil, la celebración de este tipo de eventos anuales internacionales, aparte de movernos a la reflexión y el estudio, deben movernos también a la reivindicación y a la concienciación, también hay que señalar las carencias, los fallos y las necesidades aún por alcanzar de aquello que se celebra, en este sentido, remití hace ya bastante tiempo (como preparación de este tiempo de gracia) el siguiente correo electrónico a la SAGRADA CONGREGACIÓN DE LA VIDA RELIGIOSA (tanto a su Prefecto como a su Secretario General), texto que comparto igualmente con vosotros por si ayuda a la reflexión de este año que se abre ante nosotros:

Si tuviera que tener un título sería "EN LA PERIFERIA DE LA VIDA RELIGIOSA":

A la atención de su Eminencia, Cardenal JOAO BRÁZ DE AVIZ, Prefecto;
A la atención de su Eminencia, Monseñor JOSÉ RODRÍGUEZ CARBALLO, Ofm, Secretario;

Cuando el Papa FRANCISCO anunció el evento de un "AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA" me alegré, he seguido muy de cerca las noticias sobre este evento y me he preparado convenientemente para aceptar este don de oración, reflexión, y maduración de la vida consagrada para la Iglesia. No obstante, desde el momento de la lectura de la Carta Circular "Alegráos", así como de la carta posterior "Escrutad", me he dado cuenta bien pronto, desde el principio, de que, una vez más, habiendo sido confirmado ya el programa oficial de la celebración de este "AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA", que hay un gran número de personas consagradas que aún siguen siendo marginadas por la Iglesia, una vez más, y que legítimamente podrían ser llamadas como "periferia de la vida religiosa".

Me explico:

Piensen en mi caso: 

Tengo cuarenta años, el 17 de Julio de 1991 (apenas un joven de dieciséis años), después de una larga lucha con el Señor, me rendí diciendo, como SAMUEL: "Habla, Señor, que tu siervo escucha" (1 Samuel 3,10). Desde entonces mi vida ha sido un camino de búsqueda y de maduración de esta vocación primera. Con todo, finalmente, el 18 de Septiembre de 1998, pronuncié mis votos privados de vivir en castidad, pobreza y obediencia (a mi Director Espiritual), sin encuadrarme en ningún Instituto de Vida Religiosa, Sociedad de Vida Apostólica y, por supuesto, tampoco me siento, ni soy, una especie de ermitaño urbano, como más adelante se explicará.

Descubro, con profunda tristeza, que "los varones consagrados por medio de votos privados" parecieran no formar parte de este don de la vida consagrada para la Iglesia, ya sea para su reconocimiento en la comunidad eclesial, para proveer a su formación continúa, o a su acompañamiento espiritual, obviamente no son destinatarios de los materiales o las celebraciones de este "AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA", legítimamente pues, podemos sentirnos "en la periferia de la vida religiosa".

Es triste que para poder encontrar una palabra de la Iglesia acerca de nuestra situación tengamos que retrotraernos al Papa PÍO XII en su discurso de 9 de Diciembre de 1957 al II Congreso de Estados de Perfección Cristiana:

"Estamos pensando en este momento en todos aquellos hombres y mujeres de todos los estratos sociales que, asumiendo las más diversas profesiones y funciones en el mundo moderno, por amor de Dios y del servicio a sus hermanos, dedican toda su actividad al Señor. Se empeñan en la práctica de los consejos evangélicos mediante la profesión de votos privados y secretos ante Dios y se dejan guiar, en materia de obediencia, por aquellos que la Iglesia ha juzgado aptos para dirigir a otros en el ejercicio de la perfección cristiana.  No existe una tendencia a considerar que todos estos hombres y mujeres participen, de la misma manera, de la perfección cristiana como los religiosos. Pareciera que no adquieren dicho estado de perfección si no se encuadran en un estado jurídico o canónico de perfección".

Cuando una mujer adopta la decisión de vivir, en medio del mundo de hoy, los consejos evangélicos, dedicándose al Señor y a la Iglesia, puede hacerlo y ser reconocida por la comunidad eclesial mediante el "Orden de las Vírgenes Consagradas" ante su comunidad eclesial, presidida por su Obispo, como testimonio de vida al modo evangélico, interrogando a la sociedad en la que viven de que "otra forma de vivir al modo evangélico, es posible".

Sin embargo, cuando es un varón el que adopta la misma decisión permanece solo, abandonado, no reconocido, no acompañado por la Iglesia, no hay un rito adecuado de "Reconocimiento de Varones Consagrados" (análogo, vamos a decirlo así al "Ordo Virginum"), como si los dones de la pobreza, la obediencia y, naturalmente, la castidad y la virginidad, tuvieran en ellos menos valor, o resultaran menos heroícos en el caso de tratarse de un hombre. (Esta ausencia de un rito propio hace que en muchas diócesis, no en todas, se presenten estos varones a la comunidad eclesial, delante del Obispo, como una especie de "ermitaños urbanos" -por encontrarles acomodo jurídico en el Código de Derecho Canónico, canon 603) aunque no es una tendencia generalizada, ni tampoco creo que deba ser la más correcta).

Propongo vivamente que, durante la celebración del "AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA", la Iglesia no pierda una ocasión única y preciosa para reflexionar y dar una respuesta pastoral a los considerados "varones consagrados de votos privados", confío, de esta manera, que no se sientan solos, abandonados, olvidados por la Iglesia, que no se minusvalore el don de su vida entregada, que no sigan sintiéndose en la "periferia de la vida religiosa"

Atentamente, Paz y bien, disculpen mi pésimo italiano.

Hasta aquí el texto de mi correo electrónico, como aún no ha principiado este "AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA", ni siquiera se ha celebrado, confiaremos y esperaremos que se reflexione y se medite sobre este tema, del que me consta hay gran cantidad de personas en la misma situación que yo, investigad un poco si queréis en internet, y encontraréis gran cantidad de testimonios, de varones consagrados por votos privados que han comenzado a identificarse con una especie de "ermitaños urbanos", o incluso de diócesis, como las de TARRAGONA, que ya prevén un "ordo" para reconocerlos y admitirlos en la diócesis y reconocerlos como tales, aunque no sea la solución canónica más adecuada, pues insisto a las "vírgenes consagradas" no se las llama "ermitañas urbanas", o de aquellos otros que reflexionan y se identifican sobre su ser en la Iglesia... sea como fuere, una cosa es cierta, a la Iglesia del Papa FRANCISCO le queda mucho por atraer hacia sí a todos los que "se encuentran en la periferia" (en este caso de la vida consagrada), lo digo por las formas, los modos y la estructura, porque no es que yo me considere muy importante (mi vida va a seguir siendo igual de pobre, entregada, a la par que incoherente y pecadora, que siempre), pero ni siquiera, a fecha de hoy he tenido una respuesta, no digo solución, sino un simple acuse de recibo... ... qué menos que eso, de aquellos que están puestos para servir, acompañar, estimular y ser pastores, en este caso al servicio de la vida consagrada en la mencionada Congregación Vaticana.