sábado, 18 de octubre de 2014

REQUIEM POR LOS VIVOS


Hemos tenido, recientemente, malas noticias en esta pequeña comunidad, referentes a personas, muy cercanas a nosotros, y muy queridas en el barrio, temas serios, de esos relacionados con la enfermedad y la muerte, de los que te hacen elevar, instintivamente, los ojos al cielo y exclamar "Desde lo hondo a ti grito, Señor.... ¿Por qué?"... Hemos orado mucho por estas situaciones, dándonos cuenta, una vez más, de la forma más dolorosa, que orar -muchas veces- no es tanto para cambiar la voluntad de Dios, sino como para amoldar, poco a poco, de forma imperceptible, nuestra voluntad a la suya, lo que no quita que hayan sido golpes muy dolorosos, muy sentidos, o no seríamos humanos, no tendríamos sentimientos.

Ya sabéis cómo son este tipo de cosas, que cada uno las vive, las exterioriza, las sobrelleva como puede: hay quien se refugia en la fe, quien llora desconsoladamente, lo que no es malo, exteriorizar el dolor y la rabia, quien lo lleva en silencio -aunque pudiera parecer que no le afecta- y aquellos otros que, haciendo carpetazo, prefieren protegerse mirando hacia otro lado, como si algún día ellos mismos no tuvieran que mirar a la muerte cara a cara... sea como fuere, todas ellas, actitudes humanas y legítimas, tantas, como ese misterio insondable que es cada persona.

En mi caso, como casi siempre, escribir es mi forma de exteriorizarlo todo, de orarlo todo, por lo que dándole vueltas, al final, he garabateado (siguiendo de cerca el texto del REQUIEM DE MOZART) una especie de REQUIEM POR LOS VIVOS, cuyo parecido con el original es pura coincidencia, pues sólo he aprovechado la estructura y algunos versos sueltos.

INTROITO

Señor, danos esperanza, a los que aún caminamos
llevando nuestras lámparas encendidas,
que tu Palabra conduzca nuestros pasos.
En el Sión de la vida cantaremos tus alabanzas, 
que cuando estemos en la Jerusalén del cielo
ya las cantarán otros por nosotros.
Escucha, Señor, nuestra oración,
que no temamos tanto la muerte,
como para no apreciar la vida que nos has dado.
Señor, danos esperanza, a los que aún caminamos
llevando nuestras lámparas encendidas,
que tu Palabra conduzca nuestros pasos.

KYRIE

Kyrie, Señor, mi caridad.
Christe, Señor, nuestra esperanza.
Kyrie, Señor, la fe de la Iglesia.

GRADUAL

Señor, danos esperanza, a los que aún caminamos
llevando nuestras lámparas encendidas,
que tu Palabra conduzca nuestros pasos.
Porque todos tenemos buena reputación
entre nuestros conocidos al tiempo de morir,
que no mancillemos nosotros la reputación de nadie en vida.

TRACTO

Líbranos, Señor,
de los cansancios de la vida,
para que ayudados por tu gracia, 
Cirineo de nuestra vida,
podamos llegar a las puertas de la muerte
portando la luz del esposo
sin haber derramado el aceite.

SECUENCIA

Día de alegría, ese día
en que mi cuerpo yazca en tierra,
sea mi testigo Samuel, el profeta.
¡Cuánto miedo en mis enemigos
cuando al tribunal yo llegue
para poder litigar ante tu trono!

Que la trompeta, como en Jericó,
derribe los muros eternos
de mi inocente culpa,
no será mi cuerpo, sino mi alma
la que se alegre a las puertas del cielo
y allí, antes de entrar, 
escucharé anticipada la sentencia:
Que los ángeles traigan el libro
en el que están escritas todas las cosas,
y que sean mis testigos,
si es que he errado en el camino,
Así, al abrirse las puertas,
se mostrará todo lo escondido,
y nadie quedará sin condena:
¿Qué dirá ahora, el Padre bueno?
¿Qué hará, el Juez eterno?
¿Qué expondrá, el Espíritu paráclito?
Recuerda, Cristo, crucificado,
que soy la causa de tu Calvario,
no me pierdas ese día
a mí, que siempre he estado buscando,
sentado bajo el madero
cegado por la luz del resucitado,
que no sea vano tanto esfuerzo.
Juez justo, no espero otra sentencia,
distinta al regalo de la redención,
y como no quiero ser mal siervo,
perdonaré también a mis enemigos.
Alabaré, como los ángeles,
el cambio del rojo de mi culpa
en la túnica blanca del redimido.
Entre las ovejas del rebaño,
Pastor bueno, que prefieres
a tu oveja negra,
a tu oveja herida,
de enredada lana en la vida.
Ese día de vergüenza
en que vaya yo al banquete
frente a los que me querían fuera
a esos, Señor, perdónalos,
que hasta que se sirva el vino,
yo intercederé por ellos.

OFERTORIO

Señor, Jesucristo, fuente de misericordia,
ante el que interceden las almas de los difuntos,
tus santos, desconocidos o proclamados,
que extienden el triunfo de tu redención
como un océano de misericordia.
León de Judá, padre celoso,
que proteges a los que se te han dado,
para que no caigan en los lazos de las tinieblas.
Te ofrecemos el sacrificio
de nuestras peticiones y alabanzas.
Acepta, con nuestro padecimiento,
lo que en su memoria te presentamos,
porque nadie ama más a su pueblo
que el que intercede mucho por ellos.

SANCTUS

Santo, santo, santo,
hosanna en el cielo,
te exalta la liturgia del cielo,
entre los coros angélicos.

Bendito, bendito, bendito,
marana tha, ven, Señor, desde el cielo
te pide la liturgia de la tierra
en la asamblea de la Iglesia.

AGNUS DEI



Pastor de Dios,
que buscas a la oveja perdida,
te damos gracias.

Pastor de Dios,
que sanas a la oveja herida,
te damos gracias.

Pastor de Dios,
que amas a la oveja negra,
te damos gracias.




COMUNIÓN

Señor, danos esperanza, a los que aún caminamos
llevando nuestras lámparas encendidas,
que tu Palabra conduzca nuestros pasos,
que tu pan restituya nuestras fuerzas.