lunes, 20 de octubre de 2014

EL PECADO DE LA IGLESIA, A VUELTAS CON SODOMA Y GOMORRA


Ya sabemos que el SÍNODO DE LAS FAMILIAS de este año 2014 ha sido convulso, aunque la mayoría de los participantes dicen que ha sido “un evento único de apertura de la Iglesia” (en los modos y en las formas) lo cierto es que ha mostrado que la tensión, siempre existente en la vida de la Iglesia, entre el carisma y la institución (por simplificar el problema) sigue estando, desgraciadamente a la orden del día, el propio Papa FRANCISCO, en su “DISCURSO FINAL A LOS PADRES SINODALES” nos advierte de la existencia de esta tentación constante en la Iglesia “que se debate entre la tentación de la rigidez hostil, de los fanáticos tradicionalistas y la bondad carente de doctrina propia de los progresistas”, eso sin contar con el revuelo que, desde algunos medios (de entre la primera categoría, todo sea dicho de paso), se ha levantado, que no sólo han visto el Sínodo desde una clave de enfrentamiento entre carcas y progres, sino que incluso han ido más allá pretendiendo hacerlo un enfrentamiento entre “blancos y negros”, lo que roza ya el paroxismo de la esquizofrenia eclesial de la que adolecen algunos medios de comunicación.

El Papa FRANCISCO nos insta, desde el comienzo de su pontificado a que la Iglesia “vaya a la periferia”, muchos se lo han tomado en el sentido literal, las periferias de la pobreza, de la exclusión social, de los marginados, los débiles en cada sociedad, es cierto… pero muy pocos se lo han aplicado en relación a la “periferia ideológica” (más propia de la Iglesia, por eso, como suele ser poco amiga de autocríticas no le interesa tomar ese camino de introspección). Y sí, la “periferia eclesial” existe, podríamos definirla como todas aquellas personas en las que, como la parábola evangélica, cayó la “semilla buena de la Palabra de Dios” y luego se malograron porque cayeron en el camino, en la periferia, en las orillas de la vida de la Iglesia…. pensemos en los divorciados vueltos a casar, los homosexuales, los teólogos que siguen pensando y reflexionando contra corriente, los disidentes ideológicos, los que han hecho de su bautismo un ser “ovejas negras” y no meros “borregos”, etc, etc…

Voy a centrarme esta vez en un colectivo concreto: los homosexuales. Cuando se dijo –aunque la Iglesia española hizo oídos sordos- al presentar los LINEAMENTA del SÍNODO FAMILIAS desde ROMA que se invitaba a todos a responder, lo hice, aunque tuve que dar el rodeo (pues la Conferencia Episcopal Española optó por responder desde cada Obispo sin abrir mucho el diálogo) de remitir mi texto en inglés a la Conferencia Episcopal Británica (que sí habilitó en su página web la posibilidad de que cualquiera respondiera) y en este caso concreto mi aportación, básicamente fue:

Existen personas homosexuales que viven su fe de una forma sana, madura y responsable y que, en virtud de ello, deciden compartir un proyecto vital junto con otra persona, para toda la vida, con los mimos componentes de fidelidad, mutua ayuda, socorro y entrega de las parejas tradicionales y que se sienten profundamente agredidos, cuando la Iglesia, carente de tacto, arremete contra todos ellos, sin minusvalorar la sinceridad en la fe y en la vida de cada uno de ellos, de sus realidades, individualmente consideradas. Pretender de la misma manera que estas personas vivan un "celibato perpetuo" o una "castidad perfecta" como si para ellos no existiera la misma comunión corporal, como puede haberla de espíritu y vida, es cuanto menos, por parte de la Iglesia, "un brindis al sol" (aunque de hecho toda la moral sexual merece una gran revisión, no sólo en este aspecto, sino en muchos más).

Fue un gesto esperanzador que en la RELATIO POST DISCEPTATIONEM el documento de trabajo dijera:

50. Las personas homosexuales tienen dones y cualidades para ofrecer a la comunidad cristiana: ¿estamos en grado de recibir a estas personas, garantizándoles un espacio de fraternidad en nuestras comunidades? A menudo desean encontrar una Iglesia que sea casa acogedora para ellos. ¿Nuestras comunidades están en grado de serlo, aceptando y evaluando su orientación sexual, sin comprometer la doctrina católica sobre la familia y el matrimonio?

51. La cuestión homosexual nos interpela a una reflexión seria sobre cómo elaborar caminos realísticos de crecimiento afectivo y de madurez humana y evangélica integrando la dimensión sexual: por lo tanto se presenta como un importante desafío educativo.

Y resulta extraño que este punto, que tampoco es que diga “que todo el monte es orégano”, junto con el tratamiento “más misericordioso” que se pretendía dar a los divorciados vueltos a casar, es el que más polémica ha suscitado, el que más ha violentado al sector conservador, el que más ha enervado y turbado los trabajos y las discusiones sinodales.


Evidentemente, puede que para preservar la unidad de la Iglesia, en aras a seguir reflexionando con madurez y con calma, y teniendo en cuenta que aún la propio RELATIO SYNODI final es un documento provisional, toda vez que ha de convertirse en los LINEAMENTA del próximo SÍNODO DE LA FAMILIA ORDINARIO (esta vez, sí, con la presencia de todos los obispos y no sólo de un comité de expertos) el documento final ha sido menos audaz, menos valiente, tampoco es de extrañar, el pensamiento de la Iglesia, aunque sea de buena fe y pretenda adaptarse a los tiempos, como sucedió en el CONCILIO VATICANO II, ha sido siempre el mismo: “un pasito hacia delante, dos pasitos hacia atrás” ¡pero bendito paso hacia delante!, por eso al final el texto ha quedado de la siguiente manera expuesto:

55. Algunas familias viven la experiencia de tener algún miembro con orientación homosexual. En este sentido, nos hemos interrogado sobre la atención pastoral que debe ser apropiada para hacer frente a estas situaciones, remitiéndonos  a lo que enseña la Iglesia: "No hay fundamento alguno para asimilar o establecer, ni remotamente, que las uniones del mismo sexo, en el plan de Dios se puedan equiparar al matrimonio y la familia". Sin embargo, los hombres y mujeres con tendencias homosexuales deben ser acogidos con respeto y sensibilidad. "En este aspecto debe evitarse todo signo de discriminación injusta" (Congregación para la Doctrina de la Fe, Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales, 4)

Se dijo luego en la rueda de prensa de presentación (LOMBARDI insistió en ello hasta la saciedad) que este párrafo no hubiese alcanzado los dos tercios de votos para alcanzar la mayoría cualificada, no significaba que estuviera fuera de la reflexión eclesial, sólo que “no mostraba, por mor de los votos” que hubiera consenso al respecto entre los padres sinodales, y que en todo caso, había obtenido el voto mayoritario, pero no el necesario para considerarlo “sentir de la Iglesia representado en el colegio sinodal”.

Yo no soy teólogo, ni canonista, pero hay algo que me llama la atención, sobre lo que quiero haceros reflexionar: Si este punto nº 55 de la RELATIO SYNODI no es más que “una mera manifestación de principios”, basados en una referencia al CATECISMO DE LA IGLESIA y a un documento de la DOCTRINA DE LA FE, que no compromete a nada, ni eclesial, ni doctrinal, ni pastoralmente… ¿Cómo es que 62 padres sinodales han votado en contra? Debe ser lo malo de redactar párrafos haciendo un collage de documentos previos, porque lo único que se me ocurre pensar es que, con todo, ¿quiere esto decir que hay 62 padres sinodales que están en contra del CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA y de la DOCTRINA DE LA FE? A no ser que, esos votos en contra se deban a que dichos padres sinodales no estaban de acuerdo con esa redacción tan genérica y quisieran, o una condena mayor, o una aceptación mayor…. en fin, habrá que esperar a la reflexión del año que viene.

Para terminar, durante este tiempo, siempre azuzados por los medios más conservadores, se han escuchado todo tipo de argumentos, algunos verdaderamente soeces y faltos de toda humanidad, por los que la Iglesia debería seguir manteniendo a este colectivo en la periferia eclesial… Aquellos que parece que disfrutan más proponiendo un modelo de Iglesia “madrastra y antitestimonial” que escupe a sus hijos, en vez de esa otra “Mater et Magistra” que nos mostró el Papa bueno JUAN XXIII.

Y claro, como la Escritura, que lo mismo nos sirve “para un roto, como para un descosido” cuando se utiliza fuera de contexto, ha sido una de las armas dialécticas usadas por el sector conservador, pero de todas las citas, me quedo con la célebre referida a SODOMA Y GOMORRA que todos conocemos: Llamaron a Lot y le dijeron: «¿Dónde están esos hombres que llegaron a tu casa esta noche? Mándanoslos afuera, para que abusemos de ellos.» (Génesis 19,5) que es una de las “perlas de la corona de la argumentación de los conservadores”.

Es evidente que el texto parece lo suficientemente explícito como para concluir, de forma superficial y pronta, que el pecado de SODOMA Y GOMORRA era la homosexualidad de sus habitantes, sin embargo hemos dicho que no hay nada como citar la Escritura fuera de contexto para manipularla ¿Realmente fue la homosexualidad el pecado de SODOMA Y GOMORRA?, vayamos pues al contexto, a los otros lugares en los que se citan estas ciudades, a modo de ejemplo negativo, en la propia escritura:

No perdonó a la ciudad donde vivía Lot: odiaba a esos orgullosos.(Eclesiástico 16, 8)

¿Cuál fue el pecado de tu hermana Sodoma? Era orgullosa, comía bien y vivía sin preocupaciones, ella y sus hijas no hicieron nada por el pobre y el desgraciado. (Ezequiel 16, 49)

Pero si entran en una ciudad y no quieren recibirles, vayan a sus plazas y digan: Nos sacudimos y les dejamos hasta el polvo de su ciudad que se ha pegado a nuestros pies. Con todo, sépanlo bien: el Reino de Dios ha venido a ustedes. Yo les aseguro que, en el día del juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad. (Lucas 10, 10-12)

Y si en algún lugar no los reciben ni escuchan sus palabras, salgan de esa familia o de esa ciudad, sacudiendo el polvo de los pies. Yo les aseguro que esa ciudad, en el día del juicio, será tratada con mayor rigor que Sodoma y Gomorra. (Mateo 10, 5-15)

De donde se concluye que cuando el pecado de SODOMA Y GOMORRA se menciona por otros autores o personajes bíblicos, especialmente Jesucristo, no están poniéndola como ejemplo de un pecado de tipo sexual, sino de una falta de hospitalidad, que como se sabe en la mentalidad oriental constituye una gran ofensa hacia la dignidad del invitado.


Entonces, en efecto, se puede decir que la Iglesia, con esta polémica suscitada, dejando de nuevo a este colectivo relegado a la periferia eclesial, ha pecado, como SODOMA Y GOMORRA, por faltar a la hospitalidad, a esa “casa de puertas abiertas, acogedora” que el Papa FRANCISCO desea para la Iglesia, gracias a su sector más conservador de pensamiento, lo que me hace hacerme otra pregunta maliciosa, si nuestros obispos sólo saben tener palabras desagradables y condenatorias hacia este colectivo, entre todos ellos nuestro Monseñor REIG PLA, que resulta monotemático a este respecto, cabría hacerse en voz alta, o baja, la siguiente pregunta: Si la experiencia de nuestros obispos, valga Monseñor REIG PLA es tan negativa, que pareciera que nunca ha conocido una pareja de homosexuales cristiana, madura, en pareja, comprometida, fiel (entre ellos), alejada por completo del estereotipo del colectivo (ya sea el cultural, el social, o el fomentado desde sus propios lobbies –que también marginan a quienes no responden a una especie de pauta-) ¿No será entonces porque sólo se relacionan con “hombres de clubs nocturnos” como él mismo denuncia en su condena? En fin, mucho me temo, que queda mucho que caminar en este sentido….