miércoles, 1 de octubre de 2014

EL LIBRO DE TOBÍAS
"GUÍA DEL VIAJERO PARA LA VIDA"
Capítulo IX.- La Boda


Me llama la atención, al hilo del título de esta sección narrativa, pues la historia ya va desembocando a su final, la actitud de los padres de TOBÍAS, TOBIT y ANA, ante la tardanza del mismo: 

Por un lado, su padre intentando darse ánimos a sí mismo para no preocuparse “¿habrá algo que lo retenga?” (Tobías 10,2) o no preocupar a su esposa “habrá tenido algún contratiempo allí, pero su compañero es hombre de fiar” (Tobías 10,6), mientras que ANA ha adoptado una postura completamente pesimista y derrotista “déjame, no intentes engañarme, mi hijo a muerto” (Tobías 10,7) porque esto es constantemente lo que nos pasa a nosotros, aunque no siempre mantengamos los mismos roles, ante los problemas y los sufrimientos de la vida… da igual quién sea el agente o el responsable de lo malo que nos pueda suceder en la vida, ya que –vamos a decirlo, por todo aquello de la Providencia que ya comentamos- al final siempre le terminamos echando la culpa a Dios, y ante eso caben dos posturas: 

Justificarlo, defenderlo, buscarle excusas, intentar ver el lado bueno de las cosas y confiar (al menos en intención) que las personas son buenas por naturaleza (como “el buen salvaje” de JEAN JACQUES ROUSSEAU), o por el contrario acusar, ver el lado malo de las cosas, andar siempre “buscando los tres pies al gato” y creer –junto con HOBBES- que “el hombre es un lobo para el hombre”.

Evidentemente, siendo ambas posturas plausibles a la hora de discernir todo lo que nos ocurre, de malo, en la vida, tenemos un cincuenta por ciento de posibilidades de acertar, lo que viene a ser lo mismo que decidirlo “a cara o cruz” lanzando una simple moneda, sin tantos quebraderos de cabeza, aunque en nuestro caso es TOBITy su razonamiento el que tiene razón “está bien, este hijo mío está vivo” (Tobías 10,6), en mi caso, no sé por qué, no tengo muy fino el discernimiento, me atrevería a decir –sin miedo a equivocarme- que corresponde a mi compañero de camino la ardua tarea de discernir, en lo que me acontece, lo que es bueno de lo que es malo.