sábado, 20 de septiembre de 2014

EL LIBRO DE TOBÍAS
"GUÍA DEL VIAJERO PARA LA VIDA"
Capítulo II.- El Ciego


A como concluíamos el capítulo anterior puede que, en efecto, esté ciego, puede que haya dedicado años y años de mi vida a intentar discernir algo que tengo delante de mis ojos, sin verlo; quizás hasta ahora sólo me he aplicado cataplasmas y remedios provisionales sobre lo evidente “cuantos más remedios me aplicaba, menos veía(Tobías 2,10), quizás por ello vuelvo a las andadas una y otra vez, insistiendo sobre lo mismo, para que todos me digan “todavía no ha aprendido la lección(Tobías 2,8).

Leo, curiosamente, en las notas al pie de este capítulo, en la Biblia de Jerusalén, que en las esposas de ambos hombres justos (lo dice por TOBIT y por JOB) se encuentra el mismo reproche, que yo también he escuchado muchas veces, el que el mismo Señor escuchó en la cruz, el que escucharon unos presos judíos en un campo de concentración asistiendo a la ejecución de sus compañeros, el reproche de la maldad ante el fracaso del bien que suena como un aldabonazo terrible “¿Dónde está tu Dios?” (Tobías 2,14) De toda la oración conclusiva de este capítulo hago mía la siguiente frase “tengo que aguantar injurias y reproches y me embarga la tristeza” (Tobías 3,6), como el propio JEREMÍAS puedo afirmar que, no sin violencia, en este camino, “me sedujiste, Señor, y me dejé seducir” (Jeremías 20,7) y como esa es mi única respuesta a “¿Dónde está tu Dios?” por ello he de aguantar “ser la mofa cotidiana, el hazmerreír todo el día” (Jeremías 20,7).

Tengo ya cuarenta años, la vida siento que empieza a transcurrir muy deprisa, se me escapa entre los dedos de la mano, ya estoy tocado por la enfermedad, ya me salen canas incipientes y creo que me presentaré al Señor con el mismo temor que muestra la célebre “ORACIÓN DEL PAYASO: “Señor ¿qué te diré cuando me pidas cuentas? Te diré que mi vida, humanamente, ha sido un fallo, que he volado muy bajo

Seguimos avanzando en el camino de TOBIT: Deportado, fuera de lugar, desarraigado, desorientado, ahora ciego ¿para añadirle más emoción? a este discernimiento de la voluntad de Dios en mi vida, en nuestras vidas, el único peregrinaje cierto que hemos de hacer todas las personas, mientras tanto, sólo porto un equipaje, como decíamos en la anterior sección “pasó por la vida haciendo el bien” aunque sea pobre y torpemente: