viernes, 26 de septiembre de 2014

EL LIBRO DE TOBÍAS
"GUÍA DEL VIAJERO PARA LA VIDA"
Capítulo VI.- El Pez

Después de todos los preliminares de la historia arranca esta sección narrativa diciendo “partió el muchacho en compañía del ángel y el perro que los seguía(Tobías 6,2) y ya, de entrada, me resulta curiosa la presencia del perro, puesto que es la primera vez que aparece, no se le ha mencionado antes, y ya no vuelve a aparecer más en toda la historia (salvo lo que más adelante se dirá), teniendo en cuenta que no debe de ser un despiste del narrador, hemos de suponer que el perro simboliza la fidelidad, tanto de ambos compañeros de viaje entre sí, como a la tarea del viaje en sí mismo y a la tarea por Dios confiada.

Es curiosa esta historia del pez que va a cumplir una doble misión en el desenlace de la narración, por un lado va a servir para “ahuyentar al demonio” en el caso de SARRA, por otro lado va a servir para “curar la ceguera” de TOBIT; esta doble lectura del pez, malo para el demonio, bueno para TOBIT, me recuerda una antigua historia que leí, en una ocasión, de la tradición china, y que dice más o menos así:

Un pobre campesino tenía un caballo para las tareas del campo y un día, asustado se le escapa a la montaña. Al enterarse sus vecinos van todos a su casa a condolerse por la triste noticia y él sólo decía “bueno o malo, sólo Dios lo sabe”. Varios días después, el caballo regresó trayendo consigo a toda una manada de caballos salvajes. Al enterarse los vecinos fueron a darle la enhorabuena a su vecino, quien sólo dijo “bueno o malo, sólo Dios lo sabe”. El hijo único del campesino quiso domar uno de esos caballos salvajes y se cayó y se rompió una pierna, no pudiendo ayudar a su padre en las tareas del campo. Congregados de nuevo los vecinos ante la triste noticia el padre del muchacho sólo decía “bueno o malo, sólo Dios lo sabe”. Poco después vinieron funcionarios reales reclutando a la fuerza, para la guerra, a todos los muchachos aptos del pueblo, dejando al hijo del campesino en su casa, debido a su pierna rota”.

La moraleja que ofrece de esta historia, ANTHONY DE MELLO, jesuita, recopilador de la misma en su obra titulada “Shadana, un camino de oración(Sal Terrae, Bilbao, 1979) es la siguiente:

Todo lo que a primera vista parece un contratiempo puede esconder un disfraz de bien; y lo que parece bueno a primera vista puede resultar dañoso. Así pues es una postura sabia dejar a Dios que sea él el que decida lo que es bueno o malo e nuestra vida y démosle gracias porque él sí que tiene capacidad para tornar todo bueno para aquellos que le aman”

Quizás sea éste el verdadero sentido de la Providencia, de la que hablábamos el otro día, no discernir “a tontas y a locas” lo que es bueno o malo en nuestra vida hasta que el tiempo decante los hechos, como no es posible saber si un mosto va a ser vino bueno o vinagre hasta que no se decanta con el tiempo suficiente en la bodega…. dejar un poco nuestro juicio apresurado sobre la bondad o la maldad de Dios en nuestra vida, que duerma un poco en la bodega, en el fondo del corazón, hasta que madure nuestro discernimiento recto al respecto… ahora entiendo por qué San FRANCISCO DE ASÍS, maestro en Providencia, orando de este modo “Dame, Señor, sentido y conocimiento para que cumpla tu santo y verdadero mandamiento(Oración ante el Cristo de San Damían); no puedo evitar el acordarme ahora de otro acontecimiento todo providente del Éxodo del pueblo de Israel, colmado de acontecimientos providentes con esta doble lectura de bueno o malo: La columna de fuego que les guía y protege es la que al mismo tiempo mantiene a raya al enemigo (Éxodo 13,21-22 y 14,19-20), el mismo paso del mar fue un acontecimiento salvador para el pueblo y supuso el fin de las tropas del faraón (Éxodo 14,21 y 14,27) o el mismo ángel exterminador que trajo la ruina sobre los egipcios pasaba de largo salvando a los judíos (Éxodo 12,19-24)... En todo ello se aprende a confiar en Dios, a tener paciencia, a saber discernir correctamente los acontecimientos, aunque mucho me temo que esos son dones de la vida espiritual que a mí no me han sido concedidos.


Continúa el capítulo, de nuevo, narrando el drama de SARRA que “ha sido dada a siete maridos y todos morían en la noche de bodas, porque un demonio los mataba” (Tobías 6,14)  y pienso en todas aquellas veces que, yo mismo, he iniciado algo bueno en el Señor, que luego ha sido abortado, ciertamente, por el demonio a poco de nacer… Mis maridos, por así decirlo, son todos estos proyectos “non natos”, los que se quedan en ciernes, o los que no llegan a buen puerto y ahora tengo miedo, como manifiesta TOBÍAS a su compañero, de que esta vez, lo poco bueno que vamos haciendo, también perezca… la solución es fácil, puede que tan evidente que, precisamente por ello, no la hayamos puesto nunca en práctica, por eso el demonio ha estado fuerte, por eso hemos cimentado sobre arena y no roca (cfr Mateo 7,24-27)  y es algo tan sencillo como “levantáos primero y haced oración(Tobías 6,18) quizás ahí está la clave de todo lo que no entiendo, no comprendo, de este camino tortuoso lleno de contratiempos, porque desde aquel 17 de Julio de 1991 en que dije al Señor “habla, que tu siervo escucha(1 Samuel 3,10) puede que la actitud de escucha haya permanecido intacta, lo mismo que este constante peregrinar, siempre en camino, en relación a la meta…evidentemente, puede que haya rezado poco, eso será…