domingo, 21 de septiembre de 2014

EL LIBRO DE TOBÍAS
"GUÍA DEL VIAJERO PARA LA VIDA"
Capítulo III.- Sarra

“Suba, Señor, mi oración, como incienso en tu presencia” (Salmo 141,2) 

La clave de toda esta tercera sección narrativa, a mi modo de ver, es la "casualidad": Cuando dice “en aquel mismo día” tanto SARRA como TOBIT oraron de la misma manera: “Señor, retírame de la vida para que no tenga que oír más injurias” y en aquel preciso instante “ambas plegarias llegaron juntas ante la Gloria de Dios” (Tobías 3,16)

Esta casualidad me recuerda aquella otra, narrada por una religiosa de clausura, acerca de una joven novicia que tocando a la oración la campana, en ese momento tuvo dudas acerca de su vocación y se preguntó mentalmente “¿para qué sirve esto que estoy haciendo?” y como, mucho tiempo después, en el capítulo de faltas lo confesó ante toda la comunidad, para sorpresa de la madre superiora que en ese momento compartió una carta que había llegado de una comunidad de las mismas religiosas residente en los Estados Unidos, en la que las hermanas contaban que, desde la última correspondencia, la última noticia digna de contar había sido que habían ayudado a un joven que, de madrugada, y profundamente alterado, había pedido confesión y que, mientras llegaba el sacerdote que avisaron, les contó que el motivo de su alteración y la urgencia por confesar era que –minutos antes- había intentado suicidarse, encaramándose a la cornisa de un gran rascacielos pero que no lo había hecho porque, en el último instante- “sintió una especie de campanilla interior, que le hizo volver en sí y desistir de su idea”. Las hermanas, juntando ambos relatos, y teniendo incluso en cuenta la diferencia horaria entre los ESTADOS UNIDOS y ESPAÑA, coligieron que en el preciso instante en que la novicia, tocando la campana , se preguntaba por el sentido de aquello, era cuando el joven sentía esa campanilla interna que le hizo darse cuenta de la locura que iba a cometer.

¿Coincidencia? Puede que sí, los creyentes podemos llamarlo providencia, aunque los filósofos tienen otro razonamiento al respecto: 

Durante mucho tiempo se discutió, filosófica y teológicamente, como siendo Dios creador y omnipotente pudiera intervenir en lo creado, algo así, usando la célebre metáfora, de que “el reloj no puede ser el relojero”, si bien es verdad que aunque el relojero y el reloj se encuentran en dos campos de realidad completamente diferentes, no por ello es menos cierto que en determinadas ocasiones se hace preciso que el relojero ajuste el reloj, lo acompase de nuevo, y estas “sincronizaciones” son los que los filósofos llaman “ocasiones” de la intervención de Dios en el mundo, otros dirán casualidades, y finalmente los creyentes, providencia, y es razonable que así suceda.


La conclusión es clara: 

Esta sección narrativa es toda una alabanza de la providencia divina, que conoce sin duda las necesidades de sus hijos, que escucha nuestra oración, que nunca es en vano, “que fue escuchada en el mismo instante ante el trono de Gloria de Dios” (Tobías 3,16), como la oración de TOBIT, de SARRA, de la novicia, del joven suicida… 


A veces es muy difícil comprender y abarcar la providencia de Dios, quizás porque nos falta perspectiva, o criterios de discernimiento, por más que la sabiduría popular nos diga, a modo de refranillo, que “Dios escribe derecho en renglones torcidos”, lo importante, empero, es mantener la esperanza y recordar el poder de la oración en comunidad, ya lo dijo el Señor “Os digo también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir cualquier cosa, mi Padre del cielo se la concederá” (Mateo 18,19): TOBIT y SARRA unidos por la misma circunstancia, por la misma oración, en el mismo instante, y ambos obtuvieron respuesta, no vieron defraudada su oración y su espera en la providencia.