miércoles, 20 de agosto de 2014

PARA LOS POBRES DIOS SOLAMENTE ES LA FUERZA


Anoche, por no poder dormir, por una serie de problemas que se ciernen sobre esta pequeña comunidad de vida, ojeando la televisión, a ver si me vencía el sueño, descubrí que en el canal NOVA estaban echando la película de LA MISIÓN (que ya había visto)... Intrigado, una vez más, por la historia de las reducciones jesuitas, decidí saber un poco más y busqué en internet sobre el tema, y ya seguía la película de reojo, leyendo en el móvil, aspectos de la historia de la Orden Jesuita, y como unos enlaces van llevando a otros, al final terminé leyendo la biografía del actual General de la Orden Jesuita, el número 30 desde San IGNACIO DE LOYOLA, que curiosamente, ha recaído de nuevo en un español, el Padre ADOLFO NICOLÁS PACHÓN, aunque lo que más me sorprendió, parece que el Señor nos hace encontrar el consuelo, en el momento oportuno, de la forma más sorprendente, fueron unas palabras suyas citadas en el artículo de su biografía:

Hace poco conversaba con uno de vosotros, sobre algo que me sucedió en un tiempo en que trabajaba con emigrantes. Una experiencia que me impresionó hondamente. A una filipina que había tenido muchas dificultades para integrarse en la sociedad japonesa, que había sufrido muchísimo, se le acercó otra filipina pidiéndole consejo: "Tengo dificultades con mi marido, y no sé si divorciarme, si continuar..." Le pedía consejo sobre estos problemas bastante habituales. La primera le respondió: "No sé qué decirte ahora mismo. Pero ven conmigo a la Iglesia y recemos, porque para nosotros los pobres, solamente Dios nos ayuda". Esto me impresionó mucho, porque es muy verdadero. Para los pobres, solamente Dios es la fuerza. Para nosotros sólo Dios es la fuerza. Para el servicio desinteresado sin condiciones sólo Dios es la fuerza.

¡Para los pobres Dios solamente es la fuerza!
¡Para el servicio desinteresado, sin condiciones, sólo Dios es la fuerza!

¡Terrible palabras! ¿Verdad?  Hacernos conscientes que para los pobres sólo Dios es nuestra fuerza, descubrir, completamente despojados de todo, desasidos de todo, perseguidos por todo, carentes de todo que ya nada nos queda, nadie nos protege, nadie nos ampara, sino el Señor. Que no quede lugar en el que poner los ojos, en el que guarecerse, en el que refugiarse, descansar o pasar la noche, que no haya posada, ni descanso para el guerrero, si no es al pie de la Cruz -se me antoja pensar-, y en ella contemplando a Cristo crucificado, ¿a quién, si no?

Pensemos, por ejemplo, en San FRANCISCO DE ASÍS, en el peor momento de su vida y de crisis personal, debatiéndose entre su vida de joven burgués y acomodado, por un lado, y su vocación y la llamada de Dios, por otro, se refugió en la pequeña iglesia en ruinas de San DAMIÁN, y el viejo crucifijo le habló en estos términos:

“¡Francisco, reconstruye mi casa!”

San JUAN DE LA CRUZ, durante su prisión en TOLEDO, no tuvo más consuelo que el de un sencillo crucifijo que él mismo se dibujó en las paredes de la celda, y cuando por fin se escapó del convento-prisión de TOLEDO, precisamente, el recuerdo de sí mismo que quiso entregar al hermano carcelero –el único que, paradójica mente se portó bien con él- fue su sencillo crucifijo de religioso, de madera y bronce, que desgraciadamente hoy no se conserva.

Siguiendo con los castellanos, Santa TERESA DE JESÚS, la de ÁVILA, tuvo su primer “encontronazo” con el Señor, contemplando la imagen de un “Ecce homo” (un Señor atado y humillado), en sus propias palabras, que ante aquella imagen:

Fue tanto lo que sentí de lo mal que agradecí aquellas llagas, que el corazón parecía que se me partía, y me arrojé sobre el Señor con grande derramamiento de lágrimas, pidiéndole a ver si, de una vez, dejaba de ofenderle”.

A San PEDRO NOLASCO, una vez, haciendo oración ante el crucifijo, le pareció que éste le hablaba y le decía:

“Vengo a ti, ya que tú no vienes a mí”

A San JUAN DE DIOS, recién llegado a GRANADA, cuando aún era un medio aventurero, se le apareció un niño pobre, que le dijo: 

“¡Granada será tú Cruz!”

Y todos sabemos cuánto bien hizo San JUAN DE DIOS en GRANADA, a la par que cuánto le hizo sufrir GRANADA a San JUAN DE DIOS.

Monseñor FRANÇOISE XAVIER VAN-THUAN(vietnamita) fue hecho prisionero por el régimen comunista de VIETNAM el mismo día de su ordenación episcopal, y pasó trece años encarcelado, en condiciones infrahumanas, su único consuelo fue una cruz sencilla que se hizo con unas maderas usadas en sus trabajos forzados, que un carcelero compasivo le dejó recoger, por caridad, y que posteriormente siguieron siendo su cruz pectoral (“la única Cruz que he conocido” –decía él) cuando el Papa JUAN PABLO II lo nombró cardenal.

Mª EMILIA RIQUELME, esa pobre y desconocida religiosa granadina, fundadora de las Misionera del Santísimo Sacramento y María Inmaculada, solía decir:

¿Qué seríamos las misioneras sin Cruz? No miremos tanto de la madera de la que está hecha, sino que pensemos que son las joyas con las que el Señor nos engalana.

San FRANCISCO JAVIER creció, durante su infancia y juventud, en el castillo propiedad de su familia, a la sombra de un Cristo crucificado enorme, en una capilla de paredes negras en la que esqueletos medievales bailan... lo más sorprendente es que esa imponente imagen de Cristo crucificado ¡está sonriendo! ¡cómo si la muerte le importara un bledo! ¡es el triunfo definitivo de la Cruz!

Cuenta un episodio de la vida de San BERNARDO que haciendo oración ante un crucificado, de repente, el Señor le habló y le preguntó que qué quería saber por encima de todo, que él le respondería (hay que tener en cuenta que San BERNARDO era dominico, los cuales a su vez son los mejores teólogos). 

San BERNARDO le preguntó al Señor que sólo quería saber “cuál fue el dolor más grande que experimentó en su pasión, Cruz y muerte”. Y el Señor le respondió:

Yo tenía una llaga profundísima en el hombro, sobre el cual cargué mi pesada Cruz. Esa era la llaga más dolorosa de todas. Los hombres no la conocen. Honrad, pues, esta llaga, y os concederé todo lo que pidáis por ella.

Y dice el Señor que “los hombres no la conocen¡Pues mira que somos tontos! Porque es de “cajón” –como se suele decir- que aparte de las consabidas heridas de las manos y de los pies, por la crucifixión, o la herida del costado por la lanzada, o de las heridas de la corona de espinas, o las de la flagelación, es evidente que el Señor tuvo que cargar, necesaria y obligatoriamente, con la Cruz camino del lugar de su ejecución, y sin embargo poco nos acordamos de esta herida del hombro del Señor, y tampoco lo hacen los artistas, que pocos crucificados verás que la representen (y si lo hacen es porque, seguramente, conocen la historia de San BERNARDO).

¡La herida del hombro de nuestro Señor, causada por la Cruz, la gran desconocida! y aunque los pobres, ciertamente, no saben quizás esta historia de la vida de San BERNARDO, no menos cierto es que sí que saben, como en el ejemplo de la inmigrante filipina en JAPÓN de la anécdota contada por el General de los jesuitas, que sólo hay una forma de honrar la llaga desconocida del hombro del Señor, y es precisamente “arrimando el hombro”, lo mismo que “la mancha de una mora, con otra verde se quita”.

Arrimar el hombro” para los pobres es ofrecer el hombro a todos los hermanos que sufren sus mismas circunstancias, porque estando en el mismo barco, hay mucha más comprensión, más humanidad, más empatía, más solidaridad, ofreciéndoles su ayuda (como modernos Cirineos).

Arrimar el hombro” es para los pobres ofrecerlo para que se apoyen en él y enjuguen sus lágrimas los que lloran, nunca nadie llorará en presencia de un pobre sin que le ofrezca su hombro para que lloren a gusto  y se desahoguen, porque los pobres se saben solos, abandonados de los poderosos, dejados de los políticos, al margen y orilla de muchas realidades, en la periferia...

Arrimar el hombro” para los pobres es no escaquearse o escurrir el bulto, es cumplir con las obligaciones y compromisos, por más fastidiosos que sean, del día a día... porque no cabe otra sino seguir luchando, seguir sobreviviendo en suma, y todo ello con la cabezonería puesta en la esperanza, en el Señor que no defrauda, aunque en el momento nada veamos, entendamos o comprendamos... un día bien llevado, por más cargado que venga, es la mejor de las cruces, y de las mejor llevadas...

Y concluyo este artículo con una frase lapidaria, de la que desconozco su autor, pero que es de una profundidad impresionante:

Sabemos calcular cuánto peso es capaz de soportar un puente, pero no sabemos medir cuántas injusticias puede sobrellevar cualquiera de nuestros hermanos sobre sus hombros.