lunes, 11 de agosto de 2014

MENSAJE DEL GENERAL DE LOS FRANCISCANO
POR LA FESTIVIDAD DE SANTA CLARA



¡Queridas hermanas, que el Señor os dé la paz! 

"La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida de aquellos que cumplan con Jesús" (Evangelii Gaudium, nº 1). 

Las palabras con las que comienza la EXHORTACIÓN APOSTÓLICA del Papa FRANCISCO "EVANGELII GAUDIUM" nos introducen inmediatamente en la realidad de una alegría que llena mi vida. Es la alegría de Cristo, y es una alegría difusiva, que se quiere compartir. 

La Iglesia nació en una actitud de "salida" (cfr. Papa FRANCISCO, Homilía en la Misa en el Cenáculo, 26/05/2014). Las puertas de la estancia superior no se pueden cerrar: Jesús las atraviesa porque la alegría de encontrarse con Él, vivo, forja a los discípulos en la unidad y los impulsa a correr con sus pies llevando el anuncio a los confines de la tierra. "El gozo del Evangelio que llena la vida de la comunidad de los discípulos de alegría e ímpetu misionero. [...] La intimidad de la Iglesia con Jesús es una intimidad itinerante, y la comunión se expresa esencialmente como una comunión misionera "(Evangelii Gaudium, nº 21-23) Dios quiere provocar en los creyentes una actitud de "salida dinamizadora"(Evangelii Gaudium, nº 20-23). 

La palabra clara del Papa FRANCISCO invita a la Iglesia a avanzar en el camino de la evangelización. Es una palabra que interpela a cada discípulo, y que nos provoca también a nosotros, hermanos y hermanas. Escuchando con vosotros esta invitación, me uno a vosotros mediante esta carta con motivo de la fiesta de nuestra madre, Santa CLARA, buscando acoger lo específico de esta exhortación, de vuestra entrega, que habéis abrazado y vivís la vida de la pobrecita hermana.

¿Cómo se puede leer el mandato escrito en la vida de CLARA? ¿Qué tiene que decirnos a todos nosotros y alas comunidades clarisas?

En el permanecer junto a sus hermanas dentro de los muros de San DAMÍAN, CLARA ha sabido hacerse evangelizadora viviendo con sencillez y plenitud el Evangelio y anunciando con su vida la Buena Noticia. Poniendo cada mañana su mirada en el "espejo" que es el Hijo de Dios, ella ha sabido dejarse inhabitar por sus mismos sentimientos, hasta transformar su existencia en imagen plena del Señor (cfr. 3 LAg 12-13). La vida que abraza se convierte en testimonio: Permaneciendo en la contemplación del Hijo siempre vuelto hacia el seno del Padre, CLARA sigue este movimiento de "salida" por amor, su descendimiento haciéndose semejante a sus hermanos, los hombres (cf. Filipenses 2,6-11), uniéndose a ellos en la concreción de la vida. La Encarnación de Jesús es encuentro con la fragilidad, es asunción de la pobreza, y señal de humildad, e ingreso en la periferia. Dios entra en la historia habitando los espacios de la marginalidad, allí donde la polvareda de los caminos de GALILEA manchan los pies, donde las manos están marcadas por las heridas y los callos, donde la vida se juega en las relaciones cotidianas, en las situaciones festivas, en las circunstancias ordinarias.

La vida de CLARA no tiene deseo de otra cosa que ser secuela de Cristo que por nosotros se ha hecho camino (cfr. TestsC 5), poniendo sus huellas en aquellos que han sido abandonados (cfr. 3 LAg 4.25). Su respuesta a la llamada del Padre, conocida y discernida a través de San FRANCISCO, ha sido para ella habitar con sus hermanas en el Monasterio de San DAMIÁN, aunque permaneciendo abierta a la historia de ASÍS, sintiéndose parte de sus gentes, permeable a la realidad concreta de la vida de sus hermanos y conciudadanos. CLARA se va a habitar a un sitio pobre, cercano, y esta proximidad crea para su comunidad la posibilidad de permanecer cercana a los marginados y los pobres. Esta proximidad le permite sentir el aliento de la ciudad, de conocer las heridas, los temores, los anhelos, los deseos de la gente. Y responde con una escucha acogedora, como seno que acoge y se hace caja de resonancia del grito de los pobres al Padre misericordioso (cfr. TestsC 2). CLARA vive así su misión: Ponerse en camino al encuentro de su hermana más cercana, permaneciendo abierta a los hermanos y a la gente, deseando ser enviada a MARRUECOS para encontrar el martirio. CLARA dentro de los confines de San DAMIÁN tiene la mirada puesta en Jesús, dejándose habitar por sus mismos sentimientos, deja "entrar" a sus hermanos y al mismo tiempo puede vivir "en salida" hacia ellos, no es tanto una clausura de subsistencia y autonomía, como una actitud de peregrina y forastera (cfr. RsC VIII,2) en camino siempre hacia el santuario del otro, a la promesa del encuentro con el otro. ¿Es posible vivir "en salida", ser misionera, salir a la periferia, permaneciendo en un monasterio? ¿Cómo se traduce todo ello en la vida cotidiana?

Una primera respuesta viene del propio Papa FRANCISCO: "¿Y una comunidad de clausura? Sí, también ellas, porque están siempre "en salida" con la oración, con el corazón abierto al mundo, a los horizontes de Dios"  (Regina caeli, 1 de Junio de 2.014). Si rezamos y permanecemos en la oración misma de Jesús, entonces no cabe más que partir en ese éxodo de amor que nos lleva a abrazar al mundo entero, en cada rostro.

Hay otras formas de misión que cada una de vosotras y de vuestras comunidades pueden vivir.

Vuestra vida, connotada por la estabilidad, os hace radicar en un lugar preciso, concreto, a estar ligadas a un territorio. Pero la estabilidad no significa permanecer estáticas en la clausura, sino estar insertas en una relación vital. Hay en esto un valor dinámico. El Monasterio mantiene una relación "osmótica" con el territorio en el que se haya, dejando penetrar el aliento fatigado y afanoso de tantos hermanos y hermanas que hacen vida en la cotidianeidad el respiro profundo del Espíritu Santo.  En esta realidad, a veces tan lejos de la esperanza, la comunidad puede ser testigo de horizontes más amplios, de la presencia de Dios: Con sencillez, mostrando sin filtros y sin tapujos la humanidad verdadera, donde es posible la fraternidad, la búsqueda de los unos en los otros, la solidaridad de bienes... Ninguna estrctura puede retener el don de la misericordia recibida: "El Señor mismo es el que nos ha puesto aquí, a modo de ejemplo, como un espejo..." (TestsC 19 ss.)

Estáis llamadas, como hermanas clarisas, a vivir un movimiento de "descentramiento", a buscar el centro verdadero y vital, al principio de unidad al que todo tiende. "Para captar de verdad la realidad, debemos "descolocarnos", ver la realidad desde puntos de vista diferentes" (Papa FRANCISCO a la UNIÓN GENERAL DE SUPERIORES RELIGIOSOS). Se hace preciso y necesario este "descentramiento" para ponerse en camino, y a partir de ahí, ponerse en camino al encuentro de las hermanas, al encuentro de la comunidad. El mundo no nace ni permanece constreñido por los muros del Monasterio. Es fundamental no absolutizar la propia realidad, sino tener una mirada sabia que nos permita acoger toda su complejidad. De esta manera el monasterio es el mejor balcón desde el que mirar a la periferia. Porque contemplando tantos rostros anónimos, en sus vidas cotidianas, se descubre el latir del corazón humano y sus anhelos. 

Y una vez más el Maestro nos enseña cómo hemos de obrar, como él mismo lo hizo con la Samaritana. Jesús se sienta en el pozo. Participa de la estanqueidad y de la sed de la humanidad y se hace el encontradizo con la mujer, atendiéndola en el lugar de sus fatigas cotidianas de ir a buscar el agua. En el diálogo con ella, a la escucha de su sed, Jesús la va introduciendo en un camino de libertad y de verdad hasta hacerle caer en cuenta de su sed más profunda, acompañándola con misericordia: la mujer, ahora, puede partir, se ha convertido en "misionera".

Como Jesús, seamos "accesibles", prontos para acoger a todo aquel que se acerca a nosotros. Que seamos espejo de la misericordia, porque el encuentro con la verdad libera. "La comunidad evangelizadora vive un deseo inextinguible de ofrecer misericordia" , "se mete en la vida de los demás, acortando las distancias" y "se dispone al acompañamiento con paciencia" (Evangelii Gaudium, nº 24), contemplando el sentido religioso de que en la vida de cada día, en la lucha por la vida, "se debe seguir siempre el diálogo del Señor con la Samaritana" (Evangelii Gaudium, nº 72), “de persona en persona, llevando a cabo el arte del acompañamiento” (Evangelii Gaudium, nº 127-129).

Hay otra modalidad de vivir el mandato misionero que creo puede mostrar vuestra forma de ser en la Iglesia, y es hacer de vuestras casas lugar de acogida para tantos hermanos y misioneros que sí que han estado en la primera línea de la misión "ad gentes". Que seáis el seno de todos los que regresan, que seáis para ellos como bálsamo, como óleo para las heridas recibidas, para renovar las energías, ese vino que alegra la vida: es un bello servicio que podéis ofrecer.  Sí que podéis anunciar el Evangelio con muchas actividades diversas, siempre llamadas a vivir la caridad, con la misma pasión y premura.

es posible ejercitar hoy también el mandato misionero a través de los medios de comunicación, utilizados con sabiduría e inteligencia, y creatividad: "buscando mostrar la verdad con un lenguaje que se expresa siempre en constante novedad" (Evangelii Gaudium, nº 41). Esto supone una formación y un conocimiento serio de los medios de comunicación, de su lenguaje propio, y de sus nuevas formas de expresión, para hacer la fe accesible a todos, especialmente a los jóvenes.

En suma, el Papa nos recuerda que una "Iglesia en salida" es siempre una Iglesia con las puertas abiertas (Evangelii Gaudium, nº 46). Que el monasterio no sea un lugar cerrado, ni excluyente, sino una casa abierta que ofrezca a todos los que están en búsqueda, a todos los que están cansados, o incluso a los que están de paso, la sanación de una oración compartida y de una liturgia pausada, el agua viva de la Palabra, el calor de un abrazo que acoja, el rostro sencillo y amable de una acogida sincera y una fraternidad auténtica.  Que la clausura sea un servicio de relación profunda, libre, intensa con el Señor; su profunda pertenencia a él, contemplado y amado, os lleve a amar con corazón libre a cada hermano por el que él mismo ha dado previamente la vida. No os encerréis en la estructura: permaneciendo tan sólo en la contemplación, sed llamadas a ser un signo para todos los hombres y las mujeres de vuestro tiempo haciéndoles partícipes de vuestra vida, manifestando la alegría y la esperanza, a través de vuestra humanidad, de Cristo resucitado.

Hermanas queridas, he querido recoger para vosotras todas estas invitaciones provocativas a la vida religiosa lanzadas por el propio Papa FRANCISCO.

El Espíritu Santo con su santa acción (cfr. RsC X,9; Rb X,8) tenga siempre vuestro corazón, como el de vuestra madre CLARA, abierto a la acogida, presto para partir. Que el Espíritu Santo os conceda el don de tener una gran humanidad "que saben acoger los problemas de la humanidad, que sepan perdonar, que sepan perdonar a cada persona, como el Señor lo hizo" (Papa FRANCISCO, Encuentro en el protomonasterio, 4 de Octubre de 2013). La oración de intercesión debe motivaros a buscar el bien de vuestros hermanos y tranformar todo en acción de gracias al Señor (Evangelii Gaudium, nº 281-283).

A vuestra oración encomiedo, de paso, los frutos del próximo Capítulo General. 

Que el Señor os conceda vivir en plenitud nuestra vocación de ser hermanos y hermanas, en la alegría d euna vida que se hace anuncio. ¡Felicidades!  

Roma, 15 de Julio de 2014
En la fiesta de San BUENAVENTURA, doctor de la Iglesia

Fr. Michael Anthony Perry, ofm
Ministro General