sábado, 2 de agosto de 2014

EL JUBILEO O "EL GRAN PERDÓN" DE LA PORCIÚNCULA

El Sábado 16 de julio de 1.216, JACOBO de VITRI (la imagen de al lado es su sello episcopal) llegaba a PERUSA, donde temporalmente residía la Corte Pontificia. Recién nombrado Obispo de San JUAN de ACRE, antes de ir a tomar posesión de su sede, venía a recibir la consagración episcopal en la sobredicha ciudad. Apenas entrado en ella, supo que aquella misma mañana acababa de morir INOCENCIO III, que se había establecido en PERUSA en mayo de 1.216. Quería recorrer TOSCANA y Alta Italia para tratar de restituir la paz entre las ciudades rivales de GÉNOVA y PISA, y acelerar los preparativos de la cruzada contra los Sarracenos.

Dos días tan sólo duró la vacante de la Santa Sede. Salió elegido HONORIO III cuya avanzada edad y malograda salud permitían creer que no duraría mucho tiempo, pero que vivió, sin embargo, hasta el año 1.227. 

«El Papa que acaban de elegir -escribe JACOBO de VITRI- es un anciano excelente y piadoso, un varón sencillo y condescendiente, que ha dado a los pobres casi toda su fortuna».

FRANCISCO debió de alegrarse al saber la elección de un Papa renombrado por su piedad y amor a los pobres. Quizás pensó que Dios mismo tomaba en sus manos la causa del Santo Evangelio y, como muchos, creyó un tiempo que iba a realizarse la reforma de la Iglesia anunciada por el Concilio IV de LETRÁN. En tal caso, podría suponerse que tan bellas esperanzas dieron, en parte, origen a la "INDULGENCIA DE LA PORCIÚNCULA", uno de los acontecimientos más grandes en la vida del "poverello" de ASÍS.

Sea como fuere, un día del verano de 1.216, el "poverello" partió para PERUSA, acompañado del hermano MASEO. La noche anterior, Cristo y su Madre, rodeados de espíritus celestiales, se le habían aparecido en la capilla de Santa MARÍA de los ÁNGELES:

- FRANCISCO -le dijo el Señor- pídeme lo que quieras para gloria de Dios y salvación de los hombres.

- Señor -respondió el santo-, os ruego por intercesión de la Virgen aquí presente, abogada del género humano, concedáis una indulgencia a cuantos visitaren esta iglesia.

La Virgen se inclinó ante su Hijo en señal de que apoyaba el ruego, el cual fue oído. Jesucristo ordenó luego a FRANCISCO se dirigiese a PERUSA, para obtener allí del Papa el favor deseado. Ya en presencia de HONORIO III, FRANCISCO le habló así:

- Poco ha que reparé para Su Santidad una Iglesia dedicada a la bienaventurada Virgen María, Madre de Dios. Ahora vengo a solicitar en beneficio de quienes la visitaren en el aniversario de su dedicación, una indulgencia que puedan ganar sin necesidad de abonar ofrenda alguna.

- Quien pide una indulgencia -observó el Papa-, conviene que algo ofrezca para merecerla... ¿Y de cuántos años ha de ser esa que pides? ¿De un año?... ¿De tres?...

- ¿Qué son tres años, santísimo Padre?

- ¿Quieres seis años?... ¿Hasta siete?

- No quiero años, sino almas.

- ¿Almas? ¿Qué quieres decir con eso?

- Quiero decir que cuantos visitaren aquella iglesia, confesados y absueltos, queden libres de toda culpa y pena incurridas por sus pecados.

- Es excesivo lo que pides, y muy contrario a las usanzas de la Curia Romana.

- Por eso, Santísimo Padre, no lo pido por impulso propio, sino de parte de nuestro Señor Jesucristo.

- ¡Pues bien, concedido! En el nombre del Señor, hágase conforme a tu deseo.

Al oír eso, los cardenales presentes rogaron al Papa que revocara tal concesión, representándole que la misma desvaloraría las indulgencias de TIERRA SANTA y de ROMA, que en adelante serían tenidas en nada. Mas el Papa se negó a retractarse. Le instaron sus consejeros que al menos restringiera todo lo posible tan desacostumbrado favor. Dirigiéndose entonces a FRANCISCO, HONORIO III le dijo:

- La indulgencia otorgada es valedera a perpetuidad, pero sólo una vez al año, es decir, desde las primeras vísperas del día de la dedicación de la iglesia hasta las del día siguiente.

Ansioso de despedirse, FRANCISCO inclinó reverente la cabeza y ya se marchaba, cuando el Pontífice lo llamó diciendo:

- Pero, tontorrón... ¿Así te vas sin el diploma?

- Me basta vuestra palabra, santísimo Padre. Si Dios quiere esta indulgencia, él mismo ya lo manifestará si fuere necesario; que, por lo que me toca, la Virgen María es mi diploma, Cristo es mi notario y los santos Ángeles son mis testigos.

De esta manera, la dedicación de la capilla de la PORCIÚNCULA fue el día 2 de Agosto. 

Posteriormente, esta indulgencia, que en principio sólo se ganaba, como hemos visto desde las vísperas del 1 de Agosto hasta las vísperas del 2 de Agosto, visitando la capillita de la PORCIÚNCULA, confesando, recibiendo la Eucaristía y rezando por las intenciones de Santo Padre (condiciones normales "ad usum"), fue posteriormente extendido, por su misericordia, por la Iglesia al resto de santuarios, iglesias, parroquias y oratorios franciscanos. Y nosotros, hoy, nos sentimos especialmente halagados, protegidos y amparados bajo este "especial perdón de ASÍS" toda vez que entre "los tesoros" de nuestro oratorio se encuentra, precisamente, una reliquia, sellada y autentificada, de la PORCÍUNCULA, concretamente un trozo de pavimento (o de muro) -ya que el certificado está en latín y tenemos dudas al respecto- de la misma PORCIÚNCULA, regalo generosísimo que nos hizo el Padre Provincial de la Provincia Seráfica de ASÍS, Fray BRUNO OTTAVI, como gesto de hermanamiento y reconocimiento al carácter franciscano y caritativo de esta pequeña comunidad que somos los FRANCISCANOS EUCARÍSTICO POBRES DE NAZARET.